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08 mayo 2026

LA HUMILDE Y ORGULLOSA CASTA DE UN PUEBLO (En recuerdo de Don Recaredo el seminarista y su primordial papel en la fundación y establecimiento definitivo de la “COOPERATIVA DEL CAMPO 'SAN BLAS'")

NOTA ACLARATIVA PREVIA:
Viene a cuento la reiterativa loa sobre los abundantes méritos alcanzados por mi añorado y querido pueblo con sus gentes, en planos tan diversos como el social, el político, el económico, etc. El último de estos envidiables logros es la entrada en vigor  de una EMPRESA y su correspondiente FUNDACIÓN (julio de 2025), con sede en la antigua casa parroquial o CASA DEL CURA, más comunmente reconocida, cuya leyenda o denominación conjunta es  RENACIMIENTO RURAL LEONÉS, Santibáñez de la Isla, DP 24795, ya en pleno funcionamiento. Para más información sobre esta buenaventura recúrrase por las vías informativas naturales y propias de nuestros días. 
 
AL TEMA:    
Abordo este escrito desde una profunda ignorancia, no ya en relación a la historia del cooperativismo, sino también sobre los pormenores técnicos, teóricos y prácticos de esta suerte de estructura productiva. Sólo trato de rendir un justo y merecido homenaje a un pueblo que con modestia y tino ha ido haciendo de su vida una modélica historia, tal el reputado caso de la “Cooperativa del campo ‘San  Blas’”, en este 2019 de celebración por su 75 aniversario, además de otros auténticos logros en justicia social y ecuanimidad, que no igualdad pues para nada somos ni queremos ser iguales. Toda una lección para el mundo, sobre todo para quienes se llenan la boca con mendaces, tanto como insustanciales y vanos progresismos de presunto vanguardismo.

Como no puede ser de otro modo, empiezo por afirmar que mi pueblo tiene algo especial y esta aparente simpleza -así lo creo con tajante y fundada convicción- pocas veces pudo contener tal y tanta verdad junta. Soy maestro de primera enseñanza, también psicólogo y durante muchos años llegué a ejercer ambas profesiones, por tal conozco la técnica del rumor en la cual se afirma que un mensaje transmitido de boca a oído siempre llega al final de la cadena sensiblemente deformado, efecto que muy bien ha podido afectarme en relación a versiones oídas sobre mi pueblo, pero no me va a impedir aseverar con rigor cierto y sólido fundamento su singular y propicia condición e idiosincrasia.

En la cúspide demográfica histórica, allá por los años sesenta del pasado siglo XX, Santibáñez de la Isla anduvo cerca de los ochocientos habitantes y ahora, en el transcurso de la segunda década del siglo XXI en manifiesta decadencia rondará tal vez los trescientos, si a ellos llega que no creo. Nunca fue cabeza formal de nada, tampoco del ayuntamiento del que forma parte compuesto por dos pueblos junto con Santa María de la Isla, éste desde siempre más poblado y puede que por tal capital del municipio. Sin embargo sí ha labrado (cuán pocas veces este participio habrá sido tan bien usado) y fue siempre dueño de su propio tanto como ejemplar destino a golpe de audaces iniciativas, quizá consustanciales a su misma esencia y existencia, a través de modélicos y democráticos concejos vecinales, secularmente celebrados bien a la sombra del nogal frente a la entrada principal de la iglesia, bien en el atrio de la misma de no permitir el tiempo hacerlo al aire libre. Sin duda en este hecho se da la dimanante impronta de una eminente y acreditada civilización del Antiguo Reino de León. Aun así, con el patente erial demográfico y la aparente minucia socio-histórica poca prosperidad cabría esperar de este insignificante núcleo rural.

Al margen de la cooperativa, razón principal de este escrito, otros muchos logros adornan el edén curricular de este admirable pueblo, aunque no me extenderé mucho pues correría el riesgo cierto de sacar un prolijo fascículo en lugar de un laudatorio -sí- pero también sucinto opúsculo. De entrada, acabada la guerra civil, de mi pueblo no se paseó a nadie hacia las cunetas extramuros para ser fusilado por rojo, entre los cuales y junto a otros habría estado mi padre, de quien se cuentan diversas curiosidades quizá algunas trocadas en leyendas o fabulaciones, todo por tratar de evitar ir al frente; lo que finalmente no consiguió pues fue destinado al de Aragón, allí “lo” incorporaron a filas y acabó en Belchite donde, a las primeras de cambio para su fortuna, lo hirieron en el bazo y la guerra concluyó para él en un hospital de Zaragoza.
De este generoso y valiente gesto han de darse las gracias a D. Gabriel, a la sazón párroco del pueblo, quien cuando los del siniestro pelotón de ejecución le vinieron a preguntar por los republicanos insurrectos del lugar, su respuesta fue que en Santibáñez no había bandos enfrentados pues todos allí eran sus feligreses. Cierto es que durante una larga temporada, cuando los falangistas se cruzaban por la calle con los “rojos” como mi padre abrían las chaquetas y mostraban sus pistolas para vacilar, más que para intimidar, porque por lo visto y vivido jamás se delató a nadie y lo sucedido en el pueblo, como dirían en el fútbol, no salía del campo de juego o del vestuario.

Ya en los cincuenta y muerto Don Gabriel le sustituyó un cura cabrón, déspota y violento que siempre discriminó a esta facción de habitantes, a quienes -por ejemplo- a su muerte enterraba en una zona no consagrada del cementerio (menos a mi padre al que incluso de vez en cuando visitaba en casa y no sé por qué); aunque tampoco nunca se tuvo noticia de delaciones con consecuencias trágicas, lo cual hubiera podido ocurrir con facilidad porque en el pueblo todos se conocían y bastaba con reparar en la asistencia a misa los domingos y fiestas de guardar para saber el bando de cada cual. En la misma línea de respeto entre vecinos he de añadir que por cuestiones varias y sobre todo relacionadas con el regadío se han vivido tensiones muy graves entre sus habitantes pero siempre ha vencido la tolerancia por encima de rencillas que mancillaran y hasta destruyeran la sana vecindad y armonía en la convivencia. En fin, precedentes éstos que ya dicen mucho y bien sobre el pueblo de referencia.
En este duro tramo de posguerra nació la “Cooperativa del campo ‘San Blas”’, modélica estructura productiva que como tema central y razón de ser de este escrito se tratará con detalle más adelante.

En el primer trimestre de 1957 se urbanizó parte de la margen izquierda del río erigiéndose un jardín, así llamado al principio para luego pasar a parque de San Juan, hoy constituido en un auténtico jardín botánico con una enorme variedad de plantas, arbustos y árboles. Desde hace algunos años y para fomentar la natalidad, por cada bebé que nazca en el pueblo se le plantará un árbol en este recinto, su árbol conmemorativo, siendo identificado cada uno de ellos con la correspondiente placa y todos los datos personales más relevantes y recordatorios del recién nacido. En torno a esta misma época se construyeron las viviendas nuevas para los maestros, inauguradas también en 1957 (si no me falla la memoria) con pompa y boato por el alcalde, acompañado ni más ni menos que por el gobernador civil de la provincia. De estos solemnes actos festivos fui partícipe directo y los viví con la cándida ilusión de un niño feliz. Por cierto, durante el franquismo la mayor parte de alcaldes siempre elegidos a dedo por las autoridades competentes, en general los falangistas de turno, pertenecían a mi pueblo, lo cual sólo podía suponer que en él todos fuéramos fascistas o quizá también que en él destacasen las cabezas….pensantes. Lo dejo a libre elección.

