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18 septiembre 2014

¿DÓNDE ESTÁ EL PENSAMIENTO ÚNICO?. IDEAS -¡¡¡GRATIS!!!- PARA UN DISEÑO CIENTÍFICO DE ANTROPOLOGÍA CULTURAL

El eterno delirio paranoico como constante (matemática) en los rasgos de identidad de naciones y nacioncitas

MÁS SOBRE EL PENSAMIENTO ÚNICO

En el país de los editoriales conjuntos

Padres maltratados



      Introducción. Cualquier parecido con la realidad de lo que a continuación se narra será pura coincidencia, o debiera serlo, pues la tozuda y delirante realidad supera a menudo la imaginación más lisergicoalucinógena de cualquier redentor orate. Sitúen la historia en un país imaginario -o no- ávido de ser el ariete salvador del vanguardismo insustancial y vacuo que sólo una mente espongiforme (osea, con huecos interiores por donde se escurren las ideas) puede concebir y dar pábulo. Este imaginario país supónganlo constituido por otros pequeños países que, por mor de una legítima demanda, han conseguido parte del pastel en transferencias judiciales, con los consiguientes funcionarios propios. Entre éstos, no pocos han ganado la plaza por méritos -digamos- distorsionados. Es decir, para acceder a una sección funcionarial relacionada con la psicología no es prioritario saber algo de psicología, sino dominar idiomas (cuyo conocimiento, no se sabe por qué extraño arte de magia, te permite alcanzar cualquier otro tipo de saberes) y estar dispuesto a apuntalar la secta. Muy bien pensado, no me digan. Estos cualificados “expertos” (y sobre todo “expertas”) han tejido una red de confusos valores invertidos (el malo en no pocas ocasiones suele acabar siendo el bueno) y ahora manejan la burocracia cual ejército de salvación en defensa de las desvalidas. Han creado los S.S. (con perdón); o sea, los servicios sociales que, por medio de un ejército organizado en escuadras guerreras mayoritariamente “femininistas”; fiscalizan toda clase de comportamientos, en particular si se refieren a los del varón que, por lo muy general, es un irredento machosexista. Faltaría más. Pongan como protagonistas a una pareja de las de antes, el padre (él, para nosotros a partir de ahora), la madre (ella, tal cual el padre) y sus respectivas familias. Pelean (en sentido figurado, leches, no me vaya a venir el ejército de salvación amenazándome con redimirme de mi apostasía) por la custodia de un niño varón (perdón, otra vez), de tres años de edad. Con la mejor de las voluntades -craso error- y la ilusoria esperanza que el perfil del padre en apariencia del todo normalizado facilitase el logro de conseguir para sí la custodia; el abogado del padre aconseja a su mandante que consienta ser evaluado por la sección de los citados SS (con perdón). Y tanto él (el padre), como ella (la madre) acuden solícitos a la consulta. Ella pertenece a una familia atomizada, más que desestructurada; pero bueno, ningún hijo es responsable que sus padres sean unos tarambanas y unos botarates. Él, a una familia estructurada al modo tradicional o clásico-naftalinoso, de roles muy marcados que por momentos la hacen algo obsesiva y rígida, pero de las convencionales  y con valores sociales sólidos, si bien ahora están perdiendo esta fe por lo que les está sucediendo. Por supuesto, componen en conjunto un ambiente muy cálido y protector para el menor.
      Hecha  esta somera introducción que nos contextualice el tema, paso a exponerles datos concretos de la evaluación psicológica llevada a cabo por la rutilante e independiente funcionaria de los SS (con perdón), experta en idiomas y casi en psicología, y no serán necesarias muchas explicaciones para que cada cual saque sus propias conclusiones a poco que quiera. No son necesarias muchas luces, así que hasta los SS puede que entiendan.  

      Cuerpo. De entrada, tras leer los tres o cuatro primeros párrafos ya sabes por dónde van a ir las conclusiones. El Informe es así de burdo y tan zafio como grosero. Hay momentos que el escrito adolece de un bucolismo insoportable y hasta apestoso. “En aquest sentit, l’àvia materna parla amb afecte i preocupació del nen, fent una descripció profunda del caràcter del nen, dels seus jocs, dels seus hàbits, d’allò que menja... descriu un estil de criança ÒPTIM quan descriu protecció, afecte i espai per a la descoberta i autonomía del nen”-sic-. Sinceramente, quien esto escribe duda mucho de las capacidades de esta digna persona para descripciones tan sesudas y hondas; y seguro que el estilo de crianza óptimo no se lo cree ni usted, cínica y desvergonzada funcionaria. Se observa además en este parágrafo que la familia materna ya empieza a dar señales de sus profundos conocimientos psicológicos, o quizá fueran los literarios de la funcionaria al interpretar tan bien y con tanto mimo conceptos que con toda certeza le expresaron en forma más bien parca. La sagaz informadora, tras indagar sobre las relaciones de la pareja, la describe a ella con frases como…“en aquest sentit, EXPLICITA AMB TRISTESA…, o…“plora quan connecta amb aquests arguments, percebent que tard o d’hora això malmetrà psicologicament el menor…”¡Qué bonito!. De las visitas de los Mossos al entorno materno, dice la entrevistadora ”aquesta situación és viscuda amb molta angoixa i tristesa…”¡Pobre!.
      Apesta también un flagrante trato discriminatorio y tendencioso. Por ejemplo, de la abuela materna se dice que es pensionista. Sin más. O no se le pregunta por qué razón, o de saberlo se omite por carecer -al parecer- de importancia. Sin embargo, a la abuela paterna sí se le pregunta y ante la negativa a exponerlo la acogota y lanza una patada a la espinilla en forma de “no nos quiere decir por qué es pensionista”. Todo un demérito el ser pensionista por algo y no contarlo, como si esta familia no fuese en realidad de lo más adaptada e integrada para los tiempos que corren todavía no del todo desquiciados, aunque para allá vamos. Y añade de la abuela paterna que fa un pla custodi que per rol no li pertoca, mostrant-se enutjade quan se li recalca aquest aspecte”. Pues en todo caso no le importaría continuar con el plan que ya siguió hasta prácticamente los dos primeros años del niño. Desde luego a la familia de él -repito- tan corriente, le cae la del pulpo y la acribilla a expresiones incluso insultantes como que tienen un discurs egocentrat, sentiments depressius i catastrofisme…apareixen idees de complot, d’engany...", etc. En este Informe tienen las razones y la prueba de ese complot y persecución en toda regla. Las decisiones las toman los abuelos paternos: “Es copsa que els avis exerceixen una gran influència en les DECISIONS DEL PARE quan els seus PENSAMENTS, EMOCIONS I ACCIONS són realitzades en comú en la gran majoria d’ocasions”Jo, qué manera de someter a un hijo, si bien en la elección de la compañera de su vida se soltó el pelo porque fue a elegir una que nunca hubiera elegido ninguno de sus padres (de él). Cuando el Informe habla del  índice de “desitjabilitat” en los resultados del test, o lo que es lo mismo, las ganas de quedar bien que todos practican cuando son examinados para estos menesteres, en ella no cita esta palabra y lo expresa con…“…esbaixa el perfil clínic del test…” y “nivell de sinceritat ÒPTIM” -sic-. De él, agárrense: “…index de sinceritat molt baix”…, ítem de destjabilidad molt alt”Sin términos medios. Sobre el perfil de éste  “…dependència emocional respecte dels altres… De ella matiza con algo de poesía y lo expresa …”tot i que té tendència a seguir les pautes que li marquin persones que signifiquin emocionalment quelcom per ella…”. Esto suena mucho mejor que “manipulable” o que  “dependiente”, que es lo que con contundencia se afirma sobre el padreÉl cambia de actitud cuando están sus padres (lo habrá visto ella, yo no) y lo califica directamente de mentiroso  sobre no sé qué asunto de un piso respecto a lo cual nosotros sabemos que no miente. Pero en fin...
      A lo largo del Informe se evidencian numerosas aseveraciones (“molta intrusió”; "actitud persecutòria i assetjadora”, p.e.) que la informadora pone en boca de la entrevistada y adorna el discurso con expresiones que la entrevistada muy difícilmente podría  utilizar, dado su nivel de formación. Si no, lean: Defineix  (¿quién “defineix”, la entrevistadora o la entrevistada?) un estil educatiu patern molt mediatitzat -sic- per les figures dels avis…., fet que contradiu el seu propi estil definit como afavoridor de l’autonomía…. Manifesta el seu desig de socialització del nen. Lo de “afavoridor de la autonomía” y exploración del espacio lo han llevado tan a rajatabla y al pie de la letra que hasta hay evidencias que muestran al niño subido en el cuarto o quinto peldaño de una escalera de mano habilitada en una terraza de un segundo piso. Pues sí, a eso se le llama favorecer la maduración neuromotriz. Caramba, caramba, esta mujer y la familia entera son un pozo de conocimientos psicológicos.
      El Informe está plagado de contradicciones con afirmaciones del tipo…”és oberta…", o… “Quant a la relació maternofilial, la Sra. Laínez PARLA AMB TENDRESA…, -sic-, y un poco más adelante…"no mostra gaire els seus sentiments..”, lo cual resulta de extrema importancia y quien así se comporta es, cuando menos,  de dudosa fiabilidad. Y además, en qué quedamos, por un lado nos dice que no expresa sus sentimientos, pero por otro nos dibuja una escena cargada de un bucolismo artificioso y de todo menos natural.  La expresión “tendresa” (aplicada a ella, claro) es tan recurrente como el regüeldo a sardina y sale en diversas ocasiones (”parla amb tendresa”), así como el jabonoso y dulcificador término  ÒPTIM que lo utiliza al menos cuatro veces, como si este vocablo pudiera formar parte de un Informe riguroso, con voluntad objetivadora y creíble. Rebosa también de banalizaciones respecto a temas importantes sobre los que pasa de puntillas o directamente no pasa, como el perfil de ella en general y su relación con el mundo de las drogas, o su inestabilidad emocional, o la naturaleza desestructurada del entorno materno, así como  afirmaciones gratuitas, tal cual…. i amb posterioritat, porta una vida harmònica lluny de problemàtiques”. ¿Pondría la informante la mano en el fuego por mantener esta aseveración?. Hay omisiones graves. No se sabe si ya tiene nuevas fuentes de ingresos que no sean los cursillos. No se detalla ni concreta si ya ha conseguido trabajo. ¿Lo ha conseguido, o sus ingresos seguirán viniendo por vías atípicas?. La aportación material realmente significativa siempre ha corrido del lado paterno. ¿Quién si no ha provisto siempre al entorno familiar de un sueldo regular?. De igual modo se echa en falta el relato de la ANAMNESIS del niño, desde el embarazo hasta el primer año de vida, pues es fundamental. Por supuesto, todo ello indigna a la vituperada madre: “S’índigna devant aquestes manifestacions i més quan la Sra. Rosa ha tingut un embaràs amb seguiment mèdic correcte"No es nada difícil comprobar quién se ocupó de ello, y en realidad se  sabe pero se calla.
      El escrito es ubérrimo en jucios de intenciones, de modo que respecto al padre y a los abuelos paternos señala que su actitud es“…un questionament constant a les seves funcions maternes, un excessiu control del menor i de la relació materno filial, aixì com MOLTA INTRUSIÓ PER PART DEL AVIS PATERNS A LA LLAR…”. ¿Pero quién se ha creído que es esta inquisidora de almas para osar hacer este juicio de intenciones?. O…“...va actuant de forma persecutòria y assetjadora respecte a ella y a la relació materno filial…”Por si fuera insuficiente, lo de“assetjada” lo insiste hasta la arcada. En boca de ella pone que…“descriu un pare molt controlador i possessiu…”o “…tot aquell estil que es distanciï d’aquest model els deperta sospita i preocupació…”Lo dicho, esta chica (la madre o la informante, qué más da) es un portento en psicología. Y ahora algo tremendo: ”L’ÈSPECTATIVA JUDICIAL DEL PARE RESPON MÉS AL DESIG QUE EL AVIS PATERNS TENEN RESPECTE AL MENOR QUE A LA VIABILITAT D'UN PROJECTE CUSTODI PATERN…”. Primero, no sólo vuelve a juzgar intenciones, sino que ahora menosprecia también al padre de modo inaceptable y falaz. Segundo, ¿responde la entrevistada o responden por ella?. Por cierto, el entorno paterno tiene clarísimo el “pla custodi”, pero teme quedarse sin ninguno. Ànim depresiu força acusat del pare…”. Olé diagnóstico. ¿Quién lo diría?. Pues no lo es ni aun teniendo que soportar zarpazos como los que se le propinan en esta especie de Informe. Sobre los abuelos paternos indica que juegan su rol…“Situant-se com a figures parentals, més que d’avis”¿En qué basa tal aserto?. ¿En la actitud sobreprotectora con sus allegados, incluida la bisabuela?. ¿Hay un perfil determinado de abuelos buenos y malos?.
      Las inexactitudes o directamente mentiras jalonan el documento. Vean, si no.  Como se ha anticipado,  ella -tal que dicen- ha coqueteado con las drogas y lo expone como sigue: “...un problema amb les drogues de 5 mesos de dependència, quan tenia 20 anys”. Eso es mentira. Ni es así ni puede serlo en la inmensa mayoría de los casos análogos al que nos ocupa. No hay nadie muy dependiente, si no adicto, que haya sido dependiente y/o adicto a nada “durante seis meses”, como el que hace un viaje a la Patagonia, que es destino lejano. Más: “l’embaràs del Marc arriba sense gaire planificació, essent ajudats per ambdues famílies...“. ¿Ah sí?. ¿Tiene pruebas o es una afirmación gratuita?..., aunque destacada, ¡cómo no!. La informadora si no es tonta (?) debe saber que eso no sólo es clamorosamente parcial, sino radicalmente falso. De los SS (con perdón) domiciliarios (la policía guardiana de los valores de la secta) nos dice que visitan el domicilio materno y… “trova el pis en condicions òptimes…”. Malo, eso quiere decir que no es real. Por otra parte….¡y dale con el término “óptimo”!. Otra. ”des de fa 6 anys resta abstinent de qualsevol substància estupefaent”¿Cómo saben eso?. ¿Aportan alguna documentación o evidencia?. Ni una. 
      Rematan el documento auténticas aberraciones científicas acompañadas incluso de rastreras amenazas. Sigan. “…no es desprenen indicadors que suscitin comportaments de negligència materna”Desde el primer momento ya se veía venir esta conclusión: “Pla custodi, poc sòlid, amb força contradiccions” (referido a él, por supuesto). El mundo al revés. Si el de la madre es tan bueno, ¿por qué no se nos aporta la ANAMNESIS del embarazo y el primer año de vida?.  El colmo de los despropósitos, e incluso infantilismos del tipo “pues ahora no t’ajunto”, es lo del PUNTO DE ENCUENTRO. Pero ¿a quién se trata de proteger?. ¿Se protege así al niño?. ¿Acaso ha sido la madre agredida alguna vez?. ¿Pero quién ha sacado el niño adelante su primer (o primeros) años?. ¿Quién y cómo ha sido?. Léase lo del PUNT DE TROBADA: “…es podría veure restringit el règim de visites paternofilial…”.  Pero bueno, ¿es real lo que se está leyendo o es un mal sueño?. ¿No es esto una amenaza palmaria que a quien menos considera es al niño?. Por Dios…

