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22 abril 2017

(₸) De duelo en duelo...

¡¡¡Publicación sugerida!!!

(Fotografía de Serafín Pan Falagán)

Y la espesa noche
en toda su negrura 
cayóme encima a plomo 
cual cruel asma furtivo 
robándome el aliento 
quitándome los aires 
que apenas hoy respiro. 

Marchaste de madrugada 
sin bici, ni carretillo 
(en Google Maps 
como huérfanos iconos
perpetuados contigo) 
celoso de tus silencios 
que ya nunca, nunca más 
y mirándote a los ojos 
podré yo volver a oírlos. 

Y como siempre discreto 
sin querer importunar 
hoy andarás de camino 
a la ilusa eternidad 
que es en mí  hondo vacío 
e insufrible soledad. 

Dios sabrá por qué te has ido 
porque yo.., yo no lo entiendo. 
Descansa en paz, ser querido. 

(A mi primo querido E.M.F.)


REBRIOSA ACTUALIDAD

Dinámica Cultural: CHINAS EN LOS ZAPATOS -VI- (Florilegio cronológico de la memez)

19 abril 2017

(₸) Darwin, las teorías, la ciencia... y su interpretación tendenciosa.


En defensa de la ciencia


      La lectura de ciertos artículos aparecidos en ejemplares diversos me incita a escribir este otro, cuyo objetivo no es sino dar réplica y, desde luego, tratar de desenmascarar un inequívoco tufillo maniqueo que, a menudo, se percibe en algunos escritos referidos al lúcido investigador. Para empezar, observo una excesiva recurrencia a temas tan arduos como el origen de las especies, para desmerecer –tal vez– a la Ciencia e intentar demostrar ¿…? no sé qué. O sí lo sé. Miren, la Ciencia y ese Dios de ciertos escribientes son incompatibles. De lo contrario, poco o nada se hubiese progresado, por cuanto ante cualquier fenómeno desconocido, en lugar de investigar, se le hubiese atribuido enseguida a Dios, y ya está. ¿Será por socavar los cimientos de la fe?. En mi condición de agnóstico coherente, que no ateo, no sólo no puedo negar la existencia de Dios, sino que incluso entiendo que algún científico dado a la mística lo encuentre en ese fantástico mundo de descubrimientos minúsculos, pero gozosos y fascinantes. Dígase de paso que la utilización indiscriminada, cruzada y entrecruzada de estos temas, todo por pretender desarrollar el singular sermón de quien persigue “racionalizar” deidades y divinidades varias, no es riguroso. Ah, el rigor.

      El rigor es condición sin la que no hay Ciencia. Pero ¿qué tiene de malo el rigor?. Vean. La Ciencia consta, entre otros, de dos componentes muy atrayentes. Uno, el primero, es la teoría, que no es sino un ejercicio de imaginación exuberante en su elaboración. ¿Son capaces de imaginarse sin dedos en los pies, perdidos por atrofia de no usarlos?. ¿Y no les seduce pensar qué ocurriría, si nos diera -otra vez- por colgarnos de las ramas con esos mismos dedos que ahora se nos pierden irremediablemente?. Sublime. Pues lo que se imaginen sería la teoría. Y si se lo imaginan es pura fantasía. Queda patente, pues, que esta parte de la Ciencia es cualquier cosa menos árida, encorsetada, limitadora, etc. El otro componente que me interesa tratar es la praxis experimental. Con la teoría como guía, se inicia el divertidísimo momento del diseño experimental científico, con sus variables independientes, dependientes, control de variables extrañas, estadístico, preparación del instrumental y demás medios, etc. A continuación pruebas demostrar una mínima parte de tu teoría basal. Y sale, o no sale. Si el caso fuese afirmativo, además de sentir una inmensa satisfacción, te crees un privilegiado poseedor único de una verdad universal, nimia sólo en apariencia, aunque muy útil, práctica y que, una vez más, abre al investigador un sinfín de nuevas posibilidades. Es como un pequeño milagro. Porque ¿no es acaso un “milagro” -o así- que la policía científica sea capaz de identificar a un sujeto por los restos de saliva encontrados en una boquilla?. Entonces no parece ni aburrido, ni espinoso, ni nada por el estilo reducir (sí, reducir) los fenómenos a la dualidad causa-efecto. ¿Qué más de malo tiene el rigor?. Es cierto que, de alguna manera, aparta al científico de la realidad del Metro en horas punta y, en general, del mundo que dicen real. Pero para ver y oír lo que se ve y se oye, mejor entretenerse con tubos de ensayo, aunque provoquen sarpullidos.

      En definitiva, y aun no siendo función de la que se ocupe o preocupe la Ciencia, ésta se encarga de señalarnos (eso sí, con cuentagotas) lo que hay detrás de cada ignoto fenómeno, que no es Dios, sino otro fenómeno corriente, asequible y concreto. Y no es porque se pretenda negar la existencia de Dios, al que, como ya se expuso, algunos científicos creyentes pueden ver (y no es extraño) en las casi imperceptibles secuencias de sus descubrimientos; sino porque allá donde todavía no llega nuestra mente, tendrá que acabar llegando y hacer conocido lo desconocido. ¿Que es imposible?. Ya se sabe, pero aquí radica la enjundia científica, esto es, que nunca podrá saberse todo (¡qué decepcionante resultaría!), y así nunca faltarán asuntos sobre los que indagar. Esta posibilidad me resulta mucho más atractiva, que desagradable -por lo desprovisto de rigor- pueda serme que algunos utilicen la limitación de nuestros conocimientos (el tan manido “punto cero”), para colocar a Dios como gran Creador de todo cuanto se ignora. Lo tienen fácil: por más que se descifre, siempre habrá algo indescifrable a continuación. Pero -que se sepa- cualesquiera que sean las creencias del científico, éste buscará siempre detrás de lo desconocido no la mano de un creador (o Creador, si lo prefieren), sino otra “cosa”. Y así, periódica pura.