La "Asociación Deportivo-Cultural Río Tuerto" (ADC, Río Tuerto) nació en 1980 (todavía conservo mi carnet de socio nº 12) para servir de cauce a las inquietudes de la entonces abundante y dinámica juventud del pueblo, aquellos locos pioneros, beodos de amor por Baco aunque más, muchísimo más de amor por su amado pueblo, gracias a los cuales se consiguieron sueños que ni siquiera atisbábamos quienes aquella mística noche, entre sabores de oveja y vahos de vino tinto, sembramos la semilla de una ensoñación que acabaría por dar ubérrimos frutos. La entrañable fiesta de agosto, iniciada e instituida poco después con sólida impronta y cañizadas de ilusión todavía hoy contagiada y ojalá que contagiosa por ese grupo de intrépidos jóvenes, no fue sino la minúscula chispa de un Big Bang o “gran explosión” que sacudió al pueblo sacándolo de un comatoso letargo. Tal ha sido el cambio experimentado que cuando uno mira en fotos sepia al Santibáñez de los años 50 del pasado siglo y lo ve ahora acaba por creer en los milagros, cuyo germen bien pudo ser plantado aquella mágica noche de verano.

En mi pueblo existen las etiquetas pero no se hace mucho uso de ellas, ni siquiera con los rojos que en su día hubieran podido ir a dar con sus huesos en alguna cuneta. Así que cuando llegó su momento, a finales de los sesenta, la homosexualidad entró en mi pueblo con absoluta normalidad (supongo que de algún modo sigue, y digo “supongo” porque no me interesa en absoluto la vida sexual de los demás) y nadie se rasgó las vestiduras. Hemos convivido desde entonces y en ocasiones muy estrechamente homosexuales, trisexuales, pentasexuales, polisexuales y -en fin- la variedad que gusten, siempre y cuando resultasen personas decentes. Un pueblo donde la solidaridad vecinal suplía a los servicios sociales, sin dejar nunca desamparado a ninguno de sus convecinos y menos cuanto más pobre fuese, a quien dado el caso se le dotaba de una paguilla a cargo de la junta vecinal. Un pueblo donde se acogía a mendigos para comer en familia compartiendo mesa con el resto del clan, donde también se les proporcionaba colchón para dormir, así resultase ser el de jergón y en el pajar por falta de espacio y por mor de la requerida intimidad de la parentela, pero nunca a la intemperie.

En el terreno de lo personal voy a proponer prototipos muy cercanos a mí como ejemplos de lo que debiera ser un feminismo actuante, campante y no tanto parlante o vociferante. Yo mismo, como sé de otros muchos de mi pueblo y mi entorno más cercano, nací y pasé mi infancia en el seno de una familia matriarcal,¡¡¡para mi fortuna!!!, viví rodeado de mujeres (incluidas mis numerosas vecinas, casi todas), ¡¡¡para mi gloria divina!!!, tanto que incluso en el colegio interno me decían mis muy buenos amigos que tenía dejes femeninos, ¡¡¡qué gozo!!!, y nunca me sentí acosado por mi sexo, pues de haberlo sido ya me hubiera encargado de defenderme. Pues sí, una historia personal que me torna beodo de orgullo, cuyo único “pero” no fue el hambre pero sí la gula de comidas o manjares por entonces inaccesibles a bastantes de los convecinos. De ella concluyo que para feminista, mujer trabajadora, tía con agallas, ejemplo universal de mujer...., mi madre (preguntad en mi pueblo por ella). A su lado ni sombra le harían la mayoría de tan belicosas militantes en este asunto.

Y en llegados a este punto cobra el mayor sentido este opúsculo en homenaje a los hombres y mujeres que de su sudor hicieron tinta con la que se escribieron páginas gloriosas de nuestra humilde pero admirable y ejemplar historia, tal el caso de la “Cooperativa del campo ‘San Blas’”, buque insignia de un desarrollo modélico en el uso de los constitutivos recursos humanos, técnicos y económicos. Es el talante de este pueblo, su idiosincrasia, ese “no sé qué que qué sé yo”, lo que le ha llevado a sacar adelante proyectos que muchas veces siguieron o intentaron hacerlo otros sin los mismos resultados.

Como inicio de esta parte qué decir de la ejemplar historia de Recaredo, mejor Don Recaredo, hombre pequeño e impedido físicamente por una malformación corporal, de piernas muy cortas y apenas 130 cm de estatura, con severas limitaciones locomotoras por lo que tenía que ayudarse de muletas para andar. Para algunos pudo pasar por minusválido, pero sobre todo fue un brillante cerebro, un gigante en autoridad moral, cultura, altura intelectual e investido de unas dotes didácticas propicias para educar y hasta para domar brutos de uno u otro pueblo del municipio, sin entrar en ejemplos concretos de tan dura labor (por no señalar), con quienes puso a prueba la eficacia de sus consuetudinarios modelos pedagógicos. De hecho, muchos de mi edad fueron sus alumnos de clases particulares con las que nos preparábamos para aprobar el ingreso en el bachillerato, aunque mis padres para mí encomendaron esta misma tarea a una señorita hija de un falangista del pueblo, a la que siempre tuve mucho aprecio. En los epidérmicos tiempos que corren D. Recaredo no tendría predicamento y hasta pasaría por faccioso, cuando a él sí que habríasele de investir de superioridad moral e intelectual y aunque no lo sé, mucho me da que no sería de izquierdas. Y les relataré algo muy curioso y revelador. La primera vez en mi vida que percibí y “sentí” a D. Recaredo como alguien minusválido sucedió un día de mayo del 2019 (unas cuantas décadas después de su muerte), algo tan sorprendente que hube de compartirlo con mi mujer porque me produjo un enorme gozo interior. Como se ha dicho, físicamente lo era, pero no recuerdo haberlo visto ni sentido nunca como tal pues siempre lo tuve por lo que fue y en cualquier otro sitio hubiera debido ser, esto es una persona más, tan normal como cualquier otra. Curiosa y significativa esta vivencia y sensación mía de mayo de 2019. Sólo un exonerado monstruito en forma de chiquillo rebelde con causa -supongo, de quien no reniego porque de mayor fue mi amigo- le amargó en algún momento puntual su existencia porque pocos en el pueblo han sido tan respetados como esta insigne figura.

(Fotografía de Don Recaredo)

Y prepárense para lo mejor pues ahora viene la ejemplar parte de ecuanimidad, de inclusión integral y de no discriminación, de feminismo actuante y no vociferante.

"Cooperativa del campo 'San Blas'" de Santibáñez de la Isla (León), una cooperativa de las más antiguas de España a punto de cumplir su 75 cumpleaños (tendremos fiesta grande en septiembre para celebrarlo). De ochenta miembros fundadores allá por 1945, ¿cuántas mujeres?, pues treinta y tantas, pero además durante tres décadas, entre los cincuenta y ochenta del pasado siglo; gerenciada con rigor y éxito por Don Recaredo, uno de los principales impulsores, ejecutores, gestor y ánima de la misma, ejemplo sublime y discreto de integración, con cuyo cargo fue él quien integró al pueblo en la civilización y no el pueblo quien lo integró a él. Y para rematar tan excelsa lección, desde hace años hasta los estertores de la segunda década del siglo XXI, es decir ahora mismo, bajo responsabilidad de dos mujeres, la presidenta, Luci y su mano derecha Anabel. Y no sólo pervive, sino que hoy es además paladín del ecologismo en cuanto a reciclaje y sostenibilidad, con el inquebrantable compromiso de contribuir a mantener ecológicamente decoroso su importante ámbito de influencia provincial con todos los recursos a su alcance.

¿Ha de extrañarme ahora en la segunda década del siglo XXI que en mi pueblo las dos principales almas de la cooperativa, la presidenta, Luci y la secretaria-gerente, Anabel, sean mujeres?. ¿Ha de extrañarme que entre las pioneras allá por 1945 de esta histórica y grandiosa institución agraria, orgullo del Antiguo Reino de León del que seguro mantiene notables reminiscencias, haya más de una treintena de mujeres?. ¿Y que el alma mater durante muchos, muchísimos años fuese Recaredo?. No me extraña porque es lo normal y lo normal, aunque escasee, debe ponderarse sin caer en alharacas. Como en mi pueblo donde se aplica el “menos predicar y más dar trigo” (qué bien traído el dicho ¿verdad?). Qué van a predicarnos en mi pueblo las del feminismo parlante y folclórico, ni de igualdades inanes e insustanciales, ni de no discriminación por la razón que fuese; qué nos van a predicar los de la presunta vanguardia, pobrecitos. Ya a nadie de mi pueblo le extraña, esto es que vamos por la vida de modernos sin quererlo y hasta sin despeinarnos.