      Epílogo. Es este Informe del PATAF (o algo así) perverso, si no directamente facineroso, maniqueo, malintencionado, inmoral y -por supuesto- carente del más elemental rigor científico. Quien esto escribe en su inocencia creyó que sería el mejor aval para esta familia, pero se equivocó, pues SIS (Su Ilustre Señoría) o no se lo leyó, o no sabe leer en clave jurídica  y sobre todo forense, o sí lo hizo e incluso lo entendió, pero se lo pasó por el forro de la toga, por adscrita o simpatizante de la secta (de ser así, ¡qué pavor). A él, tras decírseme que hasta se le habría amenazado con “menos niño y más pasta” (la verdad, me cuesta creerlo), al final fue una tarde más con niño y menos pasta a añadir a las asignaciones de ella, de las cuales ha ido haciendo su “modus malvivendi”.
      A la familia paterna aun siendo personas imperfectas, aunque sin excesivas tachas, sólo por una arraigada pero muy lícita obsesión que los ha llevado a parecer ante algunas instituciones como unos “pesados insoportables”, han ido calificándolos a lo largo de todo el relato poco menos que de paranoicos. ¿No es justamente este Informe una irrefutable demostración que sí han sido y están siendo objeto de un complot aún vigente por negligencia y/o mala folla (una de las dos o las dos) de los responsables?. ¿Son paranoicos o tienen sus razones para sentirse perseguidos?. ¿O quizá son sólo obsesivos sobrados igualmente de razones?. ¿Pero cómo no van a desconfiar con esta sarta de impertinencias, en su sentido más amplio?. En fin, a los miembros de esta familia se les podrá acusar de algunas cosas, por ejemplo de “mala imagen” y “pelmas” por estar en parte ofuscados con su nieto, pero no de no volcar en el menor toda su dedicación y responsabilidad. Y respecto a “dependencias”, bendita sea la que este muchacho (el padre del menor) tiene con sus padres. Ojalá más gente pudiera tenerla. En opinión de quien suscribe, el resultado más sensato y ajustado a rigor hubiera sido, al menos los dos siguientes años, una custodia para el entorno paterno, pero con días entre semana y hasta noches con sus pernoctas incluidas, pues dadas las condiciones ya existentes hubiera sido posible. Todo -claro está- en función de la actitud de la otra parte que, tal como salió de la estancia judicial; esto es, blandiendo sus dedos corazón por encima de las cabezas de todas ellas (constituían aplastante mayoría, por un solo señor -con perdón-) y llamando al abogado contrario “hijo de puta”; pues -la verdad- no cabe esperar mucha sensatez. Y esto no acabará aquí, por más que si sucede algo (me refiero a accidentes) casi nunca paguen por ello los auténticos responsables.
      Así que, vistos los penosos precedentes ya saben el batacazo al que se exponen muchos padres varones (por cuanto ahora puede haber padres mujer, aunque se les denomine progenitor-35 XXL ), de confiar a los SS (con perdón) de esa insigne y sabia institución denominada PATAf (o algo así) sus -en muchos casos- legítimas y justas aspiraciones. Por lo que se desprende de este documento, la justicia en esta nación de naciones y en las naciones de esta nación es no ya ciega, sino bizca, patizamba y muy fea. Ah, y no ignoro que la publicación de este artículo supondrá para determinada gente no sólo una herejía políticamente incorrecta, sino que incluso pasaré a ser sospechoso de maltratador o, en el mejor de los casos, de connivente con ellos. Es lo que hay.
      Para finalizar permítame el lector allende los dominios catalanoparlantes mantener las frases textuales en catalán, en parte por no ofender a los lectores de este ámbito, en parte también porque yo (les aseguró que alejado de cualquier secta, incluida la idiomática) les recomiendo se familiaricen y hasta vayan sabiendo de esta hermosa lengua, y para algunos será incluso bueno el aprenderla.

Del proyecto "El mundo según el Diantre Malaquías"                                 



15 septiembre 2014

Psicología y decencia profesional

      Pretende este artículo ser un alegato contra intrusos, advenedizos e ineptos en la profesión psicológica puesto que, con excesiva frecuencia y por una -hasta cierto punto- lógica tendencia a la generalización en la gente llana, ponen en entredicho el prestigio de todo el colectivo a tales menesteres dedicado. Ello supone, primordialmente, reivindicar para este campo de actuación laboral la fundamentación teórica, la sistematización y planificación rigurosa, la cualificación conceptual, formal y el carisma personal de quien la ejerce; en definitiva, el carácter científico y en absoluto asistemático, burdo o exotérico que unos aplican y a otros les atribuyen. Debe remarcarse lo del carisma personal y el método, por cuanto el psicólogo no dispone de pastillas que ataquen el mal. Si acaso, y no siempre, las hay que lo aplaquen.

      ¿Tan desacreditados están este tipo de profesionales que necesitan ser desagraviados y resarcidos?. Ciertamente. Basta pisar la calle y hablar con legos en la materia -unos- y otros que no deberían serlo tanto (maestros, médicos, etc.), para percibir la escasa reputación de la que gozamos. Y lo que es peor, cuanto dicen de nosotros lo hacen como si todos hubieran de cuadrar en sus estereotipos. Sin embargo, como en cualquier tópico, no les faltan razones porque son, al parecer, demasiadas y demasiado “negras” las excepciones al buen hacer. No, yo no soy perfecto -claro que no-, pero trato de reconocer mis imperfecciones para hacerlas perfectibles; tanto que nunca pondría impedimentos a debates o a establecer polémicas públicas o privadas sobre ciencia en general, y en concreto sobre ciencia psicológica. Por tanto, creo justificado mi interés para, con la mayor firmeza y todos los medios a mi alcance, poner coto a incompetentes, farsantes, “brujos” y titulados en Morbilandia; a lo que se ve, únicos responsables de tan rastrera credibilidad y aceptación.

      Para corroborar mis tesis sobre ineptitud, podría exponer múltiples comunicaciones y experiencias de las que soy depositario, aunque es tal el volumen de arbitrariedades y aberraciones, que pretender dar cuenta de todas sería labor tan ardua como hilvanar el horizonte. Y no es lo anterior hipérbole descabellada para lo que uno siente. Vayan unas cuantas como botón.

      Entro en la casuística. Es el primero de los casos referido al ámbito del psicoanálisis (o así), sobre el que -¡Dios!- cuántas majaderías se han vertido y aún se vierten. Y entre sus teóricos no escasean los de una extraña “escuela” surgida allende hemisferios y océanos. Del que ahora me ocupo da todo el tufillo. Trata de un artículo publicado en una pretendida revista de contenidos inversamente proporcionales al respetable índice de ojeadores (sería una ligereza y una inexactitud decir lectores), y en el que un presunto psicoanalista presenta una especie de visión analítica ¿...? del amor. Viene a decir que la actual concepción y práctica de este fenómeno es pura “fornicación” (sic). Pues bien, es tal la carga de prejuicio y tabú en la anterior sentencia, que uno se pregunta cómo una persona con esas “dotes” puede tratar y ajustar conflictos, vinculando el sexo a un sentimiento moralizante y culpabilizador. Les aseguro que un “técnico” así no tiene ni puñetera idea de lo que se lleva entre manos. Cayendo en su juego, se me ocurre pensar si ese señor no tendrá serios aprietos (o al revés) con su pito.

