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10 febrero 2016

(₸) Alegatos a favor de la Psicología y sus aplicaciones diversas

¡¡¡Publicación sugerida!!!


      Como profesional con vocación que soy, tengo en alta estima la Ciencia (con mayúscula) psicológica y los múltiples usos que de ella pueden hacerse; si bien y por pura lógica me extenderé y profundizaré más en los que a mi área de especialización teórica, pero sobre todo práctica, conciernen. Y cuando escribo Ciencia lo hago a conciencia y pretendiendo que sea tomada tal expresión en su más amplio sentido, evitando en lo posible entrar en estériles -si no estólidas- polémicas de si la Psicología es Ciencia o no lo es. Pues claro que la Psicología tiene un notable fundamento en la Filosofía, como también la Ciencia médica o medicina. ¿O acaso no es “filosofía” cualquier tesis o hipótesis previa a una investigación práctica?. Puestos a entender la Ciencia como compendio de datos evaluables, cuantificables, operativos, medibles, etc.; ¿no es tan medible y cuantificable contar las veces que un fóbico evita (y supera, con tratamiento) viajar en metro, como medir y cuantificar los centímetros de esternón que se han conseguido enderezar en un afectado de la columna?. Hay quien puede mofarse de los métodos utilizados en uno u otro caso. Pues bien, diría que probablemente nadie pueda enderezar su columna a golpe de sugestión (tampoco estoy seguro del todo), pero una buena actitud psicológica por adecuados aprendizajes cura una úlcera de estómago con mayor eficacia que cualquier droga o intervención mecánica (cirugía, p.e.), colaborando -por supuesto y de ahí la siempre necesaria multidisciplinariedad- con expertos en dietética, antes que con farmacólogos y cirujanos. Y hablaremos de drogas, que es un tema del todo curioso. Si a lo que antecede añado que mis procedimientos, métodos y tratamiento en general reportan resultados tangibles; entonces no he de justificar ni con una letra más el rigor científico de mis aplicaciones psicológicas. Esto puede ser sólo palabrería, de acuerdo, pero si se detallan con suficiente profusión sujetos, objetos, métodos operativos y resultados evaluables; entonces se habrán de desvanecer las dudas y acabar con la imagen del psicólogo chamán, aunque algo de chamanes no sólo habremos de tener, sino también cultivar.
      A pesar de ser una persona de Ciencia, o tal vez por ello, no puedo evitar hacer una severa (y hasta agria) crítica a la Ciencia en general y -en particular- a la médica, por su cerrazón a abrirse y aceptar de la Psicología un protagonismo mucho más relevante, hecho por otra parte inexorablemente llamado a ocurrir, mal que les pese a los ultraortodoxos (o sectarios) galenos. De no entenderlo así, ellos serán los necios y una especie a extinguir (los que no se adapten). Por descontado que lo argumentaré. La Ciencia en sí, entendida como medio para alcanzar el conocimiento fiable, no es criticable; aunque sí los oficiantes que por miopía o mala fe la instrumentalizan o la llevan a un reduccionismo idiota. No me refiero al hecho demasiado frecuente de ponerse al servicio del poder, porque así siempre ha sido, es y será; siendo en este sentido escasas las posibilidades  de producirse cambios sensibles, por muchos científicos mesías, greñudos, harapientos y románticos que empeñen sus vidas en investigaciones más humanas y solidarias. En todo caso habrá de esperarse a su muerte, que al fin y al cabo a estos tipos sólo se le reconocen ciertos logros cuando muertos, nunca vivos, pues vivos molestan y se les trata de acallar tachándolos de todo menos de competentes. Ay, ay, ay, ¿dónde ha de estar la verdadera necedad e incompetencia, o incluso la ruin codicia?. Quizá en el mismo lugar que los intereses mezquinos de científicos “vendidos” y médicos “tarugos” (además de los estúpidos que -en verdad- también menudean). En fin, si me figuro estar escribiendo para un lector cultivado, entonces sobran los ejemplos en esta dirección. La crítica a los oficiantes de la ciencia sectaria no es otra que la unidireccionalidad de sus planteamientos. Uno echa de menos mentes más porosas tras los tubos de ensayo, que abran y acompañen las investigaciones considerando no sólo a los conocimientos formalmente aceptados por la comunidad científica pertinente, sino también a los “diferentes” e incluso a los “esotéricos” como algunos dicen. ¿Por qué no han de poder colaborar un acupuntor con un traumatólogo, un fisioterapeuta y un psicólogo?. ¿Las cervicales cargadas no tienen mucho que ver con tensiones psicológicas?. ¿Y la sugestión, la relajación e incluso la meditación no pueden servir en el parto?. ¿Por qué se experimenta tan poco con hierbas desprovistas en lo posible de química añadida y efectos secundarios demoledores?. Como mínimo ejemplo de la amplia gama de advertencias posibles basadas en el rigor, a los talibanes de la ciencia médica les lanzo el siguiente