¿Tiene o no tiene algo de especial mi pueblo?. ¿Debo o no sentirme orgulloso y -ahora sí- en aniversario tan notorio pregonar a los cuatro vientos la ejemplaridad de esta institución?. Quizá la cooperativa sea una importante avanzadilla o quizá expresión y retrato de un pueblo sencillo pero carismático e inquieto que ha logrado aparecer a lo grande en el mapa y en los medios, con mediáticos eventos culturales y lúdicos que ya quisieran para sí poblaciones miles de veces mayores en relación a mi modesto aunque ubérrimo pueblo.

Curiosidades y anécdotas las precedentes más que suficientes como para no asombrarme de hechos en otras partes inauditos que no en mi pueblo y sentirme orgulloso hasta el orgiástico empacho de venir de donde vengo en familia y vecindario.

Y tiemblen de nuevo los de mi pueblo con mis sueños, porque volví a soñar una noche que en mi pueblo no se derrumbaría jamás el edificio de la ilusión trascendente y permanente, no dejando nunca de soñar con imposibles para nuestro pueblo y soñar además que un día se cumplirán todos esos sueños. Que no paren nunca mientras resista el mundo pues ellos han de seguir siendo ariete que derribe el portón de fortines donde habitan los milagros accesibles. Otros sueños que prosigan el milagro en el que se ha convertido Santibáñez, gracias a los vecinos de antaño y también a los de hogaño. Muchos, demasiados diría yo se nos están yendo, pero eran, son y seguirán siendo de los nuestros y desde luego no querrían ver al pueblo despoblado o muerto y si hubiese de suceder que fuese porque el mundo agoniza. El camino nos lo marcan las fotos en sepia de la mitad del pasado siglo donde se muestran milagros que antes fueron sueños.

En fin y aprovechando que el Tuerto continúa con su curso por Santibáñez, los de mi pueblo ya sabéis de mis otros muchos y locos sueños a la espera de próximos milagros. No hace falta que os los recuerde, ¿verdad?. Bueno, el próximo quizá sea un nuevo puente con pasarela peatonal, para lo cual convendría convocar un concurso infantil de dibujo-diseño con este tema, para que sean los niños quienes nos den la idea. El ganador tendría placa honorífica para perpetuar su meritoria obra. Si es que mi estado febril no ceja.

Nota. Puede que el presente opúsculo adolezca de rigor histórico, pero mi pretensión es más evidenciar el admirable trasfondo psicológico y perfil de un pueblo envuelto en la modernidad más actual sin despeinarse y a la chita callando, así como toda una encomiable historia tras él. Os amo con toda mi alma.

Nano Miguélez Castrillo

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27 abril 2026

(₸X) Los que no necesitan Psicólogo



Campos de la Psicología

      Aunque el título puede resultar chocante o socarrón (si no extravagante), parte de cuanto quiero exponer queda certeramente manifiesto en él. En efecto, haré sucinta reseña de aquellos individuos a los que sobra cualquier tipo de consejo, y más -por supuesto- si éste es de tipo psicológico. Antes habré de concretar los campos y sujetos susceptibles de ser tratados por la Ciencia en cuestión.

Si se considera la Psicología como la Ciencia que estudia la psiqué (el alma o espíritu, en términos más comprensibles), o, con mayor precisión, como la Ciencia que entiende del comportamiento humano (el Psicólogo es sencillamente un experto en comportamiento humano, como quien es experto en mecánica y electricidad del automóvil), parece obvio deducir que el ámbito de aplicación de la técnica psicológica es muy amplio. Diríase que abarca toda la gama de actividades humanas, por cuanto en todas ellas vuelca la persona sus resortes psíquicos. No obstante, trataré de configurar y delimitar unas áreas de actuación, donde el concurso del especialista será de gran utilidad. Haré especial referencia al campo de la Educación, pero entendida ésta en un sentido mucho más extenso que el de Escuela. La educación no se circunscribe exclusivamente al marco de la escuela, sino también al núcleo familiar, a la organización del tiempo de ocio, al concepto de formación permanente (con independencia si se está o no en situación de ser escolarizado) y, en definitiva, a lo que debería ser un proceso continuado y constante de maduración y búsqueda del equilibrio personal.

Sujetos de la Psicología

El Psicólogo debe estar cualificado para intervenir (preventiva o terapéuticamente, como se sabe) en el mundo de la infancia, tanto para mostrar a los padres el camino a seguir, como para corregir desajustes que interfieran en el adecuado desarrollo de sus hijos. Asimismo en la Escuela Primaria, donde la finalidad última de su actuación sería promover y favorecer una adaptación (siempre crítica, pero sobre todo positiva) a la sociedad y sus normas, al margen de las cuales el equilibrio personal y hasta la supervivencia -en su estricta significación etológica- serían muy difíciles. Es harto conocida la estrecha relación que guarda la marginación con ciertas crudezas de nuestro tiempo, algunas letales y muy de moda en los servicios sociales de cualquier ente público.

La técnica psicológica puede hacer también importantes aportaciones al campo de la adolescencia. Aquí el objeto último sería la integración activa y consciente del joven al medio social, desde el próximo hasta el cósmico, y así prevenir los conflictos derivados de una confrontación violenta entre ambos. La cuestión es ahora en qué condiciones podrá producirse tal integración. En múltiples ocasiones se ha expuesto ya: Si la etapa anterior ha transcurrido en “bonanza”, los propios adolescentes se convencerán entonces de la necesidad del cultivo y la cualificación personal, como medio casi exclusivo de acceder con facilidad relativa al mundo del trabajo. Éste es -quiérase o no- el que acaba satisfaciendo las necesidades de adaptación (naturales o inculcadas, tanto da) a la sociedad actual. Nadie entra a valorar si tal dinámica es buena o mala, eso es discutible, pero no resultará fácil mantener la integridad psíquica al margen de la productividad, sobre todo si se quiere trabajar y no se puede. Si la etapa anterior resultó desquiciante, el técnico en su papel corrector deberá fomentar esa integración, si se quiere escéptica, aunque gratificante y práctica. 

Por último, puede y debe el especialista actuar sobre los problemas de los adultos, pues si en esta etapa de la vida aquéllos conducen a la marginalidad, entonces la reparación personal será poco menos que imposible.Y respecto a personas en apariencia “normales” sólo porque gozan de una posición social, o de una falsa e inmerecida reputación, o por ser “estudiados”, o por cualquier otra fútil sinrazón; pero rígidos y autoritarios, de actitud arrogante, prepotentes, etc.; también a ellos tiene mucho que enseñarles la ciencia psicológica. Tan endiosados están en su pedestal, que ni se plantean la posibilidad de ser ellos mismos factores generadores de “engendros” sociales, a los que -por supuesto- nada perdonan y tanto critican. Es la intolerancia su defensa contra aspectos desagradables de su propia imagen, que -faltaría más- difícilmente reconocerán y aceptarán. Por eso son como son.

El nivel de consciencia 

De la gama de personajes con responsabilidad sobre sus propias acciones, y en función de su nivel de consciencia, pueden establecerse diferentes categorías. Unos, diría que los más peligrosos, podrían ser los “sabelotodo”, a los que nadie tiene nada que enseñar. Sería el caso de aquél que en cierta ocasión, entre engreído y medio en chanza, me comentaba que nunca tendría necesidad de acudir al Psicólogo porque “yo ya tengo mucha psicología” (sic). Y lo cierto es que un hijo se le había ido de casa, más que nada por incompetencia paterna. Muy propio en alguien tan “puesto”. Anécdotas así abundan, y no precisamente más entre personas de bajo nivel cultural. Viven en equilibrio ficticio, y cuando se llega a sus fibras con verdades irrefutables, si pueden desvían el tema, o replican con exabruptos y gritos muy de acuerdo con su estado habitual. ¡Pobre e ineficaz sistema defensivo!. Si fuesen capaces de reconocer y asumir sus limitaciones... Pero, si no las tienen. Que se queden en su pedestal, ellos no necesitan Psicólogo.