      Otra de morro. Tiene relación con una logopeda (titulación -por cierto- que en su momento no existía, de forma equivocada a mi entender) tan cínica, sibilina y tendenciosa que, con la mayor de las impudicias, rotuló un tiempo su gabinete como “Centro de Psicología”. Entiendo que cumple una labor (¡allá con su licencia fiscal!) y tiene derecho a ejercerla, pero como centro de logopedia y no de otro carácter, para lo que no está ni legalmente acreditada, ni técnicamente preparada. Siendo, como exclusivamente es, su función la educación mecánica de la pronunciación de sonidos y fonemas, acepta además casos con disfunciones más extensas, profundas, basales o funcionales, que precisan de conocimientos más cualificados y específicos que la logopedia no contiene. Desde luego, puedo confirmar con datos y sujetos los escasos (un eufemismo) resultados conseguidos. Como solución a tal erial -digo yo- suele proponer la alternativa “terapéutica” del cambio de colegio, por si acaso en el nuevo fueran más benevolentes con las calificaciones, que luego va y no lo son tanto como para tapar su inoperancia. Ya ven hasta dónde puede llegar el engaño. Por supuesto que la mayor responsabilidad es de los padres. Ellos son quienes deberían elegir mejor informados y con criterios más responsables, y no tanto por otros que huelen a simple autojustificación o a equivocadas vergüenzas; pero también la jeta de la pretendida psicóloga es granítica. Callos en el morro que se dice.

      El siguiente hace referencia expresa al mundo de la educación con el que, por maestro o por psicólogo, mantengo un estrecho contacto desde hace lustros y hasta décadas. El protagonista del relato cursaba a la sazón séptimo de E.G.B. con calificaciones ínfimas. Desde primero acude a un Centro Médico de ésos donde, si existen tantos especialistas (más los subespecialistas) como especialidades dicen tener, a buen seguro que el personal saldría por la ventana, así dispongan de un bloque entero. No es este sujeto, no lo fue nunca, de comportamientos antisociales, aunque sí un tanto agresivo, inquieto, agitado; en definitiva inmaduro en la faceta neuromotriz y quizá también en la afectiva. Ya cuando estudiaba tercero me enteré que le habían recetado vitaminas. ¡Lo que le faltaba!. Hoy sigue igual que el más remoto entonces en cuanto al rendimiento académico, eso sí, mucho más acelerado. Por lo visto, en lugar de intervenir con métodos y ejercicios, que los hay, optaron por hacerlo vía vitaminas. Un prodigio.

      Otras cuantas pruebas condensadas. La primera, una vergonzosa pericial psicológica que determinó (por fortuna, sólo temporalmente) la tutela de una hija por parte del padre, en cuanto la madre era lesbiana. Pues si llegan Vds. a enterarse cómo era el padre, corren a gorrazos a todos los implicados en tal decisión. Los hay que trabajan el estrés con aceite de almendras. Puedo aceptar esta técnica como accesoria, pero jamás como definitiva porque no llega, ni por asomo, al fondo cognitivo y conductual del problema. Sé también de supuestos psicólogos que con sus actitudes aceleran (diría que hasta empujan los últimos) ciertos intentos de suicidio. Es muy fuerte, cierto, pero podría contar una bonita historia que estuvo -no obstante- a un tris de ser tragedia; y no lo hago por respeto a la persona involucrada en el asunto, aún en fase de recuperación. Seguiría, lo aseguro.

      Ante tal panorama, no está de más que una institución legal y formalmente constituida, cual es el Colegio profesional de Psicólogos, aparte de proteger y favorecer la labor de sus afiliados, pueda controlarla ética y deontológicamente y ser, al mismo tiempo, depositaria (con competencias para resolver) de las denuncias que puedan (y deben) formular aquellos pacientes que se hayan sentido defraudados, burlados o vejados. Como testimonio de lo anterior, cabe señalar que en el Col.legi Oficial de Psicòlegs de Catalunya (C.O.P.C.) ya se ha tramitado algún que otro expediente disciplinario a profesionales desmandados. Por otra parte, ni para entes estatales o autonómicos, públicos o privados, oficiales u oficiosos; nadie que no esté colegiado puede ejercer legalmente ciertas actividades. O al menos debería ser así, creo yo. Pero tampoco a quienes desempeñamos lícitamente la tarea de Psicólogos (con mayúscula) nos sobrarían mayores dosis de autocrítica y rigor. ¿Qué grado de sistematización (lo contrario es la improvisación) contienen las terapias empleadas? . ¿Hay correlación entre las técnicas utilizadas y la evolución del problema? .¿Qué sistemas de evaluación y control se aplican al sujeto inmerso en el tratamiento? . En conclusión, ¿cuánto hay de método y cuánto de falacia en el ejercicio de la profesión? .

      Existen, sin embargo, otras preguntas que no son tan rimbombantes aunque sí, por populares, mucho más prácticas. ¿A quién elegir?. En mi opinión habrían de ser ante todo titulados. Ya sé que el título no asegura la aptitud, ni el carisma, ni -lo que es peor- el equilibrio personal (en todas partes cuecen habas, ¿verdad?); pero al menos garantiza un cúmulo de conocimientos pertinentes, y no extraños principios de charlatán o nigromante. Un titulado inexperto, si bien con buena base epistemológica y documental, está preparado para superar eficazmente el reto constante que supone esta digna (como cualquier otra) profesión. Yo mismo me sentiré colega (en la acepción denotativa del término) y ofreceré mi leal colaboración a quien del colectivo me la demande. No así con quienes han contribuido, muy particularmente piratas de aquí o allá, a esta negra fama. Otra cuestión. ¿Es la colegiación signo de competencia y eficacia?. Pues tampoco pero, por lo asequible que resulta y las ventajas que comporta, el que no está colegiado o es porque no se puede acreditar como titulado, o bien porque algo no está claro.

      En fin, si quieren hacer una buena elección, en caso de duda exijan los documentos oportunos (título universitario y colegiación) que legitimen la edecuada profesionalidad. Si cumplen los requisitos, algo más seguros (que no del todo) podrán sentirse.

El Diantre Malaquías, pseudónimo

Psicología y escuela




Calidad de enseñanza
       La significación de esta expresión suele asociarse, de forma simplista y excluyente, a conceptos tales como más patios, menos alumnos por clase, más participación de los padres y otros que, siendo positivos, son secundarios o no determinantes. Incluso algunos, en determinadas circunstancias, en lugar de favorecer lo que hacen es interferir en el proceso educativo. De ello resulta un sugerente ejemplo el de aquel padre de barrio obrero que, en reunión colegial de la comunidad educativa, reclamaba Marxismo como asignatura para su hijo, aún niño.
       Sin embargo, otras significaciones de esta misma locución, sea por desidia, prejuicio, o supina torpeza se ignoran o descalifican. Entre ellas podríamos destacar la consideración de la enseñanza como profesión que requiere una gran vocación (por oposición a esa otra que la presenta como una titulación media, de logro relativamente fácil, con pocas horas lectivas y muchas vacaciones que, aparte de dar acceso al funcionariado, garantiza de por vida un puesto de trabajo, se sea o no competente), que exige un inequívoco compromiso de autoformación (cultivo intelectual) permanente, que demanda una gran cualificación y profesionalidad de los enseñantes, que aprecia y tiene la figura del Psicólogo y/o del Psicopedagogo como adecuados supervisores y correctores del devenir, tanto personal como educativo, de los individuos educandos, etc. Pero claro, sigue dando la impresión que tanto esta variedad de acepciones, como el cometido de estos profesionales siguen sin estar justamente valorados.

Prejuicios hacia el Psicólogo
       De forma profusamente extendida al Psicólogo se le tiene miedo, pues -guste o no- somos fiscales que escudriñamos el alma individual y colectiva, o bien es percibido de forma distorsionada según innumerables y errados prejuicios -no siempre bienintencionados unos, profundamente estólidos otros- que llevan a representarlo como un domador de seres irrecuperables y sin remedio, o poco menos. Recuérdese que no es poco frecuente oír entre quienes se refieren a este profesional expresiones del tipo “eso es para locos”, y otras de inequívoca zafiedad. Y aunque todo esto no merezca más comentario, sobre semejantes ejemplares cabría señalar que quizá crean tener mucho que ocultar, siendo de rigor recomendarles el ejercicio de la autocrítica que redima en lo posible (?) su inveterada ignorancia. No obstante, hay quienes con buena voluntad, sencillez, y aún a veces por moda, acuden a este especialista con actitud abierta y franca. Su leal colaboración será clave para que el proceso iniciado muestre toda su eficacia. Ahora bien, debe quedar claro que el Psicólogo no es cual cirujano que arranca el mal de cuajo. No. Los efectos de la terapia no son inmediatos y puede que apenas se muestren tangibles a medio plazo. La tangibilidad, los resultados concretos, que son posibles y además operacionalmente medibles, necesitan tiempo y -dada su importancia, insisto- colaboración por parte de los tutores de los sujetos del tratamiento.    

Seguimiento psicológico
       ¿Cuál es pues la función del Psicólogo en el proceso educativo?. Evidentemente la de hacer un seguimiento psicológico de los educandos a través de exploraciones programadas o coyunturales que, con una cierta precisión, permitan evaluar aspectos de la persona como tal (psicomotricidad, aptitudes, actitudes, etc.). Este conocimiento debería aprovecharse como valiosísimo banco de datos, tanto para los archivos de cualquier colegio, como para los propios responsables más directos del sujeto explorado. En este punto, y por retorcidas que puedan ser las interpretaciones, no ha de sentirse ningún rubor al resaltar la importancia de “chequeos” psicológicos periódicos, con el único fin de contrastar si hay evolución, o en qué dirección se evoluciona. Disponer de estas informaciones resulta de un innegable valor y utilidad.
       Pero la tarea del especialista no acaba en el diagnóstico, sino que ésta se continúa con el tratamiento de carencias diversas, las cuales pueden llegar a bloquear toda posibilidad de desarrollo normalizado. Y este tratamiento debe realizarse incidiendo sobre aspectos ya reseñados en este mismo apartado con otra terminología (desarrollo motriz, desarrollo de la capacidad de abstracción, madurez emocional, etc.), para hacer así funcionales las potencias que sin duda existen en cualquier individuo. Conviene insistir una vez más en lo prolongado del tratamiento a seguir,  puesto que en este argumento se basan los necios y/o maledicentes para desprestigiar la profesión psicológica que, pese a quien pese (pienso en particular en médicos tarugos y sectarios), tiene un brillante futuro por delante. También en lo imprescindible de la colaboración sincera e incondicional de la familia, así como la necesidad de un diálogo coordinado y abierto entre los constituyentes de la comunidad educativa.
       En definitiva, es inexcusable responsabilidad de la familia, si bien bajo asesoramiento de los docentes y/u otros expertos, la decisión última de acudir al profesional de la psicología. Eso sí, debería ser con mente abierta, deseos sinceros de cooperación y con inequívocas intenciones de conocer mejor y querer más equilibradamente a sus hijos. En estas condiciones, la relación integral establecida entre las diferentes partes del proceso pronto se mostrará como eficiente, y la escuela acabará siendo un placer más en la vida del niño.
                                  
El mundo según el Diantre Malaquías

10 septiembre 2014

En el país de los editoriales conjuntos



      Yo vivo (y trabajo) en “el país de los editoriales conjuntos” donde la prensa de alcance, en un inusitado ejercicio de una pluralidad más vocinglera que real, insertan en sus periódicos (apenas “normalizados”, por cierto) editoriales al unísono, cual inequívoca expresión de lo unidos que están (sobre todo por las subvenciones y otros cobros en concepto de supuestos servicios prestados a la ciudadanía). Es éste (con acento) el país donde el periódico más leído (¿) lo es porque contiene menos letras que ningún otro, apenas es tendencioso y el volumen de errores ortográficos no llega a vomitivo. Por lo visto y para tapar lo que sus maledicentes tildan de mediocridad e incompetencia, hablan de modernizar la lengua, de modo que si no se sabe dónde (con acento) va una hache, como no se pronuncia y ello es poco práctico, pues van y la suprimen. Osea, que según las calumnias escriben (¿, o así ) en lenguas, pero no enseñan en ninguna.