aserto: en la investigación y tratamiento del cáncer nunca, nunca van a encontrar la clave, en tanto se empecinen con mema obstinación en la interpretación exclusivamente mecánica y/o farmacológica de su etiología y/o cura; y mientras no se franqueen y acepten en sus orígenes y/o desarrollo la componente psicosomática y otras. Lo anterior sin duda reviste al cáncer de unas características que reclaman de una muy necesaria multidisciplinariedad, no sólo en la vertiente terapéutica donde los psicólogos se toman como “consoladores” o “sacerdotes” que supervisan y siguen la agonía; sino también en las mismísimas elaboraciones previas de tipo teórico, de diseño científico, etc. No profundizo más por cuanto no es tema que me ocupe por afición o necesidad, pero podría sugerir muchas ideas si me sobrase el tiempo o el ocupado en ello me lo pagaran con generosidad.
      No se me tome por alternativo, pues conozco y sé hacer uso riguroso del método científico si me lo propongo, no faltándome hasta hoy la imaginación suficiente para realizar diseños científicos con rigor. Por supuesto, tengo muchos “peros” hacia lo establecido -faltaría más- aunque sé que lo establecido también contiene verdades, si bien en sus márgenes hay otras muchas que empuja a obviar e incluso a aniquilar. Tan sólo aspiro a no formar parte de quienes a ciegas y sin sentido crítico comparten el conocimiento oficial, a no ser que paguen bien por defenderlo, aunque mucho me temo que cuanto afirmaré a continuación cerrará todas las puertas a esta última posibilidad. Miren, tantas víctimas como el tabaco las crean el tráfico en  calles y carreteras, las centrales nucleares, la hipermedicación tan rentable para los laboratorios, los bilingüismos impuestos que empujan a ciertas minorías a la marginalidad, etc. Ya, a algunos no les interesa reconocerlo, ¿verdad?. Y en todo caso, a unos cuantos se lo reconocerán de muertos. En este repaso previo no podía olvidarme de la dualidad, porque así quieren algunos que sea, entre la Psicología y la Psiquiatría. Leí u oí en algún sitio, alguna vez, que el Psiquiatra es aquél que sabe mucho de psicofarmacología y poco o nada de psicología; en tanto que el Psicólogo sabe de psicología (no sé si mucho) y es lego en psicofarmacología. Claro, es un estereotipo y un tópico, pero como tal no deja de tener su parte real, pues adviértase que el tópico lo fabrica un sabio de algo lleno de contenido, para que el pensamiento mediocre vaya vaciándolo con su abuso convencional, pues “tópico”, como su nombre indica, significa superfluo y sobrante. Me interesa por supuesto la farmacología, pero si algo me fascina es la neurología, puesto que en mi opinión el más cualificado para el estudio de la mente es el Neuropsicólogo (ni siquiera el Neuropsiquiatra, que éste cambia con química lo que el otro cambia con actitud), en cuyo estudio interactúan constantemente la actitud con la variación neurológica y a la inversa. Asombroso de verdad. Pero ya veremos cuán elevado es el número de estupideces que se escriben en su nombre (en nombre de la “verdad” interesada) y en el del supuesto rigor. Ay, el rigor. Quisiera saber si desde la Psiquiatría instalada y oficial, desde su necia arrogancia, podrían abrirse -para empezar- a ese enfoque y dejan de embrutecer su profesión a golpe de receta. Sinceramente creo que adolecen de la receta de la palabra. ¿Pero cómo se puede narcotizar hasta la muerte ambulante a un depresivo, la etiología de cuyo mal hay que buscar pura y lisamente en una inhibición caracterial o -en general- en una actitud errada ante los estímulos de la vida?. ¿Y con cuántos se ha hecho así?. ¿Quizá muchos más?. Otro tanto puede señalarse del resto de los trastornos neuróticos. En verdadero rigor, todavía nadie me ha demostrado que una depresión tenga su origen en un neurotransmisor por exceso o por defecto. Por supuesto que es un indicador, también puedo aceptarlo e incluso aceptar que su reposición mejore la sintomatología, pero se ¿ataca la causa o sólo se aplaca el síntoma?. ¿No sería bueno proponer un cambio de actitudes y después evaluar el nivel del neurotransmisor?. ¿Es la alteración del neurotransmisor quien causa la patología, o es la actitud errada ante los estímulos de la vida la que que altera al neurotransmisor?. Porque a mí consulta vienen algunos realmente abatidos y -seguro- que con el neurotransmisor por los suelos, pero fijo que cuando salen gozosos el nivel del neurotransmisor se ha normalizado sin haber ingerido psicofármaco alguno. Y así mil planteamientos más que determinados sectores con  influencia en la sociedad no parecen dispuestos a aceptar de buen grado. Porque sépase que tanto las enfermedades (la gripe aviar, p.e), como las actitudes ante ellas (las vacunaciones o la moda de las analíticas, que ahora pasarán a no ser tan buenas -por la pasta-, cuando antes de esta crisis del 2008 se recomendaban tres o cuatro al año, por lo menos), se diseñan