Existen también los “miedosos de sí mismos”. Se parecen a los anteriores en que, por regla general, tampoco suelen acudir al Psicólogo, pero se diferencian en las razones por las que eso sucede. Aquéllos “tienen mucha psicología”, no necesitan más. Éstos se tienen miedo y no se atreven a recurrir al especialista. Ahora bien, en un momento dado (sobre todo si alguien de su confianza les anima), aceptarán ayuda y consejo. Son -por tanto- relativamente conscientes de su problema. Otra diferencia sintomática con los primeros es que, cuando se deciden, acuden a la consulta por su cuenta, aspecto éste muy importante y favorable a la relación terapéutica que se establezca y al pronóstico. Los otros son “traídos” y por tal - ocasionalmente- en estados tan calamitosos, que tratar de hacer luz en sus conciencias resulta tan difícil como trabajar el granito a cabezazos. Los “miedosos” deben saber que todo humano tiene deficiencias, y el admitirlas dignifica a la persona, además de ser un gran paso para la superación de las mismas.

Por último hablaremos de los “ponderados”. Son aquéllos que reconocen y aceptan sus limitaciones y/o “lacras”, que carecen de prejuicios para compartir limitadamente sus pequeñas o grandes intimidades y frustraciones. Educan a sus hijos como seres individuales, entienden la independencia a la que están llamados en el futuro más inmediato, y no los conciben como posesión ni como mano de obra barata. No proyectan sobre ellos sus propias incapacidades, si bien les imponen una correctiva y flexible disciplina sociabilizadora. En fin, son aquéllos que viven en paz consigo mismo y con los otros. Como resulta obvio tampoco necesitan Psicólogo, pero con harta frecuencia, y ante cualquier inquietud psíquica no controlada, son los que suelen acudir a la consulta. No hay paradoja: sobre lo que no saben, consultan.


El Diantre Malaquías, pseudónimo

20 abril 2026

(₸X) Psicología y decencia profesional




Pretende este artículo ser un alegato contra intrusos, advenedizos e ineptos en la profesión psicológica puesto que, con excesiva frecuencia y por una -hasta cierto punto- lógica tendencia a la generalización en la gente llana, ponen en entredicho el prestigio de todo el colectivo a tales menesteres dedicado. Ello supone, primordialmente, reivindicar para este campo de actuación laboral la fundamentación teórica, la sistematización y planificación rigurosa, la cualificación conceptual, formal y el carisma personal de quien la ejerce; en definitiva, el carácter científico y en absoluto asistemático, burdo o exotérico que unos aplican y a otros les atribuyen. Debe remarcarse lo del carisma personal y el método, por cuanto el psicólogo no dispone de pastillas que ataquen el mal. Si acaso, y no siempre, las hay que lo aplaquen.

¿Tan desacreditados están este tipo de profesionales que necesitan ser desagraviados y resarcidos?. Ciertamente. Basta pisar la calle y hablar con legos en la materia -unos- y otros que no deberían serlo tanto (maestros, médicos, etc.), para percibir la escasa reputación de la que gozamos. Y lo que es peor, cuanto dicen de nosotros lo hacen como si todos hubieran de cuadrar en sus estereotipos. Sin embargo, como en cualquier tópico, no les faltan razones porque son, al parecer, demasiadas y demasiado “negras” las excepciones al buen hacer. No, yo no soy perfecto -claro que no-, pero trato de reconocer mis imperfecciones para hacerlas perfectibles; tanto que nunca pondría impedimentos a debates o a establecer polémicas públicas o privadas sobre ciencia en general, y en concreto sobre ciencia psicológica. Por tanto, creo justificado mi interés para, con la mayor firmeza y todos los medios a mi alcance, poner coto a incompetentes, farsantes, “brujos” y titulados en Morbilandia; a lo que se ve, únicos responsables de tan rastrera credibilidad y aceptación. 

Para corroborar mis tesis sobre ineptitud, podría exponer múltiples comunicaciones y experiencias de las que soy depositario, aunque es tal el volumen de arbitrariedades y aberraciones, que pretender dar cuenta de todas sería labor tan ardua como hilvanar el horizonte. Y no es lo anterior hipérbole descabellada para lo que uno siente. Vayan unas cuantas como botón. 

Entro en la casuística. Es el primero de los casos referido al ámbito del psicoanálisis (o así), sobre el que -¡Dios!- cuántas majaderías se han vertido y aún se vierten. Y entre sus teóricos no escasean los de una extraña “escuela” surgida allende hemisferios y océanos. Del que ahora me ocupo da todo el tufillo. Trata de un artículo publicado en una pretendida revista de contenidos inversamente proporcionales al respetable índice de ojeadores (sería una ligereza y una inexactitud decir lectores), y en el que un presunto psicoanalista presenta una especie de visión analítica ¿...? del amor. Viene a decir que la actual concepción y práctica de este fenómeno es pura “fornicación” (sic). Pues bien, es tal la carga de prejuicio y tabú en la anterior sentencia, que uno se pregunta cómo una persona con esas “dotes” puede tratar y ajustar conflictos, vinculando el sexo a un sentimiento moralizante y culpabilizador. Les aseguro que un “técnico” así no tiene ni puñetera idea de lo que se lleva entre manos. Cayendo en su juego, se me ocurre pensar si ese señor no tendrá serios aprietos (o al revés) con su pito. 

Otra de morro. Tiene relación con una logopeda (titulación -por cierto- que en su momento no existía, de forma equivocada a mi entender) tan cínica, sibilina y tendenciosa que, con la mayor de las impudicias, rotuló un tiempo su gabinete como “Centro de Psicología”. Entiendo que cumple una labor (¡allá con su licencia fiscal!) y tiene derecho a ejercerla, pero como centro de logopedia y no de otro carácter, para lo que no está ni legalmente acreditada, ni técnicamente preparada. Siendo, como exclusivamente es, su función la educación mecánica de la pronunciación de sonidos y fonemas, acepta además casos con disfunciones más extensas, profundas, basales o funcionales, que precisan de conocimientos más cualificados y específicos que la logopedia no contiene. Desde luego, puedo confirmar con datos y sujetos los escasos (un eufemismo) resultados conseguidos. Como solución a tal erial -digo yo- suele proponer la alternativa “terapéutica” del cambio de colegio, por si acaso en el nuevo fueran más benevolentes con las calificaciones, que luego va y no lo son tanto como para tapar su inoperancia. Ya ven hasta dónde puede llegar el engaño. Por supuesto que la mayor responsabilidad es de los padres. Ellos son quienes deberían elegir mejor informados y con criterios más responsables, y no tanto por otros que huelen a simple autojustificación o a equivocadas vergüenzas; pero también la jeta de la pretendida psicóloga es granítica. Callos en el morro que se dice. 

El siguiente hace referencia expresa al mundo de la educación con el que, por maestro o por psicólogo, mantengo un estrecho contacto desde hace lustros y hasta décadas. El protagonista del relato cursaba a la sazón séptimo de E.G.B. con calificaciones ínfimas. Desde primero acude a un Centro Médico de ésos donde, si existen tantos especialistas (más los subespecialistas) como especialidades dicen tener, a buen seguro que el personal saldría por la ventana, así dispongan de un bloque entero. No es este sujeto, no lo fue nunca, de comportamientos antisociales, aunque sí un tanto agresivo, inquieto, agitado; en definitiva inmaduro en la faceta neuromotriz y quizá también en la afectiva. Ya cuando estudiaba tercero me enteré que le habían recetado vitaminas. ¡Lo que le faltaba!. Hoy sigue igual que el más remoto entonces en cuanto al rendimiento académico, eso sí, mucho más acelerado. Por lo visto, en lugar de intervenir con métodos y ejercicios, que los hay, optaron por hacerlo vía vitaminas. Un prodigio. 