      Un periódico de “el país de los editoriales conjuntos” que con gran dominio en lenguas, además de serio, profundo, riguroso, paladín y espejo donde se informan y forman (no deforman, ca) los punteros ciudadanos de este país a la cabeza de Europa en dominios y competencias varias (muy en particular lingüísticas); bien, como decíamos en este periódico nos advierten que el sentimiento independentista de la nación de aquí es ya cercano al 50% (por lo menos), lo cual es incuestionable si se consideran las riadas de votantes que acuden a los referendos de entrenamiento que se están produciendo a lo largo, ancho, alto y bajo de la nación de aquí. Si hubiésemos de plantear una pinza precisa y ajustada, se diría que ese sentimiento está muy arraigado en una población de entre el 2% y el 90%, tirando más para el 90%. No lo duden, que lo dicen los rigurosos medios de la nación de aquí y además para qué cuestionárselo si lo que nos dicen ya está bien. Para qué hacer un esfuerzo mental inútil si ellos ya saben lo que queremos. Dejémoslos que nos formen. Los especialistas en información de este país son fantásticos y de récord Guiness -por ejemplo- en mermar o inflar manifestaciones contra las guerras antes y después de un cambio de gobierno, a conveniencia y según el color de sus ideas, aunque con posterioridad las guerras continuasen tan cruentas como en su inicio. Igual que en embaucarnos con que dos elementos muy parecidos no son nada iguales. Maestros de la propaganda que cala en quien cala. Quieren hacernos creer, y lo consiguen con buenas razones (o al rebaño, o caerás bajo el estigma), que en un país de ocho millones de habitantes una minoría de ellos (no más del 15%) que los gobierna y legisla (que es gobernar pero en más cercano e inquietante) es la única representativa y con voz (y voto) de la totalidad del territorio, que será patria a las buenas o a las malas (pero sin terrorismo, ¿eh?). Hagan cuentas y entenderán qué proporción del taifatado vota, y a qué parte del taifatado se refieren cuando hablan de representantes legales (¿también legítimos?) y únicos del territorio y de sus gentes. ¿Al que votó A o al que votó B?. ¿O al que no votó ni A ni B?, que son legión. Supongo, según indican los medios de Madrid, que ese taifato es el suyo, el de quienes se agarran a sus prebendas como hienas a las vísceras de su presa (¡qué fuerte!), el subvencionado y silenciado con parné, pero todo por una buena causa como la de ir purificando esta patria nuestra. Su finca particular, en fin. ¿Maestros de la propaganda, unos, o acólitos prototipos de seres unicelulares de entendimiento parco, los otros?.

      En “el país de los editoriales conjuntos” hay medios de comunicación que tienen una forma muy singular, didáctica, pedagógica y nada sectaria ni maniquea de informar. Éste es el reciente caso de dos equipos catalanes que jugaban un partido de fútbol de promoción para ascender de categoría, en el transcurso del cual y al final del mismo se produjeron violentos incidentes y enfrentamientos que un medio de la nación de aquí transmitía y que de inmediato censuró y cortó las imágenes pues, como es lógico y cabría esperar de tan civilizada nación, se trata de trasmitir sólo deporte y no otros aspectos. Si esas mismas imágenes se hubiesen producido en tierras allende el Ebro, entonces (con muy buen criterio, todo hay que decirlo) sí se habrían emitido, para mostrar y enseñar lo que no se debe hacer y de paso poner en evidencia lo cafres e incívicos que son por esas tierras. Incluso un directivo del equipo perdedor (de apellidos tan castizos como -un suponer- Agüero Peláez) realizó unas declaraciones ante la cámara culpando -cómo no, a quién habría de ser- a España y a la Federación Española de Fútbol del atraco a mano armada perpetrado contra su equipo catalán (como lo era también el contrario) durante el partido en cuestión. Tan sugerente todo como siempre. El CACA (Consell Audiovisual de Catalunya Aindependiente) ya vela por nosotros, por nuestro bien y dice que eso está genial por su imparcialidad y otras cualidades que sólo tenemos aquí, o casi. De pensamiento único, nada de nada, que eso sólo pasa en la meseta, pero no aquí.

      Algunos españolistas critican a los especialistas en comunicación de este “país de los editoriales conjuntos”, a los que acusan de ver paja en ojo ajeno, cuando ellos llevan -dicen- todo un tejado de vigas clavadas en el propio hasta atravesarles el occipital. La brunete mediática (jo, ¡qué pesadez!) vierte sobre ellos la infamia de callar lo de Horta de St. Joan (hasta donde pueden, que la pela es la pela), la de ocultar que el Cual de Interior estaba en Mallorca cuando la nevada (ésa es otra), etc.; todo ello con alegatos tan peregrinos como que, por no mucho más, algunos pringaron de chapapote a un Tal Cascos, total por andar el menda de caza con otros mendas. Como si fuese lo mismo que lo del conseller y la nevada. Caray, que una nevada vista desde una perspectiva lejana aporta una visión más objetivada y objetivable. ¿Es ésta acaso una razón baladí?. Por cierto, sigo esperando que alguien “social y de progreso” me dé una solución técnica al caso Prestige. Nos intoxican (este verbo es muy usado en este país-nación) acusándonos de mentirosos, mientras que los de la brunete (¡qué agobio!) están ahogados en mentiras. Por los secuestrados de Mali no se dio nada a cambio y punto. Además, si es secreto de estado, cómo (con acento) lo van a decir. Nos aleccionan (¡gracias!) con informaciones fehacientes tales como que matar los toros es malo, malísimo; mientras a los que churruscan su cornúpeta corona forman parte del acervo cultural. Este curioso hecho constituye un singularísimo rasgo de identidad muy diferenciador del taifato NE.Cat. La verdad, éste (con acento) es un tema cansino, pero sea todo por purificar la tierra pronto soberana. Y, la verdad, qué interesante hubiese sido observar los movimientos de los tolerantes y con talante de toda la vida, si las desgracias que ahora estamos padeciendo hubiesen sucedido con gobiernos de la derecha “rancia”, por supuesto.

      Esta irresistible fuerza mediática de la vieja España lo tiene fácil con los tontos que tragan todas sus distorsiones informativas. Osan poner como ejemplo de lo que aquí sucede el caso de unas oposiones sencillas y justas para acceder a la función pública (de la nación de aquí), en las que -supongan- el Sr. C.A.M. y el Sr. J.G. i M. aspiran a ingresar en el cuerpo de “tiradores de élite” de la policía de la nación de aquí. C.A.M. es un magnífico tirador, pero no habla la lengua vernácula. J.G. i M., sin embargo, la habla a nivel muy avanzado del abecedario, pero le han diagnosticado Parkinson. Naturalmente, por méritos propios y muy bien valorados, entra el del Parkinson porque la lengua es buena hasta para apagar fuegos o descerrajarle un tiro a un peligroso delincuente en fuga. Así después -alegan los difamadores- ocurre que los bomberos caen achicharrados como las moscas en esos artilugios eléctricos; Mossos d’Esquadra que chocan entre ellos, con heridos de por medio, al no oír unos por falta de cobertura el mensaje de “asunto resuelto con detenido” que les remitían los otros …,¡¡¡en plena calle Independència-esquina Consell de Cent !!!. Con viento fuerte pero tampoco en exceso (esos días de febrero del 2010 hubo en la península rachas de más de 200 km. la hora y no sucedió nada anormal) se les caen pabellones enteros enterrando bajo los escombros a varias personas. En organismos oficiales de atención pública abundan los impresentables (incluso maltratadores), presuntos técnicos ideologizados y/o incompetentes y directamente mantenidos por corriente eléctrica (democrática y transparente, claro). En el cuerpo de los Mossos d’Esquadra (con honrosas excepciones, seguramente) entra lo más florido y equilibrado de cada casa. A la ecosocia/lista se le mueren los patos de botulismo en el Parc de la Ciutadella, el ex-president del taifato, nacido quién sabe dónde, impone como lengua vehicular de la enseñanza la vernácula, mientras que a los suyos los educa en español, inglés y alemán. Su esposa, tan preocupada por la justicia distributiva y la socialización se ha socializado para sí misma y se ha autodistribuido tantos como quince cargos no remunerados todos, dicen (bueno alguno sí, que de algo han de vivir). Todo esto dicen los brunetes mesetarios.

      Es un escarnio a la inteligencia -dicen desde el páramo- que en el “país de los editoriales conjuntos” el chivato baboso de los carteles no escritos en catalán se llame Santiago (¡y cierra España!), y que no le obliguen a llevar su nombre en bilingüe y encima que no lo denunciemos por eso. Que un club de fútbol no sea un club de fútbol, sino un algoritmo. Un país que se llena la boca con ser “puente hacia Europa” (si supieran lo bien que piensan de ellos en Europa, aunque algo ya se percataron cuando “los editoriales conjuntos”), según Bolonia y otra multiplicidad de informes sesgados y mal informados, se encuentra hoy a la cola de este continente (incluida la nación de Extremadura) en idiomas (que no habla bien ninguno, ni siquiera el autóctono que pretenden hacer aborrecer), también en cálculo y aritmética, los paraninfos están anegados de amebas, etc.; todo ello -injurian- porque gobierna quien gobierna y lo hace como lo hace. Aunque son tan buenos en este país que hasta te dejan hablar del modelo lingüístico de Islandia -creo- sin pegarte. En el “país de los editoriales conjuntos” el rendimiento académico, como los medios de aquí señalan, es puntero en Europa y todo lo demás es pura patraña. Si es puntero por atrás o por delante da lo mismo, el caso es ser punteros. Y si los medios nos dicen que somos “guais”, pues somos “guais”; y si nos dicen que todo es cochina envidia hacia nosotros, pues habrá que creerlos que para eso están y además cobran subvenciones por escribir la verdad verdadera.

      En el “país de los editoriales conjuntos” nos convencen que ha de besarse la mano de quien nos da de comer. No somos cada uno de nosotros los que nos ganamos el pan y a quienes la patria sí debería  -afirman los más engreídos- besarle la productiva mano. No. Es a la patria a quienes los bien agradecidos hemos de besar su bendita y protectora mano; o cuando menos agradecer sin rechistar (mejor con réditos) el sinfín de posibilidades de trabajo (que dirían los menos entregados a la causa) de las que no hay par en el mundo mundial. Yo vivo (y trabajo) en el país de las mil maravillas, por que así me lo dicen muy bien dicho los medios de la nación de aquí, y si alguien no se lo cree es por puerca tirria. Lo dicho: ¿Maestros de la propaganda o administradores de la ignorancia?. Elija el lector.

fin

09 septiembre 2014

El eterno delirio paranoico como constante (matemática) en los rasgos de identidad de naciones y nacioncitas