Preguntas a Darwin

      Leo en alguna parte algo así titulado y la significación que pueda derivarse del título es del todo engañosa. Más que “Preguntas a Darwin” debería ser “Respuestas a Darwin”, pues los enunciados planteados en forma interrogativa -eso sí- llevan explícita (más que implícita) la respuesta. Pues claro que sí, o que no, o vaya tontería, parecen reclamar. Incluso se expone una cita textual del propio Darwin sobre el supuesto absurdo de la evolución del ojo, como queriendo demostrar con ello que ni siquiera él mismo creyera en sus propias teorías. A mí puede parecerme ridículo imaginar al ser humano sin dedos en los pies, pero ello no ha de presuponer que no pueda llegar a darse. Si me apuran, diría que estamos en trance de atrofia cerebral (con tanto fútbol, telenovelas, guapos y guapas…), camino -quizá- de niveles protozooicos y de tan poca capacidad de abstracción como la ameba. Y más se acelerará el proceso de seguir empeñados en atribuir siempre a un ser superior lo que se nos escapa; en lugar de estrujarnos las neuronas e investigar. Les parecerá absurdo y puede que no sea para tanto, pero pasitos para tal atrofia, en serio que los estamos dando. Por cierto, en el mismo momento de estar leyendo este escrito, en su ojo se estarán produciendo minúsculas mutaciones adaptativas, en la misma dirección que marca la tan denostada teoría evolutiva darwiniana.

      Sobre el azar y la Ciencia. Que yo sepa, ningún científico recurre al azar para explicar nada. En cualquier caso, a un número indeterminado de variables extrañas sin identificar (acéptese la redundancia) habrá de dárseles un nombre; y el más corriente, por convención, es el denominado azar. Sin embargo, el azar no es sino ese conjunto de variables intervinientes (a buen seguro), a las que no es posible por el momento definir ni medir. Es, pues, ese cúmulo de variables sin duda potencialmente precisas, concretas y medibles (digo parcialmente), pero hoy desconocidas, no asequibles al conocimiento actual e ignoradas las que metemos en el mismo cajón del azar. Estoy convencido que si me toca la lotería no habrá sido por casualidad, aunque no me quedará más remedio que aceptarlo, por cuanto no seré capaz de identificar ni una sola de las variables que han intervenido en tan gozoso suceso. Bueno, alguna sí: o he jugado, o me han regalado el boleto. Y sobre las mal llamadas “pruebas fósiles" diré algo. ¿Pero es que los fósiles pueden evolucionar?. Según los conocimientos actuales, las piedras o cualquier otra materia inorgánica portadora de restos fósiles carecen del componente “bio”, en consecuencia no pueden evolucionar (que es un concepto biológico) adaptativamente. Así pues, tales supuestas “pruebas fósiles” serán en todo caso indicios, si acaso signos e incluso evidencias; pero difícilmente pruebas definitivas, porque el proceso evolutivo es tan sutil que dos días en tiempo significarán evolución, pero ésta no podrá nunca plasmarse en una marca fósil tan secuencialmente como en la realidad ocurre. Me supongo que el articulista habrá querido decir que unos pies de dinosaurio (vaya por Dios con los bichitos estos) marcados en una roca, y otros pies de dinosaurio también marcados en una roca, pero con algún rasgo distintivo respecto al caso anterior, podrían -quizá- probar algo. Pues no pueden probar nada, y mucho menos evolución gradual. Pueden indicar que la investigación va por buen camino y basta. Por tanto dudo que Darwin esperase alguna “prueba fósil".

      No se me tome en este escrito por fustigador de creyentes. Ni niego a Dios, ni lo reconozco; y menos aún con algún tipo de rostro humano, aunque tampoco es un tema que ocupe en demasía mi vida mental. Además, como quedó ya dicho, el mundo de la investigación es tan fascinante que alguien pudiera verlo en el lado oscuro del conocimiento. Sencillamente anhelo que, ya que quienes tenemos mentalidad científica no gastamos mucho fósforo ni confundimos intentando demostrar nada a favor ni en contra de deidades, los creyentes (algunos diríase que cruzados) con aficiones literarias o pseudocientíficas se abstengan de utilizar de manera simplista, maniquea y confusamente temas polémicos (en religión, que no en Ciencia), con pretensiones de probar lo que no es probable. Ya se sabe, lo de Dios es cosa de fe. Mejor sería para su apostolado recurrir a la constelación Orión, que ahí todavía faltan muchos misterios y fenómenos extraordinarios que explicar. Tendrán materia para rato. Por mi parte, soy primate (dicen pretenciosamente que superior), descendiente de primates (sí, sí, ríanse cuanto quieran); aunque tampoco me sería mayor honor o deshonor saberme creado a imagen y semejanza de Dios (lo cual también es presuntuoso). Pero a mí no me sirve. Y acabo. Sería muy gracioso que algún reidor fuese de ésos que ahora vocifera ante un televisor, viendo un partido de “fumbo”.

El Diantre Malaquías, pseudónimo

12 abril 2017

(₸) DE CAMINO AL GÓLGOTA (Vía Dolorosa)


DIOS, MATERIA, AMOR

A través de la ventana
diviso árboles que
-oh, impulso de primavera-
empiezan a florecer.
Pero es un día gris.

Domingo de Ramos.
Se ven en las calles
palmas y niños
que a niños felices juegan
adultos que matan ocios
y viejos a un paso del fin.
Quizá hoy muera alguno
de algo o de soledad.

Soledad, fiel compañera
mi traidora amiga
ladrona de intimidad:
abandóname o mátame.
Te quiero perder de vista.

Pero el largo camino
está ya trazado
y en él yo pienso arriesgar:
todo o nada, para nada
pues ni todo ni nada ha de ser.

Puede que el descaro
me condene y de mí haga
un Prometeo encadenado.
¡Qué más da!, me arriesgo.

Ser o no ser
y nunca el ideal burgués
de tener o no tener.
Feliz -dígase así- es aquél que es
no que posee.

Si tienes se puede perder.
Ser o no ser, existir, tener...
Dependencia
simbiosis entre parásitos
en funciones o en potencia
que quieren pero no pueden
o no pueden aun pudiendo.