a través de campañas mediatizadas. Quede claro que si algún psicofármaco puede aliviar el dolor de un paciente, que alguno en circunstancias muy concretas sirve, yo lo recomendaré, aunque haré todo lo posible por evitarlo pues mis tesis en torno a su eficacia y uso son muy otras a las usuales y convenidas. Por tanto, en todo caso sería el médico o tal vez el Psiquiatra quien hubiera de colaborar conmigo, no al revés, cuando se trate de curar una gran parte de trastornos psicológicos; en tanto algunos otros (bastantes psicosis y otros desórdenes psicológicos de difícil pronóstico) se los enviamos a estos profesionales para que nos seden a las fieras peligrosas y molestas. Me recuerdo ahora de la Escuela de Palo Alto que descubrió la esquizofrenia de etiología ambientogénica por familias cismáticas. ¿Cuántas otras de análogos orígenes podrían llegar a desenmascararse y diagnosticarse, de no mediar el respeto a la intimidad del enfermo, pero sobre todo el pensamiento unidireccional y acomodado (te receto y punto), muy generalizado -me temo- en amplios sectores médicos y psiquiátricos?. Así que yo, que ya tengo problemas para derivar a otro psicólogo, mucho menos lo haré a un psiquiatra, salvo si lo conozco en profundidad y sé de su sensatez y mesura. En fin, no se me tome por martillo de nadie, pobre de mí, pues  conozco algún Psiquiatra de enorme competencia a la que llegó contra su colectivo y cursando la carrera de Psicología, desde abajo, con gran devoción, afición y amplitud de miras, que es como debe hacerse. Hoy es un magnífico Psicólogo y un gran Psiquiatra. En él sí que confío a ciegas…, o casi.
      En todo este "boom" de la Psiquiatría tienen una enorme importancia los medios de comunicación (ya estamos) que la enfundan de una Ciencia superior y que viste más, queda mejor y tal vez -sólo tal vez- sea más eficaz. ¿Sea más eficaz, respecto a qué?. Porque si fuera respecto a un ataque de ansiedad del que cabe aniquilar el síntoma, entonces  le atizamos un martillazo en el dedo de quien lo está padeciendo y el síntoma desaparece “ipso facto”, aunque no se podrá decir que lo hemos curado.  Pero en fin, así nos venden la psiquiatría los hipermegananopseudocientíficos, muchas veces cayendo en el mayor de los ridículos y todavía hoy no se han ruborizado por ello. El periodista más riguroso, por llamarlo de algún modo, escribiría que la depresión y la bioquímica del organismo tienen relación. Pues claro, pero es como el cachondo que se acerca a un coche gripado y comenta muy sesudo que eso es cosa del motor. ¡No te joroba el profeta!. Cuando no, que tiene su origen en no sé qué déficit dopamínico, o serotonínico, o a saber. O incluso que la homosexualidad está “causada” por una alteración en el hipocampo. Pero so besugos, ¿tan difícil es entender que puede ser la actitud homosexual la que ha podido alterar el hipocampo, o los niveles de lo que sea.?. ¿Tan difícil es, de verdad?. ¿Por qué entonces, si es que llegan a tanto, no aprenden a precisar la noticia comiéndose el rábano y no las hojas?. ¿Saben lo que es la interacción?. Me temo que les sobrepasa. Mientras tanto, siguen vendiendo que la Psiquiatría viste, reviste y, aunque no cura (antes al contrario, en no pocas ocasiones -con o sin mala voluntad- enquista y cronifica el problema), impregna de una aureola más científica y sobre todo más glamurosa. Hoy, quien se precie, va a un Psiquiatra, no a un Psicólogo. Pues miren, les diré que quienes acuden al Psiquiatra, de verdad no tienen ningún interés en mirarse para adentro por miedo a verse sensiblemente imperfectos. Necesitan redención a ciegas de un redentor que los ciegue. Antes de explorarse a fondo necesitan ser revestidos de una capa de barniz opaco (la paz de los cementerios) que los hace más soportables para sí mismos. Sólo entonces podrán mirarse, aunque no se vean de verdad por dentro y hasta podrán llegar a decirse “qué chachi estoy”. Buscan “soluciones mágicas” a través de las drogas legales, cuyos efectos son muy parecidos al disparo de cartuchos que al explotar liberan múltiples perdigones en el sistema nervioso y si alguno de estos perdigones atina con el blanco, pues atina y si no a servir de cobayas con las que experimentar nuevos cartuchos. Y en muchos casos se enganchan de por vida a esta “magia”, para gloria de los laboratorios farmacéuticos y del Psiquiatra que se cruzó en su camino. ¿No curará mucho más corregir comportamientos errados?. Bien, pero esto no vende, ni viste. Y todavía nos queda por detallar cómo se percibe la figura del Psicólogo, con frecuencia en forma de insufrible topicazo, tan engarzado en la ignorancia que nos remite al más elemental cerebro de ameba, aun estándonos refiriendo a capas de la sociedad de las que cabría esperar un cierto nivel de formación mínimamente sólido. Nos referimos por una parte a la casta médica y a otros profesionales gremialistas de la medicina, a los que -en principio- debe