  
      De entrada, sepan que sé lo iluso de pretender hacer pedagogía con quienes debieran ser depositarios de cuanto aquí se expresa, porque su pensamiento unidoreccional, si no directamente limitado, lo hace más difícil que tallar la piedra a meadas. Pero bueno, al menos me desahogo, que vivir según dónde carga un tanto. El artículo presente consistirá en desmenuzar las diferentes partes del título y profundizar una por una en ellas. Permítanme, pues, que se lo explique.
      Por evidente que parezca el término “eterno no lo pasaré por alto, por cuanto en las naciones la cantinela permanente de los medios afines sobre los rasgos de identidad y las delicias de la nación de aquí se convierte a menudo en cansina e insoportable, y si no participas de esos criterios respecto a la comunidad que flota en su imaginario, tratan de excluirte, tras calificarte con total certeza de “antialgo”. Sin embargo, la primera expresión con enjundia que aparece en el título la componen el dúo de palabras “delirio paranoico”. Por “delirio” debe entenderse perturbación y excitación mental causada por una enfermedad o una fuerte pasión. Estado de excitación que no obedece a razón ni a la propia voluntad. Despropósito, disparate. Más específicamente, el término “paranoico” puede referirse a un tipo de sensaciones angustiantes, como la de estar siendo perseguido por fuerzas incontrolables ("manía persecutoria"), o ser el elegido para una alta misión, como la de salvar al mundo (delirio de grandeza o grandiosidad), o a una patria oprimida por un enemigo tan cercano como sibilino; de lo que -según estudiosos del tema- se encargan personalidades de marcado cariz sectario, incluidos dictadores con nombre y apellidos. Aunque el significado del vocablo ha ido moldeándose con el paso del tiempo, el diagnóstico moderno más adecuado para la paranoia es el de "trastorno delirante" de tipo crónico, con mayor o menor virulencia ocasional, con lo que la locución delirio paranoico es en sí misma redundante.  El tema -por ejemplo- de las “balanzas fiscales” ha devenido en delirio, respecto al cual ando yo con la mosca tras la oreja. Por ejemplo, hay quien no para de pedir las balanzas fiscales de la nación de aquí respecto a la española, mientras que -salvo yo- nadie demenda las “balanzas fiscales” de Alemania respecto a España, y cómo se ha gastado el dinero alemán en la nación de aquí, o cuántos de la nación de aquí han “chupado del bote” de ellas sin hacerles puto asco. Estas “balanzas fiscales” no existen aquí.  Otro ejemplo sublime de “delirio paranoico” cuya gravedad disociativa (entendiendo por disociación que alguien se crea Puyol sin serlo, un decir), dependerá de las esferas que lo utilicen y con qué intención lo hagan. Tiene relación el asunto con el pasado mundial de Sudáfrica 2010, en el que la selección de la nación opresora había llegado a la final y, según noticias de prensa, desde instancias políticas impidieron a los niños ver ese partido en los campamentos de verano que la nación de aquí tiene repartidos por el territorio nacional, de aquí. Me cuesta creer que esto sea cierto, pero no me extraña, pues desde mis doce años, allá por el 1964, que ando por la nación de aquí, me reconozco de sobras el tufo y los  atufantes. Fuese el hecho cierto o no, yo sí estoy seguro que en algunos, o en bastantes, o incluso en demasiados lugares el hecho sí sucedió. Repugna especialmente el hedor de la peste excluyente en los nacionales con menos “pedigrí” de la nación de aquí, pues entre los de “pedigrí” no son mayoría ni mucho menos los que reivindican el agrabio como constante de sus vidas. Los hay que podrían no saber castellano, pero tampoco comulgan con esa patria tan estrecha. Incluso para mí hay aborígenes con “pedigrí” que bajo ningún concepto los quisiera fuera de mi mundo y de las patrias por donde me mueva. Muy a menudo se ponen como excusa que si los criticas es que no los conoces, y si se lo desmientes alegando que hablan con alguien para quien no hay un punto en cualquier lugar del mapa de Catalunya que en cuarenta kilómetros a la redonda no tenga al menos un pueblo donde él no haya estado físicamente, les da lo mismo; así que te seguirán tildando de “antisuyo”. Pero que no me acusen de contaminado por la brunete mediática, porque ni prensa leía yo por aquellos entonces. ¿Confusión?. Qué confusión. Vamos a ver, ¿de qué Catalunya me hablan cuando me dicen que no se les comprende?. ¿De la que votó el Estatut (que no llegó al 40%, y encima algunos votaron “no”), o de la que pasó solemnemente de esa historia (60%)?. Pues sí, ojalá se celebrase un referéndum limpio y libre -claro- para poner a cada uno en su sitio y bajar a los políticos (a la mayoría) de la farola donde juegan al farolazo y farolero. El tamaño de la bandera de Colón y el de la que se desplegó aquí con la manifestación tan hinchada como la bandera, ¿es lo uno criticable y lo otro no?. Por cierto, ¿cuántos se manifestaron “pagados”, con fondos de todos, por supuesto?. ¿Tantos como la celebración espontánea de la victoria en el Mundial de la nación opresora?.
      Los delirios invaden la sociedades nacionalistas y como el bochorno insoportable del verano mediterráneo las hacen irrespirables, sin embargo -o por eso- nada se mueve, nada se critica, todo está bien. Hay gestores de estas naciones que nunca pagan precio por sus errores (St. Boi, Horta de St Joan…), porque siempre logran endilgar los males al enemigo externo y no a la propia incompetencia. ¿Cómo reconocer que lo de Horta de St. Joan fue fruto de gravísimas negligencias, ineptitudes e incluso intolerables frivolidades pseudoecologistas?. Y lo del túnel de bateo de St. Boi el más grosero y  estereotipado chiste malo sobre el ahorro y su relación con este pueblo, por desgracia hecho trágica realidad. Qué poco faltó para que le echaran la culpa a Madrid, aunque éste de una forma u otra siempre la tiene. Son tantos los sucesos por mala fe o incompetencia en la gestión que nos alargaríamos hasta el infinito. Sin embargo, uno aquí parece vivir en medio de un rebaño de ovejitas luceras, churras o merinas, y en ningún otro grupo se sentiría más cohesionado que en esta tribu tras una bandera y una pancarta con un lema siempre quejumbroso. Es así el estereotipo de este pueblo, la indudable carga paranoica, que aunque sea significativa no representa a todos. Dicen que lo que ha estado pasando si gobernaran ellos no hubiera pasado, que España les roba y que no pueden invertir cuanto y en lo que quisieran. Se excusarán de su inicua gestión con argumentos que no tienen medios y que si fueran ellos quienes nos gestionaran otro gallo cantaría. Y lo mejor es que hay gente que se lo cree y de ahí a la disociación hay un corto trecho. La corrupción campa a sus anchas de forma escandalosa (aunque aquí son corruptos sólo y siempre los mismos, casi nunca los otros, y si alguno cae no le asignan siglas de partido). Pero siguen sin quererse enterar: la culpa sigue siendo del TC y de Madrid, faltaría más. En fin, es éste un tema de tanta chicha que no hay especio en un artículo para exprimirlo.
      Antes de adentrarnos en el “diferencial semántico” (D.S., que así queda más molón) y la constante matemática -por supuesto- conviene precisar y definir el concepto “nación”. Según Wikipedia nación, en sentido estricto, tiene tres acepciones: La nación política, en el ámbito jurídico-político, es un sujeto político en el que reside la soberanía constituyente de un Estado".  En “sentido lato nación se emplea con variados significados como Estado, país, territorio o habitantes de ellos, etnia, pueblo y otros". Por último la nación cultural, que es  la que interesa a nuestro relato, es un “concepto socio-ideológico más subjetivo y ambiguo que el anterior, se puede definir a grandes rasgos como una comunidad humana con ciertas características culturales comunes, a las que dota de un sentido ético-político". Por otra parte, cualquier nación que se precie siempre ha de tener un enemigo exterior y “rasgos de identidad que la nación de al lado no tiene y además socavan y atacan los nuestros. Para ser “nación” es también imprescindible descargar sobre este enemigo imaginario las propias frustraciones y/o inoperancias. En realidad que tengan la culpa de todo por envidia, ya que ellos son “diferentes” y “menos/más algo” que nosotros y por ello somos envidiados hasta por el mismo Dios (versión de dime sobre lo que pregonas y te diré de lo que careces). Las naciones empiezan en familia. Pasa en mi pueblo respecto a los del pueblo de al lado, con el que constituye el municipio. Para sentirse identificados los unos con los suyos han de ser “más/menos algo” y sobre todo “diferentes” a los del pueblo de al lado y odiarlos, lo cual como corresponde funciona igual a la inversa. Como “rasgos de identidad” que enfrenten a los unos con los otros podríanse comparar aquí el número de universitarios, o de analfabetos funcionales o completos de un lado u otro, y estárselo echando en cara al tarado vecino durante el resto de su vida.  Además las naciones te adoctrinan de tal forma que quienes no compartan sus sentimiento nacionalista son traidores más o menos peligrosos (según la mente febril del nacionalista de turno), creándose realidades paralelas, muchas veces más importantes e incluso numerosas en su composición que las que conforman el credo “nación”. Se puede tener el sentimiento de pertenencia a una comunidad, pero cuanto menos oficial, mejor. Las naciones funcionan con numerosos símbolos, parafernalia identitaria, tótems y tabús. Tótems y héroes a menudo  reinventados a los que una historia rigurosa derribaría en su mito (¿héroes o chorizos directamente?), pero no hay peor ciego que aquél a quien la luz no le llega al entendimiento. Las naciones son más peligrosas cuanto más oprimidas (p.e., las nacioncitas) por el yugo impositivo de otros que también quieren y pueden ser nación. Son explotados, esquilmados y muchos, pues hombre por la nación no matarían, pero sí podrían abofetearte por díscolo y “antialgo”.
      Nos queda por desmenuzar el sintagma “constante” (“matemática”).  Si dentro del método científico se toma como modelo o paradigma el denominado “diferencial semántico” (una escala de 0 a 10) se pueden establecer diferentes categorías (cuatro para ser exactos) en función del peso que el delirio paranoico tenga en el número y calado de los pensamientos delirantes y las acciones consecuentes. La oscilación estaría entre nada o muy poco peso en el número y calado de estos pensamientos y acciones (sin delirio ni rasgos psicóticos significativos, con puntuación entre 0 y 2,5 puntos sobre diez; o entre el 0 y 25% del volumen total); o el peso muy significativo, ya patológico y en algún caso de encerrar por orate  y/o terrorista, con delirios y rasgos psicóticos susceptibles de provocar disociación y desplegarse en esquizofrenia (puntuación superior a 7,5 puntos sobre 10, o más del 75% de pensamientos delirantes respecto al total de pensamientos y acciones consecuentes). Se entenderá por tanto como “constante” una cifra que no es constante sino variable, pues constituirá el valor mínimo o umbral inferior de un intervalo y la cifra exacta de ese umbral inferior dependerá del grupo taxonomizado. El matiz “matemática” cobra su sentido considerando que las cuatro categorías se conformasn según valores numéricos. Por lo general, el peso del “delirio paranoico” en el conjunto de los rasgos de identidad que conforman a determinadas naciones tiene como término medio un valor de entre el 25 y el 75% del total del perfil.
      De las cuatro categorías taxonómicas, en primer lugar estaría el “ciudadano no nacionalista”, sin nada o muy poco peso en volumen y calado de sus delirios y rasgos psicóticos, con puntuación de entre 0 a 2,5 sobre diez, o un máximo del 25%; que no tiene delirios de patria, y lo que es su patria no va mucho más allá de las puertas de su residencia. A partir de ella, supervivencia. El segundo grado (entre 2,5 y 5 puntos sobre 10, o entre un 25 y 50%) corresponde al de un “nacionalista con un nivel moderado en el número y calado de sus pensamientos delirantes”. Sus delirios aunque van siempre en las dirección de “nosotros tal” y “los otros cual” (éstos siempre peor, claro), o sea, paranoia que asoma. Todavía se  mantienen dentro de los márgenes del sentido de realidad, pero en las puntuaciones superiores ya empiezan a difuminarse sus límites y a rozar el inicio de la “psicosis”. Entiéndase “psicosis” como  un estado mental en el que existe una pérdida de contacto con la realidad. A las personas que lo padecen se les llama psicóticas. Las personas que experimentan “psicosis” pueden presentar alucinaciones o delirios y pueden exhibir cambios en su personalidad y pensamiento desorganizado. Estos síntomas pueden ser acompañados por un comportamiento inusual o extraño, así como por dificultad para interactuar socialmente e incapacidad para llevar a cabo actividades de la vida diaria. Sin embargo, muchas personas tienen experiencias inusuales y de distorsión de la realidad en algún momento de sus vidas, sin volverse discapacitadas o ni siquiera angustiadas por estas experiencias (vamos, que ni se lo notan ni se les nota). Desde esta perspectiva, las personas que son diagnosticadas clínicamente como psicóticas pueden estar teniendo simplemente experiencias particularmente intensas o angustiantes (véase esquizotipia). No obstante, en este nivel no hay disociación, todavía no; aunque no es extraño que ciertos personajes empiecen a desbarrar o a partirse la boca por un asunto del que no obtienen ni oficio (vender bufandas del club de fútbol sí lo es), ni beneficio (las “perrillas”obtenidas de una reventa al grito de “tot el camp…”, sí son sarna con gusto).  La  tercera categoría (entre 5 y 7,5 puntos sobre 10) engloba al “nacionalista con un alto nivel en el número y calado de sus delirios”. Aparece la “psicosis”  en toda regla, puede haber disociación, aunque el sujeto presente aspecto normal y en apariencia integrado, es decir que no parece romper con la realidad o se le aplica la presunción de inocencia. Suelen ir envueltos en banderas y cargados de insignias y símbolos. Su paranoia adquiere tintes de enemigos a los que combatir, pero todavía lo hace (al menos en apariencia, pues en privado te puede llegar a atizar por no ser parte de su nación) dentro de las reglas del juego democrático (que dicen). Es decir, todavía está integrado. ¡Ojo!, también aquí alguno puede estar pretendiendo venderte algo tangible, pero en este nivel son los políticos y espabilados de su honda los principales beneficiados del delirio casi colectivo. Por último surge el “nacionalista con un nivel exagerado en el número y calado de  sus pensamientos delirantes” (con más de 7,5 puntos del peso de sus delirios sobre el total del perfil), con una “psicosis” ya desplegada en forma de peligrosa paranoia que le lleva combatir, con las armas si es preciso, la patria atacada por los imperialistas de siempre. Llega a tal nivel en algunos casos el grado disociativo que a menudo se tiene la impresión de vivir en un manicomio, de forma tal que en cualquier momento uno puede encontrarse de frente con el mismísimo Rafael Casanova i Comes. Por cierto, quien quiera saber la verdadera Historia de este individuo que recurra a Universidades que no pertenezcan a la nación opresora, ni siquiera a la oprimida, por ejemplo Cambridge u Oxford. Verán qué pronto se les derrumba el mito, a quien -claro está- aún conserve un mínimo de capacidad de análisis crítico, por otra parte muy difícil en estos lares porque la presión mediática es muy fuerte (los editoriales conjuntos son la prueba), como no podía ser de otro modo pues entre otras cosas viven de las subvenciones, sin las cuales todo lo de “leer” aquí fracasaría estrepitosamente. Ah, que no se olvide que el peligro de delirio límite y hasta de la disociación lo tiene el rebaño, no los pastores y jefes institucionales de la manada que, salvo los más tontos y pringadillos, el resto no se cree para nada el rollo que predican (miren si no, cómo educa a sus hijos propios -un suponer- el cordobés que fue reyezuelo del taifato NE de la península ibérica). Por eso jamás he entendido a quien no saque beneficio pecuniario a la militancia y filiación o simpatía hacia un partido (cásate con tu madre, si ganas con ello). Entre éstos es donde concurre el mayor peligro de “psicosis” y hasta de disociación. Es incluso posible que en la fase REM de sus sueños ondeen banderas, canten himnos o se transmuten en cualquier ínclito del altar de mitos de la nación en cuestión. Y todo sin cobrar.
      Para finalizar, dejo abierta la posibilidad de más artículos porque el tema es tan jugoso y da tanto de sí que vale la pena desarrollarlo, tanto como profundizar en el sentimiento nacionalista como sustituto de un sentimiento de familia (según avezados sociólogos) y propio de lugares donde los vínculos familiares son más sectarios, tribales y artificiosos, al tiempo que muy poco consistentes en el sentido más auténtico, emocional y afectivo del término. 