No tener y pugnar por lo contrario
es tener...
anhelos de cuanto se carece.
Es tener.

Hasta hoy
-y a veces parece desgracia-
sólo he sido cuando soy
pues nunca hasta aquí he tenido.

La música conforma mi esencia
y aquella mujer
a quien yo quiero y no me quiere
también.
Son mi sollozo continuo
y enjundia de mi existencia.

¡Ay!, estoy soñando
mi amor-desdicha.
La materia es Dios.

Rasgado estoy por aquí dentro
pues quiero poder tener
y así tengo. Tengo.

La materia es Dios.
Yo soy materia y soy Dios
pero la avaricia me puede.

Quien te entienda que te compre.
Sí, que me compren.
No, no, me regalo.

Muerdo un cigarrillo.
Nervios, desgana, apatía...
El tener, tengo.
Lo vendo.
No, no, lo regalo.

Tarde en habitación oscura
gorro de cura
que cubre la mugre
donde hierven las ideas.

El disco me gusta
pasa y repito, pasa y repito.
Tengo. Ya me harto.
No, el amor no vendo.

Opresión y cárcel.
Silla sin respaldo.
Antes lo tenía
y me asusto de no verlo.
Puerta cerrada. Me asfixio.
¡Aire!. Aún existo.

Amor, música, cielo
almas de mi anhelo
no huyáis, por la Cruz de Cristo.

Soy materia y además deseo.
Tengo: ya soy Dios.
Vendo, vendo, nunca regalo.
Ay, amor, pero a ti no te vendo
ni te compro ni te regalo
pues no te tengo.

Domingo de Ramos.

Bcn, abril de 1972. Retocada en Bcn, enero de 1993




REQUIEM POR MÍ

I) Primera estación:
Nace un espino
muere una flor.
Se cierran sus hojas.
La ausencia de sol
oscurece el camino
marchita el amor.
No pienso, no vivo.
¡Adiós ilusión!.

II) Segunda estación:
Se aleja el amigo.
Todo acabó
según mi destino.
El beso de Judas
fue engaño y traición.

III) Tercera estación:
En piedras tropiezo.
Ando y me caigo
mis rodillas sangran.
¡No aguanto!.
El gentío avasalla
ríe y se burla.
Imploran mis ojos
y nadie me ayuda.

IV) Cuarta estación:
Sigo sin fuerza
cruzo miradas.
Veo a mi madre
que entre sollozos
saliva y escarnios
musita su amor.

V) Quinta estación:
La cruz me hunde el hombro.
Supura mi alma
suda mi rostro.
Mi boca estalla:
Dios, ¿dónde estás?.
Un labrador
aunque forzado
con mi pena carga.

VI) Sexta estación:
Cubre mi cuerpo
la sangre empapada
en polvo y sudores
esputos y babas.
Al aire cargado
mi faz lacerada
tragedias proyecta.
El corazón se ablanda
de una mujer valiente
que entre la turba avanza
y mi cara limpia
con una toalla.
Allí quedó mi retrato
para purga de escribas.

VII) Séptima estación:
Segunda caída.
Ya se extingue el ser
con la experiencia sufrida.
Ya marchita tengo el alma
de tanto buscar amor
y no encontrar ni un querer
alivio para el dolor
de esta lucha miserable.
Inútil. Inútil.
El sadismo de las masas
no cede ni ceja.
Es su espíritu una isla
su cuerpo tan sólo coraza.

VIII) Octava estación:
Cerca estoy de la cima.
Llega mi vida al alcor
cénit de un ideal
cuando por mí veo llorar
gentes de corazón
que inhiben su pensamiento.
Temen perder el cuerpo.
Temen la muerte
y ya están muertos.
Soy su liberación.
Soy mesías de sus mentes.
Masas en movimiento:
es la muerte la semilla
del mito redentor
la idea.

IX) Novena estación:
Sin cuerpo ni sangre
maltrechas mis carnes
me infunden valor
el fuego y el hambre
de un triunfal fin
en aparente fracaso.

X) Décima estación:
El vulgo feliz
celebra mi estado.
No puedo entender
que tanto dolor
acabe en orgasmo
sendero hacia un hito
que en medio de ritos
sacraliza santos
consagra inmortales.

XI) Undécima estación:
El sol en su ocaso
sombras de suplicio
proyecta en la cruz
herencia del árbol.
Llega la hora, amigo.
Penetren los clavos
desgarren mis manos
esfumen mi ser.

XII) Duodécima estación:
A todos perdono.
Jamás comprendieron
ni aún saben qué son.
Cúbrales mi manto
mi halo salvador.

XIII) Decimotercera estación:
Muere un espino
y este pobre cuerpo
en fértil tierra
quisiera ser estiércol
de un mundo distinto.

XIV) Decimocuarta estación:
Tal vez algún día
renazca la flor
de la muerte: la vida.

Barcelona. Diciembre de 1972. 
Considerablemente remodelada en BCN, Febrero de 1989.




DESCIENDE CRISTO

Desciende, Cristo
a redimir al injusto.

El pueblo te llama a gritos
implora de ti el perdón
por tu muerte en el madero.

Buscan un Salvador
un divino iluminado.

¿Eres tú Jesucristo
hijo de hombre y de Dios
ilustre crucificado?.
Ya no habrá crucifixión.

Desciende, Cristo.
El pobre así suspira
en pavorosa aflicción
por la herida aún abierta
cuando el pueblo te mató.

Desciende, Cristo.
¿No te llega su clamor?.
Transforma a los poderosos
dulcifica sus pecados.
No humilles a los soberbios
ni al humilde enaltezcas.

Borra del mundo a los siervos.
Caminos todos allana
pero no hagas del monte valle
ni del valle hagas montaña.

Y gozará el miserable
en su remoto dolor.
Y sufrirá el potentado
como un inocuo escozor
los atropellos de antaño.

Ésa es su humillación.

Desciende, Cristo. Hoy por hoy ...