suponérseles personas instruidas y que debieran reconocer en el Psicólogo una dotación y unas competencias. Sin embargo, lo niegan con tal furor que te obligan a concluir sobre su supina ignorancia y estulticie, o en el mejor de los casos te inducen a sospechar el encubrimiento de intereses inconfesables (taruguillos, taruguillos…). O bien pudiera suceder que alguno de ellos mismos sea un tarado de tomo y lomo, y tan tocado del ala que tenga pánico a ser examinado a fondo, por si lo suyo fuese de lo peor que le pueda ocurrir al común de los mortales y motivo de vergüenza social (grandes genios ha habido con el diagnóstico de esquizofrénicos y nunca se escondieron). Créanme, los mayores zumbados me los he encontrado entre aquéllos que dicen tener miedo a los psicólogos, algunos de los cuales  ocupaban cargos en altas instancias privadas o del estado, sobre todo del estado.
      Es muy curioso cómo la gente sencilla percibe al Psicólogo. No haré una descripción exhaustiva, pero citaré algunos casos. Si se empieza por los más ellos de todos ellos, habríamos de concluir que también ven al Psicólogo y acuden a él por buscar algo de magia, aunque sólo se la den con la palabra que les digan o ellos digan. Ignoran que una terapéutica seria pasa por un esfuerzo personal en la consecución de objetivos -pretendidos u olvidados- nunca alcanzados. Objetivos legítimos, por cuanto han de ser ellos quienes los definan y acepten en un ejercicio de autocrítica y autonomía personal.  La terapéutica va más allá de “psicotizar” a los pacientes encerrándolos en sus propios circunloquios. Sí, aquí aparece mi visión crítica del Psicoanálisis como modelo terapéutico, en particular respecto a alguno determinado que se acerca al sectarismo puro y duro. Y no se me venga con memeces, que yo admiro muchos descubrimientos de Freud y hago uso de la Psicoterapia Dinámica con quien estimo conveniente y en el momento del proceso que lo estime conveniente. Haylos que desconocen muy generalmente quién es ese profesional y qué les va a ofrecer. Sólo dicen por dónde empiezo y una vez sueltos largan sin parar, lo cual de por sí ya les alivia y es cuando ya perciben que el milagro esperado (en una ocasión traté a una persona que vino a que le quitase “el mal de ojo” que una de dos cartomantes rivales le había ocasionado, por haberle traicionado con la otra) está a punto de producirse. Con algo de suerte y mucho poder persuasivo puedes llegar a hacerles entender que deben darse pasos activos, no sólo en pasiva; es decir, que con sólo acudir al profesional no basta para superar los problemas previamente diagnosticados. Hay quienes desde fuera perciben al Psicólogo como un profesional del todo inútil, al que ellos y ellas perfectamente podrían sustituir. Yo les digo que el Psicólogo sólo es un experto en comportamiento humano, como el que es experto en mecánica y electricidad del automóvil, y que para eso estudió cinco años -en su plan, ahora son cuatro- de carrera en la Universidad; por tanto algo debió aprender y algo deberá saber, ¿no?. Ahora bien, si alguno nos puede sustituir, pues adelante. Algo nos enseñaremos los unos a los otros. Al fin y al cabo, en la Psicología también hay mucho de sensatez y sentido común, aunque mejor será aplicarla con amplios conocimientos teóricos y experiencia práctica. Eso debe ser un experto.  Otros ven al Psicólogo como poca cosa para ellos. Ya lo referí antes. No es el profesional adecuado a su nivel. Más de uno, si nos conociera, sin duda iba a cambiar de opinión, pero hasta hoy no he tenido la suerte de tropezarme con muchos. Los periodistas de postín siempre acudirán al Psiquiatra, mejor de renombre en lo que sea. Allá con su ignorancia. También algunos nos toman por vivales a obviar, tal que nigromantes, cartomantes, tarotmantes, adivinos varios o incluso chamanes o curas (aquí cuadra muy bien aquella afirmación de M. Foucault en la que manifestaba que los psicólogos son como los confesores, pero que alquilan caro sus oídos), etc. Por último, y eso suponiendo que algún tipo de percepción nos quedará por el camino, están los que se acercan al Psicólogo o tienen una visión de él bastante acertada, pensando que una recuperación ha de depender mucho de sí mismos. Con éstos da gusto trabajar, bien en el trabajo cognitivo, como en la motivación y seguimiento conductuales, u otros muchos procesos que se producen a lo largo del tratamiento. No se corresponden con el gusto y moda imperantes, pero serán quienes más provecho sacarán de la intervención terapéutica. Entre éstos yo he tratado a bastantes que han llegado destrozados a farmacoporrazo limpio y frustrados del tratamiento que hasta entonces habían seguido: el psiquiátrico. Y en serio, habrían de ver en ellos el resultado final. Para que los médicos después digan que su cura ha sido sectaria. Bien, que sigan en su linea gremialista y carente de toda autocrítica.
El mundo según el Diantre Malaquías