Otras cuantas pruebas condensadas. La primera, una vergonzosa pericial psicológica que determinó (por fortuna, sólo temporalmente) la tutela de una hija por parte del padre, en cuanto la madre era lesbiana. Pues si llegan Vds. a enterarse cómo era el padre, corren a gorrazos a todos los implicados en tal decisión. Los hay que trabajan el estrés con aceite de almendras. Puedo aceptar esta técnica como accesoria, pero jamás como definitiva porque no llega, ni por asomo, al fondo cognitivo y conductual del problema. Sé también de supuestos psicólogos que con sus actitudes aceleran (diría que hasta empujan los últimos) ciertos intentos de suicidio. Es muy fuerte, cierto, pero podría contar una bonita historia que estuvo -no obstante- a un tris de ser tragedia; y no lo hago por respeto a la persona involucrada en el asunto, aún en fase de recuperación. Seguiría, lo aseguro. 

Ante tal panorama, no está de más que una institución legal y formalmente constituida, cual es el Colegio profesional de Psicólogos, aparte de proteger y favorecer la labor de sus afiliados, pueda controlarla ética y deontológicamente y ser, al mismo tiempo, depositaria (con competencias para resolver) de las denuncias que puedan (y deben) formular aquellos pacientes que se hayan sentido defraudados, burlados o vejados. Como testimonio de lo anterior, cabe señalar que en el Col.legi Oficial de Psicòlegs de Catalunya (C.O.P.C.) ya se ha tramitado algún que otro expediente disciplinario a profesionales desmandados. Por otra parte, ni para entes estatales o autonómicos, públicos o privados, oficiales u oficiosos; nadie que no esté colegiado puede ejercer legalmente ciertas actividades. O al menos debería ser así, creo yo. Pero tampoco a quienes desempeñamos lícitamente la tarea de Psicólogos (con mayúscula) nos sobrarían mayores dosis de autocrítica y rigor. ¿Qué grado de sistematización (lo contrario es la improvisación) contienen las terapias empleadas?. ¿Hay correlación entre las técnicas utilizadas y la evolución del problema?.¿Qué sistemas de evaluación y control se aplican al sujeto inmerso en el tratamiento?. En conclusión, ¿cuánto hay de método y cuánto de falacia en el ejercicio de la profesión?. 

Existen, sin embargo, otras preguntas que no son tan rimbombantes aunque sí, por populares, mucho más prácticas. ¿A quién elegir?. En mi opinión habrían de ser ante todo titulados. Ya sé que el título no asegura la aptitud, ni el carisma, ni -lo que es peor- el equilibrio personal (en todas partes cuecen habas, ¿verdad?); pero al menos garantiza un cúmulo de conocimientos pertinentes, y no extraños principios de charlatán o nigromante. Un titulado inexperto, si bien con buena base epistemológica y documental, está preparado para superar eficazmente el reto constante que supone esta digna (como cualquier otra) profesión. Yo mismo me sentiré colega (en la acepción denotativa del término) y ofreceré mi leal colaboración a quien del colectivo me la demande. No así con quienes han contribuido, muy particularmente piratas de aquí o allá, a esta negra fama. Otra cuestión. ¿Es la colegiación signo de competencia y eficacia?. Pues tampoco pero, por lo asequible que resulta y las ventajas que comporta, el que no está colegiado o es porque no se puede acreditar como titulado, o bien porque algo no está claro. 

En fin, si quieren hacer una buena elección, en caso de duda exijan los documentos oportunos (título universitario y colegiación) que legitimen la edecuada profesionalidad. Si cumplen los requisitos, algo más seguros (que no del todo) podrán sentirse. 

El Diantre Malaquías, pseudónimo

04 octubre 2025

(₸X) Elegía impertinente (Homenaje póstumo a Aníbal L. Tello, mentor cultural en yermos parajes)


Aníbal, amigo, para empezar te diré que tu historia es como la de San Antonio, sus prédicas y los peces. Cuán baldíos pagos te atreviste a labrar e inseminar de cultura. Tú, tan convencional y al mismo tiempo tan contracorriente. Facha para la secta de moda, que de tanto perder enjundia y desteñirse ha pasado de progresista a sólo “pogresista”. No todos ellos, claro, pero algunos no dan más de sí. En fin, mira cómo empiezo a provocarte. ¿Te acuerdas de las veces que me censuraste artículos por mi irreverencia, o así?. Pues ya ves, hoy pienso ponerte en un brete, porque la semblanza que de ti haga no será al uso. O lo intentaré. Conoces mi obsesión por alejarme de los tópicos, a los que yo defino como expresiones propias, y sobre todo ajenas, manidas ya cuando su uso supere el par. Podría facilitarte las cosas (aunque seguro que ahora no necesitas ayuda) señalando con un asterisco los giros y vocablos a los que aplicarías tu tijera de Torquemada. No lo haré por no complicar el trabajo de imprenta. Por cierto, mi homenaje empieza con parábolas al modo bíblico y castellano recio. Tan a tu gusto y tan poco valorado por meninges amojamadas del desierto que te envolvía. Tú, el río Jordán que humilde corría en medio de la nada, dibujando en sus riberas un breve pero tupido vergel que a duras, a muy duras penas abría brecha entre la vorágine de ese otro río Besós, cauce rojo y de tantos otros colores con predominio de los tonos mierda. Lo van mejorando, Aníbal, lo van mejorando. Y lo seguiremos amando, aunque no tanto como a tu ubérrimo Jordán, que tiene mucho más mérito.

Vayamos con tu semblanza, Caballero Andante (pocas veces mejor dicho) de Valdepeñas, amante moderado de los frutos de la uva, de la buena uva. Quijote, que fuiste quijote en páramos fríos, y no precisamente de ese frío y esos yermos de tu Mancha, que tal frío y tales yermos es sólo cuestión de grados en el termómetro o aridez únicamente en los campos. Señor de corbata a diario y gabardina puede que gris claro, de tiros largos, abrigo de sastre y misa los domingos, con tu digna compañera, señora y madre de tus hijos, como Dios manda. No olvidaré nunca la noche que con nuestras familias cenamos en La Taberna del Arte una cena también muy quijana, con quesos en aceite, jamón de cerdo oscuro y otros pecadillos de la gula. Os acompañábamos de regreso a vuestra casa y en el trayecto tu mujer y mi suegra, cogiditas del brazo como si toda la vida hubieran sido amigas y confidentes, la una sin saber ni palabra de español y la otra ni palabra de alemán, no callaron en todo el recorrido, hablando quién sabe sobre qué, y en qué extraño esperanto. Claro que el buen vino despierta hasta el don de lenguas. El domingo lo completabas con la lectura del ABC, del que decías te informaba. De los medios al uso en tus habituales paisajes, los que podías encontrarte allí donde desplegabas cual libro abierto tu tortilla de jamón y perejil, más que lecturas te eran vacunas, dosis virales contra lo somero o directamente vacuo. Sin duda siempre tuvo más contenido intelectual tu bocata abierto que ese otro medio zafio, parco en letras (por eso es el más vendido en ciertos predios), trivial, voz de sus amos y -cómo no- “pogresista”. Lo conocíamos por El ePidérmico de Catalunya, que habla lenguas, pero no educa en ninguna. Nunca logré convencerte de pasarte a El Mundo, ya que Pedrojota te parecía demasiado liberal. Ni te digo la risa que te entraba cuando te pedía empaparte un tantín de la excelsa modernidad que rezuman las publicaciones del imperio (“social”, por supuesto) Polanco. Todo, todo muy “social” y de "pogreso". ¡Qué bonito!. 