Barcelona. Noviembre de 1972



POR UNA MANZANA

Ya no me aterra la muerte:
nacemos para morir.
Ni en mí hace mella el dolor:
tanto he sufrido hasta aquí.

Sufre el pudiente en su alma
la herida -¡profunda herida!-
de su propia negación.

Hizo Dios al hombre libre
y en la Tierra apareció
para vivir libre.
No quiso la libertad.

Del árbol del Paraíso
pendía aquella manzana
que el hombre quiso coger.
Un hombre la conquistó.
Fue el primero y dominante.

Dominado y su deseo
fijaron su vista al árbol.
Pero el árbol
ya nunca más floreció.

El amo y señor de la fruta
fue entonces dominador
de otros hombres con deseo.
El hombre se encadenó.

Ya no me aterra la muerte.

Barcelona. Abril de 1973


LO INMARCESIBLE

Esta noche en mi aposento
he vuelto la vista atrás
en contra del Evangelio:
“Aquél que mire lo arado
no es apto para mi Reino”.

Mas ... era necesidad
imbuirme del pretérito
y gozar con lo sufrido.

El repaso de lo escrito
el recuerdo me ha devuelto
de etapas remotas
en evolución y en tiempo.

Y ahora
que ya todo es volátil
asombra mi pensamiento
tanta belleza creada
cuando todo era tan frágil
y esencia de sentimiento.

Y cuando el puro dolor
en ausencia de mí mismo
movía él solo la pluma
pariendo unos tristes versos
a ritmo de corazón.

Las vivencias del ayer
base de lo intemporal
plasmadas sobre un papel
cual inmarcesible estado
año tras año tan nuevo.

Antes era realidad
hoy es ya pura poesía.
Sólo por subsistir. O por ser.

Santibáñez de la Isla. 1972

 Los Versos diantres del Diantre Malaquías

08 abril 2017

(₸) Religión y mito


      Razón y religión


    Como individuo preocupado por el saber y la ciencia, conozco las grandes limitaciones e incertidumbres, con frecuencia desconcertantes, que uno encuentra en el intento de interpretación rigurosa de algunos fenómenos, y en general del mundo que nos rodea. Sin embargo, ha de disculpar el lector creyente el enfoque agnóstico del tema, si es que se quiere tratar con cierta objetividad. Y para justificar tal aserto -perdóneme ahora el lector cultivado- es preciso distinguir entre agnóstico y ateo. Éste niega la existencia de Dios, de cualquier dios; entendido como ser, inteligencia superior, esencia, ente o como se le quiera llamar que, estando por encima de la materia en su estricta significación actual, explique no sólo ésta, sino también todo aquello donde el conocimiento humano aún no ha podido llegar. El agnóstico niega a la inteligencia humana la capacidad para comprender la existencia de lo absoluto, de Dios y sus atributos. Si se fijan, el matiz es determinante. Aquél rebate lo que no conoce, en tanto que el agnóstico sencillamente no entra en lo que desconoce. Es tal el volumen de lo ignorado como para pensar -cuando menos- que hay asuntos que nos desbordan y que, no obstante, no son desordenados ni faltos de coordinación, de manera que pueda dogmatizarse sobre la inexistencia de un orden superior. Por tanto, la actitud agnóstica por neutra, ponderada, abierta y, en consecuencia, más propiamente científica; ha de ser para cualquier pensador por cuenta propia y alejado del rebaño -creyente o no- un filtro al que someter sus teorías sobre esta materia. Ahora bien, no se confunda esto con una defensa de las religiones. Nada más lejos. Ciertamente hay razones para no desmentir la existencia de un orden superior, pero no hay ninguna de peso que permita considerar una religión más dueña de la verdad que otra; ni que por ello -claro está- uno tenga que filiarse a cualquiera de ellas, y ni siquiera el que haya que filiarse.

      El “rol” de las religiones

    En las típicas tertulias de café, practicantes y convictos suelen criticar de los agnósticos su postura cómoda, oportunista, etc. A ellos los supervisa, juzga y sanciona Dios a través de alguno de sus representantes. Pues sí, pero resulta que pecados más o menos graves de insolidaridad y de otros tipos; a unos, con un sencillo rito, una limosna, una bendición y/o una bala redentora se los perdona su dios; en tanto que los otros, o dejan de cometerlos si tienen conciencia, o nunca la tendrán en paz. Sin duda es más cómodo sentirse perdonado por un jerarca (adormece mejor los escrúpulos) así se confiese, una tras otra cien pascuas floridas, alguno de los veniales y siempre el mismo mortal. He aquí un ejemplo claro del papel subliminal de las religiones. Y no es el único o, si se quiere, tiene versiones. Desde una perspectiva científica, un análisis serio ha de llevar a reducir el sentimiento religioso, como cualquier otro sentimiento humano, a mecanismos simples de funcionamiento psicológico. Y en este sentido, para análogas motivaciones profundas del individuo, surgen casi idénticos cometidos en las diferentes religiones, iglesias y sectas para satisfacerlas. Todas tratan de cubrir en el hombre el miedo a lo desconocido y el vacío del más allá, con dioses y profetas a cual más dispar (cierto es que los ecumenistas ya hablan del mismo Dios con diferentes expresiones, acepciones y profetas; actitud que -de haber alguno- parece razonable). Todas explotan el sentido gregario de los menos formados (un poco aquello de “saben más porque son mejores o simplemente más”). Todas, en fin, además de prometer la gloria por tal o cual acción, canalizan de forma calculada rasgos culturales, generalmente bien avenidos con el poder establecido o, lo que ya es peor por ser mezcla explosiva, los pretenden imponer. Claro que, si bien no pueden establecerse diferencias en racionalidad y coherencia entre los distintos cultos, sí se distinguen en cambio en la calidad y cantidad de sus integristas, osea obtusos. Y en esto, las más significadas, aquéllas que se alimentan de la sangre de sus innumerables e inútiles mártires (inútiles para el pueblo llano, claro), las que siguen alentando en los suyos el resentimiento y la venganza, la paranoia al fin; éstas podrán incluso poner en peligro la convivencia universal; aunque, más bien por limitaciones propias y por fortuna para la humanidad, nunca consigan sus pretensiones.