Fin
El mundo según el Diantre Malaquías

04 septiembre 2014

Sacrilegio en el templo de Baco

¡¡Publicación reciente!!

(Foto de Serafín Pan Falagán)

-I-
      Horn, un pueblo de cierta pujanza y bien reputado en la Baja Austria, se despertaba la mañana del domingo con la misma pereza y aires provincianos de esos pueblos diseminados por amplios territorios apenas poblados y en comunión casi plena con la naturaleza. Sus calles aparecían desiertas, salvo la principal, algo más transitada y que exhalaba aromas de pan, pasteles y café. Una señora de mediana edad con los rulos puestos salía de una renombrada panadería de la localidad, bien provista de panes y repostería condimentada con abundante chocolate glaseado o en crema. En casa de los Schneider el olor a café y pasteles se mezclaba con una atmósfera humana tan desangelada que hasta pringaba cual grasa (incluso helada) y podía cortarse a cuchillo. Allí nunca nadie tenía nada que decir. Con absoluta certeza, cuando acabase el desayuno familiar o lo que aquello fuese, la madre se vestiría y perfumaría para asistir a misa de once y el resto del exiguo clan acudiría a sus ignotas andanzas. Este pueblo y esta familia a la que pertenecía y con la que residía habían visto nacer y crecer a Thomas Schneider, joven recién entrado en la veintena, buen muchacho pero dúctil, cándido y rayano en bobalicón. Lucía buen porte y, tal vez por ello o quizá también por su maleabilidad, gozaba de aparente éxito entre las jovencitas de la zona, quienes en su mayoría hacían un uso de él semejante al que se le da a los pañuelos de papel. En el Instituto de Horn cursó secundaria con un expediente académico más bien mediocre, estudiando con posterioridad un módulo teórico-práctico de “Mecánica y electricidad del automóvil” en un Centro de Formación Profesional, cuyas prácticas desarrolló en un par de talleres mecánicos de la zona. En la actualidad, disponía de trabajo fijo como mecánico en uno de los numerosos talleres que la ÖAMTC (algo similar al RACE español) tiene a lo largo y ancho del territorio austriaco, con un sueldo razonable que le daba para dejar una parte en casa, cubrir sus necesidades y caprichos e incluso ahorrar algunos cuartos. Hijo único, provenía de una familia cuando menos singular o muy singular por mórbida. El padre, Wolfgang Schneider, bebedor de cerveza y fumador, de ambas aficiones empedernido, trabajaba en el parque de Horn como bombero especialista en la extinción de incendios forestales. Este hombre tenía dos caras bien diferenciadas, dependiendo de entre quiénes se encontrase. Por una parte, la jeta más social y de apariencias lo mostraba como persona afable, educado y muy bien considerado por sus conocidos; mientras que en su expresión doméstica -más que familiar, que nunca lo fue- resultaba huraño y hostil, con un punto de carácter violento que hasta el momento en modo desenfrenado sólo había descargado con el mobiliario y la vajilla. Su pasión por las armas lo llevaban a exhibirlas allí donde le diesen ocasión para hacerlo, pero si ello ocurría en el ámbito familiar las acariciaba con deleite, tal cual si de cualquiera de sus amantes se tratase, y con gestos de sutil intimidación como si quisiera decir ”nunca vayáis contra mí que puedo hacer cualquier locura”. Su esposa, Ulrike Schneider, de soltera Gänsthaler, provenía de la burguesía del pueblo donde hasta su jubilación los padres, ya desaparecidos ambos, regentaron una exitosa sastrería que llegó a vestir a numerosos ciudadanos de la contorna. Mujer bella y hábil para las faenas domésticas, tenía por el contrario el inexplicable defecto de ser o sentirse a sí misma frágil y dependiente. Al poco de nacer Thomas, quizá debido a que el bebé acaparó hacia sí gran parte de la atención de la madre, el cabrón del clan perdió en unos meses todo el interés tanto por ella como por el hijo, del que nunca soportó sus llantos, ni sus quejas, ni sus tiernas sonrisas que poco a poco se fueron apagando en el rostro de la criatura. Su guerra siempre la emprendía contra los mismos, nunca con los de la calle que lo tenían por padre ejemplar. Con inusitada frecuencia, practicaba la deleznable costumbre de maltratador sutil con muy buena pinta. El colmo de la perfidia sucedía cuando, sentado frente al televisor para ver un partido de fútbol de cualquier equipo o país, con una jarra de espumeante cerveza sobre la mesa a su derecha, un cigarrillo -tras otro- consumiéndose en el cenicero a su izquierda y una pistola en sus manos a la que sacaba brillo o limpiaba; forzaba la reclusión de niño y perro en el cuarto colindante para que no le molestasen, blandiendo el arma que manipulaba con ademán amenazante. Los vecinos nunca llegaron a quejarse, acaso porque las casas estaban separadas de sus aledañas o porque la calidad de las construcciones y por mor del frío clima se hacía de ellas un recinto bien sellado y aislado del exterior, pero escándalos de llantos y ladridos de niño y perro los hubo a mares. Así, en este ambiente tan enrarecido y con frecuentes conflictos se crió Tomas Schneider, escenario que después, en un acto de pura y legítima rebeldía, le empujaron a delinquir con pequeños hurtos y otros delitos menores por los que en más de una ocasión fue detenido y dio con sus huesos en varios calabozos policiales, sin otras consecuencias que un expediente personal enriquecido de antecedentes. En los últimos tiempos andaba el chaval algo más asentado, salvo excepción de tropezarse con alguna pecorilla de dobles y triples intenciones que lo manejase y gobernase, justo lo que necesitaba. 

      De un tiempo a esta parte, Thomas Schneider tonteaba con una mocita vienesa, Sonja Glätzer, de diecisiete años cumplidos y a punto de entrar en la mayoría de edad, joven hermosa como ella sola, coqueta, algo aliviada de cascos y sin excesivos escrúpulos. De su familia el padre, abogado de éxito en la capital, ocupaba el tiempo en asuntos propios de su profesión y otros más turbios; mientras que la madre lo hacía en faenas de detective, dando rienda suelta a la obsesión de cazar a su marido en una infidelidad y así poderlo tener bien asido de entrepierna…, por si las moscas. Tal vez tantos y tan dispares cargos y ocupaciones fuesen la razón por la que los dos hijos del matrimonio (el otro era un varón algo mayor que Sonja), bien juntos o por separado, pasaban numerosos fines de semana solos en Horn, donde a las afueras del pueblo, junto a un arroyo y frente a un hermoso parque, la familia disponía de un palacete remozado y convertido en segunda residencia. Sonja Glätzer, muchacha inestable y caprichosa, manipulaba como quería a Thomas Schneider y lo trataba como a un corderito sometido y a su entera disposición. El par de jóvenes pasaban mucho tiempo juntos y se desarrolló entre ellos una gran confianza que apenas ofrecía garantías de perdurabilidad, pero ahí seguían. Esta relación pareció centrar algo a Thomas Schneider, tanto como perturbó a su padre que más de una vez en sus escarceos amorosos los había seguido y espiado en casa de ella. A tanto llegó la confianza entre ambos que Sonja Glätzer conocía personalmente a la familia de Thomas Schneider e incluso el mismo día del primer encuentro y presentación oficial la joven ya fue objeto de miradas devoradoras por parte del padre de Thomas, a las que ni ella fue ajena ni le hizo ascos, antes al contrario la empapaban y se sentía la reina deseada. Al fin y al cabo a la chica le iban las emociones fuertes. Tal vez por esta caricaturesca familiaridad, tanto el señor como la señora Schneider estaban al corriente de una excursión que la pareja había planeado a las bodegas de Retz para uno de los sábados vinientes. 

-Sí señor, buen lugar para ir de excursión. Y ojo, no os perdáis por los numerosos recovecos de sus pasillos- llegó a exclamar con babosa sorna Wolfgang Schneider.