Caballero Andante, o mejor Andarín, que pateaste esa ciudad, hoy Babel de múltiples idiomas todos a medio decir, tratando de desparramar por las tiendas y negocios algo de sintaxis y semántica de cierta solidez y coherencia. Además, con tanto paseo comercial fuiste compensando tus excesos que, aunque pocos y veniales, alguno sí tenías. Ya digo, ese tu deporte te acercó al final de tus días bien erguido y henchido de dignidad. Sólo tu último año doblaste, pero no mermó para nada tu decoro. “Estoy enfermo del alma” decías a tu hijo, homónimo y puede que heredero de tus dotes censoras. Tú, que en bares cutres de suelo adoquinado con peladuras de altramuces y cáscaras de gambitas saladas hiciste ágoras de cultura, cafés Gijón de esa ciudad donde el analfabetismo funcional es signo de identidad. Qué valor. Y encima, hagan lo que hagan sus políticos siempre van a ganar los mismos, y seguiremos igual, Aníbal amigo. Nunca llegarán los nuestros ni aunque desde allí donde estés te empeñes en el milagro. No lo intentes, que luego nos echarán a nosotros la culpa que estallen viviendas o apaleen a niños sin que los S.S. (con perdón) se enteren. 

Y sí, allí donde estés porque tú, tan inquieto, no es posible que te hayas ido sin más, sin estar ahora mismo intentando probar que hay y tienes vida después de muerto. Tú, tan alejado, tan en las antípodas de lo políticamente correcto (epidérmico e insustancial), que nunca fuiste infiel (así lo creo, granujilla) a nadie de quienes querías. Bueno, las mozas rollizas algo afectaban las órbitas de tus ojos, pero te contenías y como mucho salían de tu boca requiebros delicados, sutiles, elegantes, de Caballero Andarín, que así serás para mí ya siempre. También te sacaban de tus quicios ciertos comportamientos y es entonces cuando decías que creer en Dios te ponía límites, pues de lo contrario... No, no los hubieras necesitado, que en tu alma -creo- no cabría más bondad. De Valdepeñas sacaste el porte, tus entrañas y las altas miras de tus meninges, tan cervantino todo ello. Y algún pecado venial, como ya insinuamos, sí habrás tenido que presentar en el zurrón de tus cuentas al Altísimo. Por ejemplo, tu pasmosa facilidad para travestirte en escritor o escritora, tanto daba el sexo. Te gustaba el juego, malandrín. Así que utiliza tus influencias con San Pedro para que en el Purgatorio, que es donde lo venial se purga, hagan contigo como con las carnes exquisitas: vuelta y vuelta y a formar parte del coro de serafines, querubines y pléyades celestiales, a quienes enseñarás a tomar unos vinitos y a debatir sobre versos métricos (los tuyos) o asimétricos y más modernos, que igualmente apreciabas. 

Sabe Dios y lo juro por mi honor (muy adecuado a tus maneras) que este escrito no es ninguna falta de respeto ni a ti, Aníbal protagonista, ni a tus creencias, más bien al contrario y tú que me conoces bien, bien lo sabes. Es sólo algo de retranca que estimo sana. Una disculpa, Aníbal amigo: no pude despedirte de cuerpo presente, pero ahora mismo te estoy dedicando y con sumo, sumo gusto mucho tiempo en esta despedida de cuerpo (y sólo en su versión material) ya ausente. Y estoy seguro que, sabiendo de la incuria de algunos para afeitarse, ese lunes de tu entierro conseguiste que lo hicieran, que se maquearan y perfumaran y, en su también sobrio y elegante estilo mesetario, te dieran su último adiós. Todo un milagro que pienso presentar al mismísimo Ratzinger como el primero de la serie necesaria para el protocolo de tu beatificación y posterior canonización. Porque mereces ser Santo y patrono cultural de los “negaos”, de los “sostenella y no enmendalla”, de los ciegos de encenegado espíritu. San Aníbal L. Tello, patrón y redentor de estólidos, entendido el término como seres de cerebro espongiforme, osea, de piedra pómez por cuyos poros se escurre cualquier atisbo de espíritu cultivado. No te me revuelvas ahí arriba, censor compulsivo, y ocúpate de que tu hijo no se inquiete por nada de lo que en este escrito lea, porque todo lo que en él va es cariño, admiración y respeto. Me adelanto y diré que sólo yo soy el responsable de continente y contenido, exculpando de toda responsabilidad a cualquiera que esté relacionado con esta publicación. Tengo también la certeza que su lectura te habrá arrancado esa mitad sonrisa y la otra mitad risa sin son (de aprobación, por supuesto), que tan grabada a hierro candente siento ahora mismo en mi frontal y parietales ambos. Un cariñoso y eterno abrazo, Aníbal amigo. Hasta siempre. 

M. Miguélez Castrillo, Psicólogo 

En algunos escritos, pseudónimo de Sasién

28 julio 2025

(₸X) LLUVIA ÁCIDA o MADERA DESTILADA (Por boca del sátiro)



CAMPAÑA 
(Retrato de un ciudadano crédulo)

Irrumpe todo fiereza
el candidato en su atril.

Las huestes van y babean
surcos de babas mil
mientras menean banderas
con logos y marquetín.

El candidato en la arena
alza sus brazos en aspa
cuando transpuesto vocea
que salvará a la patria
con pescado para algunos
y para el resto la raspa
sin exención de tributos.

Mercadeo e ignorancia
compiten y se aprovechan
del tontín tan democrático
tan crítico, cívico y sabio
que por miedo a las pensiones
de unos “quita” y otros “pon
van y encomiendan el mando
a listillos de postín.

Incauto de mente lerda
tanto te han sodomizado
que te perfuma su orín
y tú, ejemplar ciudadano...
sin mandarlos a la mierda.


IDEAS A FLOR DE PIEL

Conspicuos del celuloide
caretas de la farándula
que se acicalan la dermis
y se maquillan la cara
con mística progresía
de esencias abermejadas
y envueltos de algarabía
se manifiestan en plazas
y en foros de hipocresía:
Contra misiles palabras.

Palabras y más palabras
que con su vacuo carisma
las clavan bien encalcadas.

Todo es paz, todo armonía
y es que se dicen de izquierda
mientras con la diestra guardan
sus cuentas en paraísos
al que los pobres no llegan
y al pacifista no alcanzan.

Divos de las bambalinas
que por preservarse libres
de gobiernos tan canallas
a reaccionarios lapidan
y a hijos de herencia rancia...
que por mor de sus derechos
las bocas de otros acallan.

Guardianes de la utopía
esa nueva aristocracia
de escribas y fariseos
la saga del yo, conmigo
que una cosa es la soflama
y otra distinta dar trigo.

Viva imagen de la farsa
vidas de doble rasero
uno que mide por fuera
y otro que mide por dentro.
Sepulturas blanqueadas.

La nada bajo la piel.


LA PAZ A GOLPES

Qué (h)ondas atizan hoy
día de muerte y luto
la sarta facinerosos
de neurona diminutos
que en sus reclamos de paz
cubren de rojo esputo
una porción de abanico
y aunque sea el de casposos
o el de guapos y donosos
merecen sólo tus gritos
si vienen de la decencia.

Pero ay, necio infinito
chamán de la no-violencia
que a golpes de pacifista
y certero salivazo
al que tú llamas fascista
asfixias con tu presencia
de vil fascio ventajista.

Amebas del paraninfo
de tan profundo pensar
que tienen por vanguardista
a quien presto está a estallar
en nombre de paraísos
y deidades belicistas
con doncellas a catar
previo paso del martirio
en mochilas de volar
u ornamentados cintos
que les hacen levitar.

Redentores de oprimidos
con iluminadas mentes
de tan vacuo razonar
que piensan que la perfidia
la preña y pare occidente
y no ese mundo en tinieblas
con democracias sumas
de mandato celestial
donde pocos viven el cielo
y a otros mandan al virtual
mientras occidente acecha
y si puede se aprovecha.

Salvador impenitente
con sinapsis en el limbo
¿acaso sabes pensar
o sólo eres un signo
mota de lo plural?.

¿QUIÉN HA SIDO?

Sublime forma de duelo
de ruines y miserables
que antes de inhumar al muerto
ya están buscando culpables.

Carroñeros insaciables
que trafican con los restos
y que industria hacen del fiambre.


TOLERANCIA

Concepto de tolerancia
ay, partidito por dos
yo miméme a mí, conmigo
y tú te callas, cabrón.