      El mito

    ¿Y dónde está el mito?. Pero bueno, ¿acaso dentro de 2000 años los seres humanos -si aún quedan- no juzgarán de igual manera nuestros dioses de hoy, como nosotros hoy juzgamos la mitología griega o cualquier otra del pasado?. ¿No es la religión de lo más parecido a una fábula, una ficción alegórica, tomada -diríase que muy profusamente- de forma literal y por tal lerda?. Por ejemplo, algunos hablan de “vida”, y al mismo tiempo favorecen que un perturbado, o un pobre, o todo a la vez; cargue con el hijo decimonono, exigiéndole además que no descargue sus impulsos sexuales (casi su único alivio) como exclusivo medio de contracepción. Todo ello con la promesa de un cielo que habría de conseguir igual sin cumplir tales preceptos, y sin ni siquiera sentirse protegido o bajo amparo de ninguna. Preceptos, por otra parte, que cuando a las potestades les parece, bien por intereses o porque ya no se sostienen ni con grúa, excátedra los cambian y aquí no ha pasado nada. Los inquisidores siguen sin ser culpables. Pero no se lleve el lector a engaño. Pues claro que somos críticos con instituciones religiosas en cuyo discurso se mantiene la prohición de cualquier tipo de contracepción, incluido el uso del profiláctico en las relaciones sexuales, con el consiguiente peligro de expansión de la enfermedad sexual por excelencia de la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo no podemos ser menos críticos con esa parte de la sociedad occidental que se pretende progresista, o vanguardista, o incluso intelectual (qué pretenciosos), y que de forma obtusa utiliza como excusa para atacar a determinada institución religiosa el peligro de expansión del SIDA por el no uso del profiláctico, cuando ha sido esa parte la que ha favorecido y al fin alcanzado el acceso, en la práctica universal, a la píldora post-coital, que ésta (al menos en occidente, por ser quien se lo puede permitir) sí es una bomba de racimo en dicha expansión. Y callar u obviar esta crítica es como poco hipócrita, sectario y hasta corto de miras, lo cual pone en entredicho la supuesta intelectualidad.

    En fin, no sólo las religiones son de lo más parecido a un mito; sino que, con exigencias más o menos radicalizadas de sumisión, se benefician de otros mitos y, sobre todo, explotan la miseria mental y/o física de ciertos sectores. En lugares de nuestro país, casos extremos podrían ser o el señorito puro y duro que se cree redimido por un “Sr. mío Jesucristo…”, o el paria cuya única esperanza es Dios o la catarsis de cualquier romería (cuanto de religioso pueda haber en ellas, claro). Otra cosa bien distinta es que cada uno se sienta amparado, libremente y sin tanto corsé-tabú, por un Dios que sea de lo más aproximado a la cultura propia y a la personal concepción del mundo. Esto sí puede ser hasta útil a la humanidad. Véase aquí un sentido y sincero respeto por religiosos y seglares que, canalizando con gran dignidad sus motivaciones vitales, trabajan para arreglar desaguisados provocados por fundamentalismos o codicias del poder religioso y político.

Fin

El mundo según el Diantre Malaquías

04 abril 2017

(₸) Cimas que jamás hollé

(Montes de León. Foto de Serafín Pan Falagán)

-I-
Ay, si mi alma saliera
del silencio que la agobia
y la tuya
del barrizal que la atolla
qué vergüenza sentirías
de ver en mí tanta ofrenda
con incuria respondida.
Y aunque el rostro me escupieras
-tanto y tal es mi amor-
sirviéndote seguiría.
Afina el oído del alma
y escucha bien mis silencios
que ellos son quienes te hablan.

-II-
Todos me tildan de loco
por componer unos versos
ya ni siquiera se puede
expresar los sentimientos.
Lo hago porque lo siento
y mis líricas andanzas
cual rodrigón a la vid
que preserva sus esencias
cura y sostén han de ser
en medio de espesas nieblas
que cubren frondosos valles
y también altas montañas
donde el alpinista intrépido
holla crestas no exploradas
como es la de tu amor
hasta hoy sin esperanza.
Cuán dura hubo de ser la marcha
cuán tortuoso el camino
y escabrosa la ascensión
sobre rocas y entre espinos
que rasgan el corazón
a golpe de sus latidos
cuando en la cumbre soñada
otro conquistador
con mucho menos esfuerzo
y ni siquierta intención
tuvo lo que no buscaba
en esa cima que holló
para mí no reservada.

Los versos diantres del Diantre Malaquías

31 marzo 2017

(₸) Credenciales de Psicólogo




      No quiero pecar de presuntuoso o soberbio porque me parece una impostura, sin embargo creo con toda sinceridad que mis conocimientos y experiencia tienen un valor añadido y aportan algo nuevo al mundo de la Psicología. Entre otras contribuciones, tiene para mí un especial sentido la crítica, pues nadar un poquito contra corriente siempre lo he visto como una actitud por supuesto genuina y hasta lúcida. La razonable -por tal lícita- transgresión excita y motiva, lo ya sabido -por fácil y previsible- narcotiza y adormece las conciencias. Para empezar, mi estilo o mi manera de entender casi todo lo referente a la Psicología no es desde luego la usual. Ya en la Universidad alguien dijo de mí que muchas de las afirmaciones que formulaba en clase no las extraía de los libros, a lo que contestaba que los márgenes de mis libros estaban hechos una porquería de reescritos, apostillas, dudas, réplicas y anotaciones diversas u otros comentarios de lo más variado. También en la práctica profesional hay mucho de mi singular forma de ser y de hacer, lo que no debe interpretarse obligatoriamente como un halago, si bien estoy bastante satisfecho de cómo hago mi trabajo y de los resultados que con él se han ido obteniendo. El modo de abordar las cuestiones que se me presentan ha resultado muy eficaz, en ocasiones incluso brillante. No ya el diagnóstico o el pronóstico, que pueden expresarse en forma muy convencional y académica (a ser posible con abundantes siglas que visten mucho, tal que TB, TOC, TDH…), sino el análisis prolijo, la estrategia a seguir, la manera de intervenir, etc.; todo ello investido -en definitiva- de la idiosincrasia propia. Y también el trato. En la Universidad siempre se nos recalcó la importancia de controlar la “transferencia” y la “contratransferencia”, y es cierto que así debe ser. Pero con frecuencia muchos, demasiados lo asociaron a un distanciamiento del paciente, a una relación fría y lejana; lo cual yo siempre presumí como errado y del todo contraproducente. En mi caso siempre apliqué una relación directa, cercana, humana, del mismo nivel entre paciente y terapeuta, pero en roles diferentes, y los resultados me acompañaron. Menos mal que no hace mucho vinieron los más sesudos conductistas a darme la razón, si no tendría al COPC (el colegio profesional de los psicólogos de Catalunya) trinando tras de mí, que ellos velan mucho por el rigor.