      La expedición, como casi todo en la vida presente de Thomas, la había organizado Sonja y es que a esta chica le fascinaban las bodegas. Acaso porque -como después supo el muchacho- a los quince años la chica dejóse rasgar el himen con sumo gusto y gran placer, para gloria suya y de un guía en unas de Krems. Tan estupendo les fue que la chica quiso colgarse de ese primer amor aunque el chico, barruntando peligro de acoso y otros problemas, supo zafarse a tiempo de su persecución, si bien no debió resultarle fácil dada la terquedad de la incipiente acosadora. Durante bastante tiempo Sonja soñó con este personaje y desde entonces -por extensión- los guías en particular o cualquier otro homínido bípode, o mejor trípode, enseguida la ponían en trance sexual, nada difícil por otra parte. Ciertamente eran muchos, demasiados se diría, quienes tenían la propiedad sólo reservada a las más relevantes leyes de la Física, cual es la facultad de la licuación y la facilidad para hacerla agüillas por dentro. En esta oportunidad la alegre pareja obvió los peligros antes pergeñados y eligió (en boca de una) el inquietante destino de Retz, un pueblo bodeguero en la frontera checa que, por desamano, no les era tan habitual ni lo tenían tan visto como Krems

-II-
      El sábado previsto los dos jóvenes emprendieron rumbo a Retz, donde comerían, visitarían las bodegas y pasarían el resto del día. El trayecto no duraría más de una hora y cuando apenas llevaban media de viaje Thomas, acuciado por necesidades fisiológicas de las menores, decidió detenerse, aparcó donde le pareció pertinente, bajó del coche y procedió a mear.

-Que me crujan si el coche que acaba de pasar no es el de mi padre. ¿Dónde irá ese cacho cabrón?- exclamó sorprendido Thomas

-A la caza de algún conejo de los que se cogen de abajo a arriba- replicó Sonja en tono burlesco no exento de malicia.

Antes de llegar al pueblo, Thomas todavía aprovechó para advertir a la chica sobre sus habilidades y debilidades.

-Churri, no vayas a montar el numerito de costumbre con el guía que nos toque en la visita, que te conozco- le dijo entre decidido y suplicante a Sonja, quien no solía callarse y le cortó tajante.

-Vale tío, no empieces con tus paranoias y me estropees el día. Además, si te portas bien después te premio como tú ya sabes. 

      No, no se trataba de paranoias ni de temores infundados, aunque este recurso del premio le resultaba a Sonja muy efectivo y mano de santo en las relaciones con aquel muchacho tan pardillo y maleable. Cruzaron el río Kamp y entre campos de forraje, bosques de coníferas, sotobosques caducifolios y viñedos que embellecían el paisaje con tonalidades policromadas propias del otoño que recién llamaba a las puertas de aquella tierra, llegaron al lugar de destino. Retz era un pueblo enclavado al noroeste de Viena y muy cercano a la frontera con Chequia, habitualmente muy concurrido por turistas nacionales y extranjeros que acudían a él para visitar sobre todo sus bodegas y el museo del vino, emblemas y santo y seña de la localidad. Los viñedos y la arquitectura barroca constituían otro de sus atractivos signos de identidad. Aparcado el coche donde mejor les pareció, los jóvenes se dirigieron después a la bodega elegida, la más famosa y conocida, donde recogieron prospectos, se informaron de horarios y a continuación se encaminaron al restaurante que estimaron más adecuado en el que comieron. Encontraron uno a la salida del pueblo, frente a un hermoso parque, de muy buen aspecto y no tan concurrido como la mayoría de los que se encontraban en la Plaza Mayor y su entorno, donde Thomas comió en abundancia como tenía por costumbre, dando cuenta de un buen asado de gorrinillo al horno y Sonja se entretuvo con manjares menos pantagruélicos aunque más selectos, como un solomillo de ternera de Waldviertel a la parrilla con leña de sarmientos, los cuales -como es fácil suponer- abundaban por la zona. Durante el ágape decidieron que acudirían a la última de las visitas, a las cinco de la tarde, horario más tranquilo al que solían asistir menos visitantes por ser la última y porque hacia el este la gente se recoge antes. A las cinco menos cuarto comparecieron en la bodega y se dispusieron a escuchar la charla de presentación de la visita, en la que se servían unos caldos de los que los visitantes podían hacer encomiendas y recoger después a la salida, algo que ellos no hicieron pues estaban muy familiarizados con esta bebida y no necesitaban abastecerse. Ya en este acto previo de salutación, Thomas empezó a notar miradas y sonrisas coquetas y cómplices de inequívoco galanteo que Sonja cruzaba con el guía. Después el grupo al completo bajó a la bodega formada por un laberinto de largos pasillos cruzados y entrecruzados, al lado de los cuales y cada pocos metros se abría un espacio mayor en forma de nicho que los bodegueros llamaban sisas y que constituía una especie de sala en la que sobre unas peanas de troncos de árboles, también conocidos por poínos, se erguían los toneles con el vino dentro. Cada tres o cuatro sisas subía un zarcero o construcción por la que respiraba la bodega. El guía inició su marcha y la exposición con el grupo a su alrededor, del que poco a poco Thomas se fue rezagando mientras trataba de retener a Sonja consigo, objetivo difícil, tan embelesada como estaba con las explicaciones del instructor. Pudo conseguirlo por un momento y en un arrebato de amor la asió y -en la práctica- casi la arrastró hasta la sisa anterior a la que se encontraban los visitantes, después se abalanzó sobre ella y la exploró tanto como pudo, pues Sonja en esta oportunidad se resistió. En otra ocasión se hubiera prestado al juego, pero en aquel momento se le escapaba el monitor de sus entrañas que ya tenía metido -de momento sólo- entre ojo y ojo, en espera de recibirlo por otros conductos. Durante el forcejeo, Thomas sintió una presencia cerca, como si alguien los estuviera siguiendo. Y del grupo no podía ser nadie, pues todo él con su director a la cabeza ya se había adelantado bastante. De pronto se soltó de Sonja, se irguió en posición de guardia y mirando en sentido contrario al que seguía el grupo preguntó con voz imperativa.

-¿Haya alguien ahí?.

Nada, ni el eco respondió.

-Tío, vámonos de aquí que nos quedaremos encerrados- protestó Sonja.

-Es igual, yo sé por dónde salir- replicó Thomas.

-Que nos vamos tío- reiteró Sonja mientras intentaba zafarse de su renovado acoso.

-Tú lo que quieres es follarte a ese cerdo, cacho puta- le espetó Thomas, al tiempo que sus venas se le hinchaban de ira. En un arrebato de furia agarró a la muchacha por los hombros, la zarandeó, la empujó con extrema violencia haciéndola caer al suelo y tomó él a toda velocidad el camino de salida del la bodega. Se iba y la dejaba allí. En su precipitada huida no se apercibió que Sonja al caer se había golpeado la cabeza con el poíno de la sisa y parecía haber perdido el sentido. Después, como si nada extraño hubiese acontecido en el lugar, el guía y sus acompañantes regresaron al recibidor donde se había iniciado y ahora se daría por finalizada la visita. Quienes tuvieran encomiendas las recogerían y hasta la próxima.

-¿Has visto salir a una pareja antes de acabarse la visita?- preguntó el guía a la ordenanza responsable de las entradas y salidas en la puerta principal. 

-No, a una pareja no. Vi a un chaval solo y que parecía muy cabreado, pero chica no vi ninguna- contestó ella.

-Espérame un momento que echo un vistazo abajo antes de cerrar y después nos largamos- propuso él.

Bajó el guía y pasó un buen rato hasta que regresó a la salita de entrada para retirarse ya definitivamente y acabar la jornada. Sin embargo, algo debió notar la ujier que lo interpeló curiosa.

-¿Pasa algo?, pareces preocupado.

-No, no es nada. No me sentí a gusto durante la inspección pues me pareció ver sombras, pero no encontré nada raro- le dijo el guía. 

-Bueno, debe ser deformación profesional de tanto movernos por subterráneos. Vístete de calle y nos vamos.

-III-
      El lunes siguiente al convulso e irresuelto fin den semana, Thomas cumplió su jornada laboral al completo, pero al mediodía había aparecido por el pueblo el padre de Sonja preguntando sobre su paradero, de modo que cuando finalizado el trabajo regresó a casa por la tarde ya se había extendido el rumor de la desaparición de la muchacha. La última vez que se supo de Sonja fue en la bodega y cuarenta y ocho horas después nadie sabía nada de ella, ni en las bodegas ni fuera de ellas, así que las autoridades policiales ya advertidas por el padre a punto estaban de darla por oficialmente desaparecida. La noticia se convirtió en la comidilla de los círculos vecinales de Horn y no tardó en llegar a la prensa, corriendo de boca en boca cual torrente en pleno diluvio. Consciente Thomas que posiblemente él fue el último o de los últimos en verla, que eran pareja, que tenía antecedentes y que con estos precedentes todo y todos lo señalarían como principal sospechoso, le entró el pánico, cargó de pertenencias su mochila y, antes que la policía tuviera ocasión de interrogarlo, huyó poniendo pies camino a la cercana Brno, una populosa ciudad de la vecina Chequia, donde le sería más fácil pasar desapercibido; no sin antes engañar a su madre.

-Mamá, me voy a trabajar fuera. No me esperes en unos días- comentó con ella.

-Bien hijo, ¿y no sabes cuándo volverás?. Estoy también preocupada porque tu padre mañana martes debe trabajar y no sé nada de él desde el sábado por la mañana, poco después de iros vosotros.

-Sí, mamá, lo vi por la carretera de Retz pero yo tampoco he vuelto a verlo. 

      Wolfgang Schneider tampoco apareció el martes, de lo que la señora Schneider informó a las autoridades policiales que a partir de ese momento se encontraban no frente a dos, sino frente a tres desapariciones pues faltaba añadir la de Thomas, también ilocalizable, de quien ni en casa ni en el trabajo sabían dar razón alguna, quedando en evidencia la mentira que le contó a su madre con lo del trabajo fuera. Por otra parte, las visitas a la bodega continuaron con total normalidad puesto que ninguna anomalía se había encontrado en los recintos de la misma, salvo un tragaluz de 40x60 cm. para iluminación natural que daba a ras de calle y que se halló abierto, lo cual ya fue advertido en su momento por los empleados de turno y examinado por la policía.
      El miércoles de la semana en curso y posterior a la desaparición transcurría una de las visitas de la mañana. El grupo seguía las explicaciones de su guía, del cual formaba parte una señora de mediana edad que se había quedado rezagada y observaba con esmerada atención un tonel vertical con el agujero central sin tapar y puesto allí de modo ilustrativo. Se acercó al tonel e introdujo su mano por el orificio, profiriendo de inmediato un despavorido grito mientras corría lívida hacia su monitor. 

-En ese tonel he tocado una mano humana - le comentó sin aliento. 

-Vamos a ver señora, tranquilícese, puede ser cualquier cosa, caramba, no me asuste al personal- replicó el empleado.

-De verdad, anule la visita y llama a la policía. Si no me cree venga conmigo- insistió la señora.

El empleado se acercó y, en efecto, él también tocó algo parecido a una mano humana. La señora tenía razón, así que volvió al grupo y les conminó a retirarse.

-Damas y caballeros, por cuestiones importantes queda suspendida la visita. Vayan caminando de regreso por donde vinimos y allí se les devolverá el dinero de la entrada. Es una cuestión policial inaplazable. Regresen conmigo. En la salida no toquen nada, por favor, no toquen nada.