Los versos diantres del Diantre Malaquías

18 noviembre 2024

NUEVA CARTA PÚBLICA AL EXCMO. SEÑOR ALCALDE DEL AYUNTAMIENTO DE SANTA MARÍA DE LA ISLA (LEÓN), DON CAMILO DOMÍNGUEZ TRIGÁS.


NUEVA CARTA PÚBLICA AL EXCMO. SEÑOR ALCALDE DEL AYUNTAMIENTO DE SANTA MARÍA DE LA ISLA (LEÓN), DON CAMILO DOMÍNGUEZ TRIGÁS.

Señor: Vuelvo a dirigirme a Vd. en esta ocasión exclusivamente en mi nombre aunque tal vez puedan arroparme y estar de mi parte un significativo número de mis convecinos en Santibáñez de la Isla; y lo hago por dos motivos relacionados con la anterior misiva dirigida a Vd. Vea:

En primer lugar suscribo y apoyo todas y cada una de las reivindicaciones, en mi opinión justas, que motivaron la manifestación habida el 12 de octubre de 2019 en Santibáñez de la Isla y frente a nuestro Ayuntamiento que Vd. preside. Sin embargo no puedo estar de acuerdo con el hecho que algunas pancartas señalaran su domicilio particular. No juzgo a mis convecinos ni he de darles lecciones de nada porque estoy seguro que lo hicieron con una voluntad tan limpia como la que yo tengo ahora mismo escribiendo esta carta, pero viniendo como venimos de un Antiguo Reino donde se instauró (probablemente por primera vez en el mundo) la inviolabilidad de la correspondencia y del domicilio, a mi modo de ver no debió señalarse el suyo porque socava al menos parte de su intimidad que como la de cualquier otra persona debe ser preservada (porque incluso en ese domicilio puede haber personas que nada tengan que ver con el asunto). Y como lo cortés (ser respetuosos con las personas con independencia de sus circunstancias) no debiera quitar lo valiente (manifestarse con determinación, forrar el edificio municipal con pancartas y banderas e inundar el entorno con cánticos y con todo lo que haga ruido y llame la atención); es frente al edificio de nuestro ayuntamiento, como institución publica destinataria de las justas protestas con las que estoy 100% de acuerdo en fondo y forma, donde habría que ejercer la protesta. Pero, insisto, es sólo mi opinión y solo hablo por mí sin juzgar a nadie.

En segundo lugar vuelvo sobre la fundada y legítima queja en relación al RALLYSPRINT "ORILLAS DEL TUERTO", y ahora también (para mayor "inri") con el SUCIO PROBLEMA del "BAR LA GOTERA" de Santibáñez, para intentar hacerle ver que su implicación con el fin de recuperar ambos es sin duda y debiera ser todavía mucho más beneficiosa para todas la partes, pues es una de las mejores maneras de GENERAR SINERGIAS (como dicen los políticos); esto es, co-participación o participación conjunta entre ambos pueblos del ayuntamiento en iniciativas que unas lleven a otras, para mejorarlos y darles más vida. Y mire, puedo darle ideas que para algunos resultarán descabelladas pero que quizá no lo sean tanto. Por ejemplo, el solo hecho de atraer algo más de gente en fechas que los pueblos empiezan a despoblarse con eventos como por ejemplo el RALLYSPRINT "ORILLAS DEL TUERTO" (en cuya supresión -esperemos que momentánea- ha tenido gran responsabilidad el Ayuntamiento), o con otros variados y participativos, ¿no podrían favorecer sacar adelante en nuestros pueblos iniciativas que los revitalicen?. Y en concreto en La Isla podría llevarse a cabo el acondicionamiento del abandonado polideportivo (con tantas posibilidades como por otra parte tiene, con un hermoso e infrautilizado frontón), limpiar el entorno e instalar en terreno comunal o privado un camping para acoger a los aficionados que acudan al RALLYSPRINT o a los moteros que en agosto vengan a la carrera de motos de La Bañeza. Estos logros darían vida a los bares, animarían a sembrar el germen de una hostelería rural nueva en el pueblo, donde tal vez pudiera surgir alguna casa rural y hasta la junta vecinal desarrollar el proyecto de un bar con terracita a orillas y con vistas al río Tuerto al sur del depósito de agua y al norte del puente en el margen derecho, que pudiese luego ser objeto de alquiler, etc. Estoy proponiendo revitalizar también a la Isla en lugar de apartarla de nuestras vidas. ¿Por qué no?. Si el pueblo de La Isla gana en atractivo, con ello ganamos todos.

Eso sí, todas estas ideas sólo serán posibles si hay movimientos participativos como el RALLYSPRINT y otros que puedan ir apareciendo, porque si no no hay movimiento o participación activa no habrá posibilidad alguna. El RALLYSPRINT "ORILLAS DEL TUERTO", tanto como otros eventos participativos no sólo podrán facilitar todo lo arriba expuesto, sino que además van a prestigiar -o a seguir haciéndolo- al municipio y a ambos pueblos que lo forman, mientras que la inacción y falta de apoyo psicológico y material, a todas luces y a día de hoy tibio e insuficiente, contribuirán a llevar a nuestros pueblos LA PAZ DE LOS CEMENTERIOS y Vd. tendrá una parte importante de responsabilidad en ello, por no haber aprovechado oportunidades al alcance de la mano.

Y en cuanto a decisiones ya tomadas, ¿tan difícil es negociar y llegar a acuerdos?. Negociar, donde para ganar todos mucho, todos han de ceder en algo. Como ya dije en la anterior carta, sobre el asunto del repaso y/o rehabilitación de los caminos tras el paso de los bólidos, ¿cuesta tanto imaginar que en Santibáñez estoy seguro que habrá gente dispuesta para en hacendera dedicarse a ello?. ¿Cuesta imaginar esto?.

Sin otro particular, un cálido saludo de un mandado suyo,

Nano Miguélez Castrillo

16 octubre 2024

(₸X) PRIMICIAS: Cultura e ideologías (P)



Sin duda no todos entenderán la auténtica dimensión del término cultura, pero por respeto al lector formado no entraré a conceptualizarlo. Sí ha de señalarse que es menos culto quien más verdades absolutas cree poseer. Y no se equivoque el lector juzgándome humilde. Por entera afición y medio de oficio, el que esto escribe de vez en cuando piensa, y de tanto ejercitar la abstracción supone estar investido de alguna que no ha de callar. Aclárese, no obstante, que aún puede aprender de las gentes ponderadas de cualquier clase, credo o nivel formativo. De las ponderadas, sí, pues los “machaca” (o acríticos siervos de la ideología) en todos los grupos son iguales y nada nuevo pueden enseñar. Así de absoluto. 

Al hilo de lo anterior, el verdadero necio va a equivocar el etiquetado y los atributos, tan sólo por considerar el medio y/o autor progresista o retrógrado. Comentará impávido que tal o cual opción política es votada por personas sin sentido de clase, cuando de haberlo tenido, los ciudadanos de este país en más de una cita no habrían ni pisado los colegios electorales. Calificará de intolerable y fascista el aserto que seguimos bajo la dictadura de los tontos, como si los que ahora los mantienen en el poder (a unos y otros) no fueran casi los mismos que hacían arrasar al régimen anterior en sus consultas (?????) de mentirijillas. Dirá apoyar a la única alternativa progresista, cuando lo genuinamente progresista hoy es derrocarlos y correrlos a gorrazos (a unos y otros, por más que uno no crea en las equidistancias), sobre todo para ver si una cura de poder les hace enrojecer, que al fin y al cabo para algunos es lo suyo. Juzgará las personas por sus “proyectos” (que les suene rimbombante, y más si tienen que ver con lo social), y no por su equilibrio interior o coherencia personal, lo cual es tan cateto como el peor de los tópicos al uso muy propios de los simples de mente. Y si ha de hablarse de coherencia, éste no es rasgo que cuadre a las ideologías en boga o “guais”, por cuanto han dejado a su izquierda actitudes que con acritud mitinera denunciaban en la recalcitrante derecha de yates, amantes, lujo, etc. Y es que la buena vida se contagia. Eso sí, los tiempos son otros y disponen de la cuantitativa (que no cualitativa) excusa de los votos. Pero sepan algo que he aprendido: dictadura por dictadura, prefiero la del menos hambriento de poder… y de hambre. No sirvas a quien sirvió ni pidas a quien pidió”, dice un viejo aforismo. 