      Pues sí, el rigor o la seria pretensión del mismo forma parte de mis objetivos. Sé, si me lo propongo, evaluar cualitativa y cuantitativamente cuadros, conductas y resultados. Mido, cuantifico, diseño, experimento si me place o conviene al proceso (muchas veces, no). No obstante prefiero revestir mi trabajo de sencillez y cercanía. Los resultados saltan a la vista, como también algún fracaso mayor o menor. No muchos, la verdad. Vamos, como para no asustarme de mí mismo. Eso sí, procuro no hacer mucho caso de las gráficas en mis hojas de terapia, siendo éste un apartado que generalmente complemento sólo en parte, aunque debo mantenerlo porque algunos detalles del mismo ya son por sí solos útiles y orientativos. Como profesional no desdeño la terapéutica PRIMAL, GESTALT, PT DINÁMICA, PT BASADA EN LA EXPERIENCIA, CONDUCTISTA, etc.; si bien hago especial hincapié en la utilización del modelo COGNITIVO-CONDUCTUAL, cuando las condiciones lo aconsejan y/o lo permiten. Resulta la más humana y una saludable combinación de activación mental, actitudinal y de afirmación personal. Es el modelo paradigmático para alcanzar no ya una elemental autonomía, sino una amplia autonomía integral. Por descontado, soy alguien que detesta el pateo al rigor, como ese profesional usurero e incompetente (seguramente más lo primero que lo segundo, o no) que aplica sesiones maratonianas de varias horas al día, a un “pico” de € la jornada. Qué horror. No se puede ser tan tonto (no me lo creo) como para desconocer que aprender y reaprender supone periodos activos de crecimiento y otros refractarios o incluso regresivos, por lo que el tratamiento debe extenderse en el tiempo de forma racional, tanto en planteamientos técnicos, como pecuniarios. No puede ser que no lo sepa, por lo tanto quien así actúa es un usurero que lisa y llanamente está estafando a un cliente (que no paciente, en este caso).
Es cierto que no siempre es posible el tratamiento psicológico (psicoterapéutico, para ser más exactos), por diversas y coyunturales razones de lo más variado. Desde la naturaleza de cada cual, a la actitud entorpecedora o poco colaboradora de los padres y madres cuando traen a sus hijos (de forma particular si entienden que responsabilizarles es culparles), o la existencia de trastornos de origen y pronóstico inciertos y en los que es muy difícil explorar sin avasallar la intimidad del paciente, con demasiada frecuencia tan celosamente guardada en el ámbito familiar. Sin embargo, en muchísimos más casos de los que hasta ahora se nos ha permitido intervenir, el papel del psicólogo habría de ser insoslayable e incluso determinante. Considérese -como botón de muestra- la trilogía NEUROSIS CRÍTICA, PSICOSIS, ESQUIZOFRENIA ASENTADA (personalmente me cautiva la fenomenología del baile entre estos tres términos). He podido observar cómo una NEUROSIS AGUDA, extrema, ha pasado a PSICOSIS, donde la disociación entre realidad interna y la externa u “objetiva” pasa primero a ser una “adisociación” o disociación ciega (no se ha manifestado todavía la doble personalidad, pero ya aparece un corte entre estas dos realidades) y acaba por asentarse en ESQUIZOFRENIA arraigada, donde ya se ha perdido la capacidad de comunicación con el mundo que llamamos real, y con el primer brote el despliegue disociativo cursará de forma más o menos aparatosa, pero cursará. Y esto se produce por fragilidad caracterial, o lo que fuere, en quienes por dejar condicionar tanto su mundo interior e identitario se convierten en vulnerables, o tal vez ya los hicieron indefensos en sus primeros años por una educación desatinada (interventora en exceso, por ejemplo). Me da igual que la ortodoxia con vocación censora pueda llegar a cuestionar tesis como la que aquí sugiero, tan sólo trato de exponer con la mayor fidelidad lo que me parece de lo que observo. Por supuesto, los nombres que aquí aparezcan son ficticios, pero no las historias. Recuerdo a Antonio, el del botón, taxista por más señas, que de tan buena persona hacía caso a todo el mundo y casi acaba por no saber ni quién era él mismo y, que de no haber sido por el dichoso botón que lo mantuvo unido a la realidad, hoy quizá ya anduviese deambulando en su horas libres por la ciudad donde se emplazara su hogareño manicomio, voceando a los cuatro vientos y en modo ecolálico su trastorno. Cuando lo ingresaban en la clínica mental se decía: “Me dirán que esto es Guadalupe, que mi taxi es un trasatlántico, pero esto será siempre un botón”; todo ello mientras apretaba con fruición el botón en la palma de la mano. El botón fue el hilo que lo mantuvo unido a la realidad convencional. Tratarlo después fue muy fácil y de resultados para sentirse orgullosas cada una de las partes, osea él y nosotros. O también el caso de Luisa, la perfeccionista, que llegó a estar “más para allá que para acá”, sometida a fuertísimas presiones místicas, impuestas en su entorno no por la vía despótica, sino por la sutil y dulce persuasión que encierra mayores peligros. Cuando fuimos capaces de mantenerla “pacá” (el cómo ya se irá viendo, aunque tiene mucho que ver con la recuperación o alcance de una cierta autonomía personal), entonces vencimos. Luis, el artista, y su enrarecido y desquiciante entorno, incapaz de generar no ya un ambiente favorable, sino más bien todo lo contrario, es decir patogénico. Con 700 € al mes, un piso social compartido con otros compañeros, seguimiento psiquiátrico (al principio) y psicológico durante un periodo prolongado, pues caso resuelto. ¿Utópico?. Otro tanto le pagaban al asesino del hacha quien se lió a hachazos con su compañera sentimental, o a otros psicópatas redomados y sin redención. En consecuencia, ¿por qué no dedicar el mayor volumen de recursos a los recuperables?.
      Hasta aquí los casos salvables, unos definitivos y otros en proceso y aún posibles. A Pepa le sobrevino un episodio de delirio místico tras abandonar la psicoterapia. ¿Casualidad?. Pudiera ser, pero ahora mucho nos tememos que se haya cronificado su enfermedad y desde luego no es factible la terapéutica sin medicación, que en nuestra opinión ha de tender a moderada. ¿Por qué casos como éstos no nos los remiten los Psiquiatras con entusiasmo y urgencia, para un intenso tratamiento psicoterapéutico, tras el primer brote?. ¿Por qué los responsables no toman medidas tajantes en el mismo sentido?. No, no es sólo responsabilidad de unos. Incluso de ello son responsables psicólogos incompetentes (por nula vocación, quizá no por tontos) que intervienen prácticamente serviles o “a ciegas”, tanto en el diagnóstico como en la aplicación curativa. De Santi, el pintor de brocha gorda y Pep, el frutero ecolálico, podemos saber cómo llegaron a esta situación. En nuestra opinión, entornos muy cálidos, pero al mismo tiempo muy interventores y directivos en lo moral y en el propio desarrollo de la autonomía personal los fragilizaron tanto que no pudieron resistir ni soportar una gravísima inconveniencia, como la de encontrar a su chica (Pep)  y mujer (Santi) en la cama con otro. Quedaron colgados para siempre. De ellos se sabe que antes eran o un muy buen estudiante o un magnífico profesional de la brocha gorda. Sin embargo, ahora no sabemos cómo atajar la situación actual. Santi es el único responsable de sí mismo que prefiere y se queda con su divina locura, envuelto en su solitario deambular tranquilo y sereno por las calles de la ciudad. La gente lo conoce y lo saluda, él -cortés- responde pero sigue manteniéndose alejado. Con Pep, como en otros muchos casos, quienes debían atenderlo adecuadamente en realidad no lo hicieron porque no creían demasiado en nuestros planteamientos, tal vez por su miedo a que pudiéramos descubrir no sé qué de sus intimidades (ellos sabrán), ni tampoco nos dieron una mínima oportunidad en tiempo y confianza. Cayeron de pleno en la única terapéutica que les da el control casi total sobre el problema (que no la cura, así sea sólo una cura parcial); esto es, a costa de la supernarcotización domaron la presunta fiera. Les viene mejor, es más barato y además no tienen que enfrentarse a la autocrítica respecto a sus actitudes.