Mientras el guía volvía al frente del grupo por donde habían venido, llamó a la policía que apenas media hora después ya había aparecido por el lugar. Algunas horas más tarde llegó un numeroso contingente de agentes de la policía científica que reconoció el cuerpo muerto y -sí- parecía ser el de la muchacha desaparecida el sábado anterior. Recogieron lo que pudieron por la escena del presunto crimen y, tras el consentimiento del juez pertinente, se levantó el cadáver que fue transportado al Instituto Anatómico-Forense de Viena, donde sería examinado de nuevo y se le practicaría la autopsia. La bodega fue clausurada y precintada, anulándose las visitas hasta nueva orden. 

      Tras la macabra aparición, la primera en ser visitada por la policía fue la señora UIrike Schneider, quien les reiteró lo que ya les había dicho, esto es que no sabía nada de su marido desde el sábado de autos por la mañana, y de su hijo desde el lunes al atardecer cuando le contó la mentira ya sabida del trabajo. Mantenía ahora ante sí la policía dos desapariciones y sobre ellos pesaba la lógica e ineludible sospecha de estar uno o ambos relacionadas con la muerte de Sonja. Padre e hijo parecían poseedores de todas las rifas como implicados. Para mayor misterio, el coche de Wolfgang Schneider había aparecido en el pueblo, pero de él seguía sin tenerse rastro alguno. ¿Y qué haría su coche en el lugar?. ¿Estuvo también de visita en las bodegas?. La policía en un principio había barajado la hipótesis del secuestro por parte de éste, pero quedó descartada una vez aparecido el cuerpo de la joven. Quizá el padre estuvo con la chica y por cualquier asunto que se le fuera de las manos hubo de liquidarla y ahora se encontraba huido. O tal vez fue Thomas que había matado a Sonja y a su padre (de Thomas), nada extraño por otra parte, dadas las gélidas relaciones entre ambos. En fin, un verdadero embrollo. Y a falta de salidas congruentes, sobre Thomas recaerían todas las miradas, también las de la policía. El fin de semana siguiente, en concreto la mañana del sábado, una pareja de ciclistas ecófilos de los que abundan en Austria hacía un circuito por los márgenes del río Thaya, en las inmediaciones del pueblo de Hardegg, cuando justo en uno de los meandros que a lo largo de varios kilómetros marcan la frontera con Chequia, dieron con el cadáver de un hombre retenido en un recodo del río, medio oculto entre raíces y otras arborescencias arrastradas por las semitorrenciales aguas. El cuerpo correspondía a Wolfgang Schneider y mostraba signos de violencia y de haber sido asesinado con el mismo modus operandi que lo fue Sonja, lo cual complicaba todavía mucho más la investigación y la situación procesal de Thomas, quien enterado y abrumado por tanta carga regresó y se entregó a la policía. Le preguntaron por Sonja y por su padre y de ambos dijo no saber nada. Relató su periplo por la bodega y el regreso a casa por la noche, que su madre podría ratificar. Que él había abandonado la bodega en torno a las cinco y media de la tarde, y desde ese momento no supo nada más de la chica. Este hecho fue corroborado por la ujier, pero no tenía coartada para las catorce horas siguientes a su salida de la bodega (salvo el testimonio de su madre que hubiera podido mentir por él) y bien pudo haber vuelto, entrar por el ventanuco abierto en la bodega y allí matarla, pues al fin y al cabo en una de sus conversaciones con Sonja le había comentado que él sabía por dónde salir de aquel laberinto. O ser el asesino de ambos, tras regresar a la bodega, matar a Sonja y después buscar a su padre y eliminarlo con el mismo método. El relato de Thomas cuadraba con la hora que Sonja recibió el golpe, aunque no explicaba la de su deceso que al parecer se produjo mucho más tarde. ¿Y si no mató a Sonja pero sí a su padre?. Harto improbable por cuanto ¿cómo podía saber el método con el que se habían deshecho de Sonja, idéntico al utilizado en la muerte de Wolgang Schneider?. Por supuesto, la policía ya disponía de informaciones suficientes y las declaraciones de Thomas negándolo todo les resultaron creíbles. Parecía pues una remota, muy remota posibilidad que él fuera el asesino, pero a falta de otro para tener encerrado con el que dar carnaza y entretener a la prensa fue retenido como principal sospechoso del asesinato de Sonja Glätzer. 

-IV-
      De la autopsia de Sonja no haremos relato explícito. Para eso ya está la literatura roja y amarilla, cuya mezcla acaba en rosa, a la que debemos el insólito descubrimiento de unas sombras por las que una tal Grey gusta de ser regalada en el oído con lúbricos susurros, con la puntita de la lengua en lóbulos y pabellones auditivos (o allá por donde la lengua caiga) y con azotes en el culito mientras la follan indistintamente (en el "por dónde" y -a ser posible- en el "por quién" también). Gran novedad que al parecer han descubierto a través de estas publicaciones bastantes hombres y sobre todo muchas mujeres, tan en boca ahora de tantos que ya lo han hecho vomitivo tópico. Pues qué idiotas han sido hasta antesdeayer los hombres y sobre todo las mujeres. Sabemos que en numerosas ocasiones Eros y Tánatos se encuentran muy cercanos a determinadas situaciones amatorias, pero cuando Eros y Tánatos entran en conflicto por ausencia de consentimiento en cualquiera de las partes, lo que hubiera podido ser un hermoso juego se convierte en una repugnante, despreciable y delictiva violentación, en el sentido más amplio del término; llegándose a innombrables felonías, daños y pérdidas irrecuperables que nunca se practican, ni de modo consentido ni sin consentir, por más que el placer erótico haga coincidir en el mismo viaje los límites de la vida y de la muerte. He aquí la verdadera profanación del templo de Baco, donde la muerte puede ser invitada al festín pero sin cobrarse víctimas. Y bastante de todo ello debió sucederle a Sonja. En su cuerpo se encontró semen, así como restos biológicos y epiteliales de al menos dos personas, que muy podrían ser Thomas y su padre, a los que se les tomaron muestras de su ADN y el proceso de cotejo estaba en marcha.

      Una vez habilitada de nuevo la bodega se reanudaron las visitas, las cuales poco a poco atrajeron mayor número de visitantes de los habituales, visto el morbo que producía saber que en tal tonel había aparecido el cadáver de una jovencita. Quizá por ello los responsables de la misma no se percataron que desde hacía algunos días policías camuflados y mezclados con los visitantes no se perdían detalle de las explicaciones del guía pertinente. Al parecer tenían como especial diana de observación los chalecos color burdeos que los monitores y empleados del local llevaban como traje de faena. Uno de esos días el policía de turno se quedó embelesado con el chaleco del guía que les había correspondido, quien sorprendido de tanta atención le inquirió.

-¿Le gusta nuestro chaleco?. 

-Sí señor, muy bonito. ¿Hay alguna manera de conseguir uno como recuerdo?- exclamó el interpelado en un tono quizá algo lacónico pero con los ojos encendidos de una alegría incontenible.

-Pues es nuestro traje de faena, pero si quiere puede comprar uno a la salida- contestó el guía. 

Y sin darle en apariencia mayor importancia siguió con sus explicaciones. Tan absorto anduvo en ellas, o tan habitual le resultaría que la gente desestimase e hiciese caso omiso de la prohibición de realizar fotografías, que no reparó en el último y curioso interlocutor tomándole, con absoluta discreción y todo tipo de detalles, varias del chaleco que tanto le había llamado la atención. Volvió a comisaría y no mucho después un celular de la policía se detenía frente a una casa en Retz, con los pertinentes permisos para reconocimiento e inspección de pertenencias y vivienda, de la que al cabo de tres horas fue sacado esposado el mismo guía que había correspondido en la visita de Thomas y Sonja. En las uñas de la chica se habían encontrado restos de fibra que coincidían con la composición de los chalecos y ese día el policía camuflado había coincidido con un guía en cuyo bolsillo lateral del que vestía llevaba un arañazo que fotografió profusamente, vestigios más que suficientes que convencieron y decidieron al juez correspondiente a extender la orden de registro y detención. En su casa, al igual que en su coche que aún contenía restos recientes de haber sido utilizado para transporte de cuerpos humanos, se encontraron cuantiosas y aplastantes pruebas, incluidas las inequívocas y concluyentes marcas genéticas. Ante las abrumadoras evidencias y animado por la policía que le prometía solicitar del fiscal una rebaja de la pena si colaboraba, el empleado de la bodega cantó como un lorito. 

      Y así se sucedieron los hechos. El día de la visita, al no saber de Sonja, el guía ese día ejerciente bajó y la vio desmayada en la bodega. Creyó ver sombras, así que revisó varios nichos por donde presentía presencias y al no ver nada regresó con la ujier a la que confesó haberse sentido extraño en la revisión pero sin más anomalías. Su intención era la de volver por la noche y como la chica allí seguiría encerrada trataría de mantener relaciones sexuales consentidas con ella, pues desde el primer momento le pareció una presa fácil. Sin duda al principio no tuvo intención de matar, salvo si la cosa se pusiese fea tal cual fue, pues cuando a la noche bajó vio que Sonja estaba desnuda, atada y amordazada. Alguien había estado allí antes que él. Aquello le resultó muy extraño, así que tomó un tablón de donde encontró y se acercó a ella, quien con gestos de sus ojos le avisó que por su espalda alguien se les acercaba. Se giró y al ver la cara de agresividad que el desconocido intruso traía le lanzó un tablonazo que lo hizo rodar por los suelos y perder el conocimiento. Después, sabiendo que allí nadie les oiría, le quitó la mordaza y habló con la chica. 

-Es el padre de mi novio y me ha violado- le dijo.

-Hijo puta.

Y sin muchos más preámbulos  quiso entonces él abusar de ella, a lo que se negó.

-Quiero irme a casa, quiero irme a casa, por favor- imploraba la cautiva joven.

Pero él, con fama no muy buena en el pueblo, no podía dejar pasa esta oportunidad de amar con la violencia que siempre había soñado y empezó con sus magreos.

-Yo sé que te va a gustar- farfullaba el muy baboso.

      Tan arrebatado y entregado andaba que no advirtió cómo Wolfgang Schneider, que tal era el intruso, se repuso y se abalanzó sobre él. Pudo soltarse y darle otro golpe que lo derrumbó e inmovilizó. En llegados a este punto, esto ya no podía ser un juego de chiquitos. Se sacó el cinto y lo ahorcó. Todo ya se había desmandado y, puesto que en el pueblo ninguna chica lo quería por repulsivo, acabar ahora cometiendo tropelías con la joven cautiva convertiría la jornada en dichosa y de dulce venganza tanto tiempo soñada. También a ella acabaría por matarla, porque ya eran demasiados los lances que explicar y justificar, lo que hizo siguiendo idéntico modus operandi que con el cafre de Wolfgang Schneider. Como sabía de éste lo que ella le había contado y sabía también que su novio le había dicho de quedarse en la bodega y después salir por un ventanuco, el cual señaló; sacó el guía el cuerpo de Wolfgang Schneider por el tragaluz indicado, tras haber aparcado su coche frente al mismo, a una hora en que la zona estaba ya desierta. Cuando hubo llegado al punto de destino en aquel alejado lugar, arrojó el fardo con el fiambre envuelto en un recóndito recodo del río Thaya, de modo que cuanto más tiempo estuviese desaparecido mejor y, en aparecer, que el principal pringado fuese siempre Thomas, pues sabía que antes descubrirían a Sonja que a Wolfgang Schneider.

      Thomas Schneider fue exculpado y se le devolvieron los derechos plenos de ciudadano, en tanto el guía asesino dio con sus huesos en la cárcel unos cuantos años, lugar donde no le sería tan fácil mantener el culo a salvo y la misma sangre fría que esgrimió en el transcurso de varias visitas que condujo conociendo el paradero de la chica en aquel tonel. 


Fin