En definitiva, es a esa panda de farsantes pseudoprogresistas y mal llamados “de izquierdas” (les pegaría mejor los de “la siniestra”) a los únicos que en estos momentos cabe temer. Entre otras insensateces han demostrado aferrarse a las prebendas del mando, incluso con más fuerza y rapiña que aquéllos por ellos tantas veces -y por lo mismo- denostados. A veces uno ha llegado a suponer que las diferencias entre unos y otros estriban, de forma casi exclusiva, en la cantidad de amiguetes (más advenedizos e ineptos, cuanto más escorados hacia las esferas de quienes menos han gobernado) a colocar por ministerios y ayuntamientos. Y para corroborar estos datos siempre podrá recurrirse a las diferentes leyes de la función pública que se han ido elaborando. En realidad uno piensa que, salvo en el hecho de poder elegir a los más variopintos representantes, en lo demás los privilegios que no hace mucho algunos denunciaban en la derecha “rancia”, tan sólo han cambiado a otras manos, cuando menos tan rapaces.

Todo cuanto aquí se ha expuesto, a ojos del intelectual de copete, con arrogancia y papada nuevas, y feroz defensor de lo establecido le parecerá marginal. Pero ya se sabe a lo que llaman marginal. Su halo de lucidez con pajarita ya no adormece conciencias. Ya ni siquiera parecen más cibernéticos, informáticos, tecnólogos punta, etc. ¿Y de su realismo?. Tan realistas son que varían las hipótesis, básicamente, en función de personales criterios de incombustibilidad política. ¿Cómo puede darse pábulo de intelectualidad a alguien cuya fundamental misión es conservar la influencia, aun por encima de una gestión hipócrita que ni legitiman los votos, ni debe dejar al pensador impertérrito en su puesto?. Estoy convencido que la cultura que llaman progresista no es sino la excusa perfecta para el mantenimiento de un estatus (tan rancio como el de esa derecha a la que demonizan) en aquéllos a quienes tanto les costó alcanzarlo. Para un sabio, mejor es estar anclado en cualquier tiempo, antes que en el presente, salvo –claro está– si es por hacer el paripé y vivir de la comedia a la que nos tienen acostumbrados ciertos cultos e ideólogos de actualidad. Ay, si Quevedo levantara la cabeza.

Para finalizar les “fusilo” un sugerente párrafo de Bertrand Russell (afamado Filósofo de la Ciencia, también conocido por su fundamentada inquina a la clase política) que en opinión de quien esto escribe define muy bien la catadura (que suena a caradura) del político y el sesgo manipulador inherente a la ideología. Dice: “Si los hombres son suficientemente irracionales, se les puede inducir a que sirvan a tus intereses bajo la impresión de que están sirviendo a los suyos propios. Este caso es muy corriente en política. La mayoría de los líderes políticos adquieren su posición al lograr que gran número de personas crean que esos líderes se mueven por motivos altruistas. Es bien sabido que esta creencia se acepta con más facilidad bajo influencia de la excitación. Las bandas, la oratoria de multitudes, el linchamiento y la guerra son etapas en el desarrollo de la excitación. Supongo que los que defienden la irracionalidad creen que hay una mayor oportunidad de engañar al pueblo provechosamente si lo mantienen en efervescencia. Quizá sea mi aversión por este tipo de procesos lo que hace que la gente diga que soy excesivamente racional”. De la obra “Sociedad humana: ética y política”. Ediciones Cátedra, S.A. Madrid, 1984.

El Diantre Malaquías, pseudónimo

14 agosto 2024

(₸X) Las delicias del verano



      No espere el lector indulgente encontrar demasiados tópicos al uso en este escrito, ni prejuzgue en el mismo dulzuras que, a decir del título, puedan ser libadas. Va de ácido, o más bien de agridulce. Algo así como el gazpacho, que su sabor pica, pero resulta un buen refrigerio. Y es que hablar de los calores, sin estereotipos, tiene su enjundia.

Para empezar, yo pienso que el calor también es clasista. Esta achicharrante humedad mediterránea no castiga a todos por igual ni con el mismo rasero. Quienes viajamos en el metro, en cualquier línea (no digo ya en la azul o la roja), hemos de sentirnos auténticos parias y desheredados. Vamos, lumpen esencial. Mientras, algunos terracean y doran sus pellejos bajo el tórrido Lorenzo (así llaman algunos castizos a mi sol). De otros, aun recién aseados -eso sí- con una apremiante ducha y cubiertos como Dios manda, sus ingles desprenden fragantes partículas que fieden. Haylos que retozan en piscinas privadas con golosas y lozanas carnes, todos suficientemente humedecidos y caldeados por todas sus partes, de modo particular en los bajos. Y lo hacen cuantos meses, días y horas les place. ¡Qué envidia!.

Incomprensiblemente, a veces, y de una forma u otra, a casi todos les llega su penitencia. Miren, si no. El millonario codicioso no tiene más tiempo para sus codicias que no sea el estrictamente laboral. Luego, llegado el fin de semana, no se libra de atascos churruscantes, ni así se fundan, por efecto de los rayos solares, él y su coche. Incluso disponiendo de avioneta/s (aún no se ha generalizado el uso de ultraligeros y mochilas autopropulsadas), no es fácil la vida. Los accesos a aeródromos y aeropuertos están imposibles (es un decir, un eufemismo). Lo mejor es tener de todo en casa. 

Hay -no obstante- quienes, con independencia de la mayor o menor potestad, se lo organizan fetén. Por ejemplo, algún que otro jubilado clase media, con impronta urbana pero resuelto a vivir tras dejar por el camino más de media vida, no pasa tales agobios. Entre semana (para otros laborable) habita en la segunda residencia y baja a la gran urbe cuando riadas enteras la abandonan, quizá para gozar con más sosiego de los encantos que en ella encuentra. Van, para su dicha, contracorriente. Por tanto, aun siendo el calor clasista, que lo es, unos y otros pagan a distinto precio -eso sí- un ratito de delicia. Yo, particularmente, trabajaré hasta vacaciones (todo lo tranquilo que pueda), pero llegado el momento…., uy llegado el momento. Por avatares de la ruleta fortuna-infortunio (soy tan calamidad, que todo lo que tengo mío es heredado; y poco, no vayan Vds. a pensar…), quien esto escribe dispone de un refugio en tierras muy cristianas, donde todavía es posible el silencio, el jolgorio y hasta dormir en pleno agosto y en pleno golpe de calor. Allá voy.

Y puesto que resulta poco práctico y de dudoso gusto una visión en exceso sarcástica de las vacaciones, será bueno extraer conclusiones útiles. Puede que sea deformación profesional, pero creo ser muy didáctico. Que “toquisqui” disfrute su ocio como guste, pero -de verdad- como guste. Si hay a quien le fascinen las colas, el abigarramiento de las playas, el hormigueo febril, las noches locas -uy- de discoteca y quién sabe qué más; allá cada cual. Este su servidor, por si no lo imaginan, también espera de sus vacaciones un quién sabe qué; pero alejado en lugares donde la masificación aún no ha llegado (espero que nunca llegue), donde las temperaturas -de termómetro- no derriten y donde la humedad interna y externa no sorbe el seso, sólo el seso; que para sorber con gusto ya tiene el seso parónimos. Cuántos eventos pueden ser posibles en un soto solitario, con sus chopos, sus tamarizas y el fluir todavía cristalino de unas aguas como confidentes de tus holganzas. Es un volver voluntario -un tantín breve, mas suficiente- a las raíces de uno (tan aquí de mi dentro). Con todo el gusto del mundo, en su sentido más amplio. 

Fin 
Los relatos sucintos del Diantre Malaquías