      Todas estas singulares e impagables experiencias han ido forjando en mí un concepto de la Psicología bastante alejado de convencionalismos superfluos y repetitivos, más que tópicos. Me han permitido percibir de forma más abierta y flexible los trastornos, su etiología, el diagnóstico y, de ser el caso, la terapéutica que, aun siendo estrictamente psicológica, tendría cabida en los casos anteriores, bien en los exitosos y siempre bien controlados, bien en aquéllos en los que pudiera ofertarse un rol preventivo-educativo o incluso terapéutico, si te dejaran trabajar. Pero muchos entornos están demasiado envueltos en un inexplorable (tanto como supuesto) secretismo. En realidad, en las PSICOSIS/ESQUIZOFRENIAS muy a menudo se dan los entornos en exceso plúmbeos e impenetrables, como para pensar de buenas a primeras y en muchos de los casos (me remito a lo que la Escuela de Palo Alto denominó ESQUIZOFRENIA CISMÁTICA), en una etiología orgánica, aunque tampoco la negaré. Ojo, no se vuelva a confundir etiología con el indicador que la acompaña (a uno no le pasa algo porque es introvertido, sino que es introvertido porque le pasa algo, ¿se entiende?). Pues nada, a amodorrar al paciente que así quedamos tranquilos y nos dejamos en paz los unos a los otros (padres a terapeutas y viceversa).
Pero…, ¿y las neurosis  a las que un buen número de Psiquiatras aplican con sus pacientes terapéuticas no sólo inútiles, sino ilegítimas, de dudosa legalidad e incluso asesinas?. Resulta que en cualquier clínica bien llevada, tanto el diagnóstico como el pronóstico de las neurosis son poco menos que pan comido, a excepción de los trastornos obsesivo-compulsivos, los cuales tienen un pronóstico complicado e incierto. Por supuesto, un buen pronóstico depende mucho del modelo terapéutico elegido y de la idiosincrasia global del propio paciente, pero en general -si se elige bien la terapéutica- los resultados son apabullantes, incluso con pacientes de escasa lucidez natural, ya no digo la adquirida como pueda ser el nivel cultural, grado de formación, etc. Sucede que muchos nos llegan arrastrados de tanto fármaco. En enero del año 2000 el IUSM (Instituto para el Uso Seguro de los Medicamentos y adscrito al Hospital Clínico de la Universidad de Salamanca) señaló que se producen más muertes por el uso inadecuado de los fármacos que por accidentes de circulación o neumonías. Nadie se rasga las vestiduras y, si lo hacen, los laboratorios los visten de Ralf Lauren para que se impongan los “tarugos” fieles a la secta química. ¿Podrían cuantificarse las producidas por psicofármacos recetados sin discriminación ni en cantidad, ni en dosis, ni en nada?. Yo lo percibo en pacientes que me vienen de psiquiatras. En muchos de estos casos, cuando se avanza en una psicoterapia adecuada, los resultados son, como ya se ha insinuado, espectaculares. En muy pocos casos (dos, tres…) puedo decir que la psicofarmacología haya contribuido a mejorar mis terapias. En el caso de Luisa, la “heavy”, que con su delirio místico dentro de un cuadro obsesivo-compulsivo, el Orfidal y el Tranquimazín contribuyeron muy significativamente a diluir en parte el contenido de los pensamientos delirantes, o al menos que éstos no le generasen miedo. ¿Fueron los psicofármacos?. Sí o no, pero me vinieron muy bien, tanto que en otras ocasiones los propuse, aunque los resultados ya nunca más los vi tan tangibles. Tal vez el efecto placebo hizo mucho, pues en los que esperan magia son muy efectivos, al menos en principio. En cualquier caso, del Tranquimazín no me extrañan sus benefactores efectos místicos, pues otro paciente, Andy el cartero, con amplia formación universitaria y un cuadro fóbico severo a cuestas, ante la dificultad que le suponía practicar la “desensibilización sistemática” y las “aproximaciones sucesivas” optaba por la pastillita, con una frase muy sonora tal que así: “a mi plin, yo tomo mi Tranquimazín”. Me consta que, a trancas y barrancas, pero sigue haciendo una vida más o menos normal. 
Con los psicópatas no tengo un extenso contacto, ni lo pretendo, si acaso a través de algunos informes psicológicos o periciales para los Juzgados, y si algo me interesa de ellos es seguir aprendiendo de su dura y perversa personalidad, entiéndase que en teoría sólo, claro está. Y ahora que se citan los informes, en contra de muchas opiniones (¿?, o así) ultraortodoxas, reivindico mi derecho a realizarlos de parte, cargados de pasión, subjetivismo y sólo ceñidos a la búsqueda del bienestar de quien más se lo merece, en ese juego muy a menudo repleto de interacciones mezquinas, chantajistas, manipuladoras, detestables en definitiva; en las que también muy frecuentemente se ven inmersos en medio de la vorágine niños bastante o del todo indefensos. Procurando no conculcar ni derechos individuales, ni nada, aunque a veces tiene uno que echar el freno de mano (más que nada por prejuicios judiciales contra el informante, no por convicción moral) y no cascar a diestro y siniestro. Más de una vez me he repetido a mí mismo que si quien me hubiese solicitado el informe fuese la otra parte, la que por demanda me toca dejar lo mejor que pueda, la sometería a un ataque demoledor. Pero no se me solivianten los ayatolahs del rigor, que yo también me lo pongo por bandera y muy en serio, por crítico que sea con el asunto. No es tan difícil en el proceso pararse, abstraer y concluir a qué parte se trata de tener en cuenta, proteger y  defender si preciso fuese con las subjetivas “verdades enteras” y de las que el perito como experto puede y debe aportar a título personal y bajo su riesgo, sin grafías bonitas que lo acompañen; y no tanto las que se derivan de los análisis estandarizados. En fin , uno piensa que el buen hacer del Psicólogo no ha de estar reñido, antes al contrario debe ser enriquecido, con un estilo personal expresión de unos conocimientos desprovistos de prejuicios que siempre comporta el saber borrego, y provistos de una amplitud de miras e imaginación que amplíe, matice o redefina las teorías más reconocidas, que hasta éstas, por muy útiles y sesudas, también son limitadas. En todo lo anterior subyace el afán por el criterio propio, del que me siento muy satisfecho (bueno, casi siempre) y si otros no pueden sentirse igual no es tanto porque yo los considere tontos o memos, sino porque son ellos los que así se ven o así actúan. Cuestión de autoconfianza, la cual también se entrena. Cuestión sólo de decirse a uno mismo esto como sea lo saco yo adelante. De igual modo quedan pergeñados los campos para los que, bien la investigación teórica o en su práctica tendrían iniciativas, propuestas, matizaciones y podría aportar un activo plan de conocimientos novedosos. Tal vez igualmente en otros temas o aspectos que, al no pretender aquí hacer descripción exhaustiva alguna, sólo una pergeña, no se citan; aunque muy bien podrían de igual forma agitar mis meninges en forma de motivación.
Acabaré con una historia que en su momento me demostró que no me había equivocado de profesión. Cierto día de hace unos cuantos años (yo era del todo novato) una chica joven me llamó por teléfono y con la lengua pastosa hasta el límite de lo ininteligible me confesó que se había tomado no sé cuántos psicofármacos con más de media botella de Ginebra. Se negaba a seguir viviendo (eso decía) y no quería nada más que hablar conmigo. Estaba sola en su casa y no quería acudir a ningún centro y yo tampoco sabía su dirección, pues se negaba a dármela.  Quería morir, sólo morir y en aquel mismo instante (repetía). Después de cinco u ocho angustiosos minutos y no sé cómo, desde luego con mucha vehemencia y convicción, logré convencerla que me diese la dirección y el teléfono, diciéndole la verdad, que llamaría  a las asistencias y las prevendría, como así fue. Yo no conocía y todavía hoy no conozco a esa chica, creo que nunca la conoceré, al menos conscientemente, pero ella sí dijo conocerme y sabía quién era yo. Me enteré después que la operación de “lavado gástrico” había tenido éxito y al día siguiente volví a recibir otra llamada desde el hospital. Era la chica que me agradecía mucho lo que había hecho por ella, me contaba cuánto había aprendido de esta experiencia a valorar la vida y me encumbró no sé cuánto más. Todavía otra llamada de ella ya de vuelta en casa se repitió la historia, pero ahora añadiendo que no quería conocerme más porque se enamoraría de mí, que en parte ya lo estaba y que eso no sería bueno para nadie. Quizá. Todavía hoy no sé quién es la misteriosa muchacha, aunque es una hermosa historia que forma uno de los pasajes más bellos de mi devenir profesional.

Fin