07 febrero 2016

(₸) POESÍA HOMOTÉCICA


(“POESÍA HOMOTÉCICA” es un grupo de escribientes de poesía experimental, creado a principios de los setenta por Raimon Pastor Jaén, Marceliano Miguélez Castrillo, Alfonso Español y otros poetas anónimos que nos dejaron su anónima contribución, de la que nos hemos adueñado sin el más mínimo escrúpulo ni pudor alguno los que quedamos de aquella camada de poetas pirados) 


¡
Pirómano iconoclasta y
WANTED
inquieto por la seguridad de los suyos y
casi muerto en una nefasta
pelea junto al cadáver de su
mujer
lloró de asco y tras
correrse dijo…
Tengo sed dadme
una poesía sin concesiones et
traedme el WC please…..
de donde puede inferirse la eficacia de sus
políticos


¿
Yo soy Eva la
del sujetador de cera dijo
deliciosamente anacrónica
desnuda por las calles y
borracha
¡viva la república!
cañones a lo lejos y
sus senos cabalgando entre
los cuervos
-sólo un poco de sangre en el
asfalto y unas gotas de tiempo-




&
El informe 2º de la 6ª cadena en el 5º canal
nos comunica que
:h
n
m
r
to
dos
casi no se distinguen las palabras del
locutor
p
ro
s
s
lágrimas
son suficientes y todos los programadores del planeta
n
loquecidos
ah delicia
es el fin



aStrOLabiO
Bierce teutónico in México
City como grito de
eMiliAnO Zapata
explorador que halló un
móvil en la profundidad
de la
Tierra Genera Radiaciones
rrrrR
láser
hachisch
rabí
sVáSTiCa
ondea en el viento de las
áGUILAS
S.P.Q.R.
(gloria in excelsis
LAO) SváStica
azulada
s
aguas del río OWL



Carreta y polla
(la carreta avanza
a tu pesar lector
la carreta avanza
con una rueda rota
y la polla del carretero)


Ponle título
el viejo BALTAZHAR se arrastra por el suelo con todos los muñones pa-
ralíticos, un eccema en el ojo izquierdo y el absceso del cuello que su-
pura pus sin cesar
gime como un lelo y recuerda entre sueños un viejo
tranvía de 1904, cuando la tía Liz se desnudó en el parque y las
señoras se escandalizaban y las miradas de reojo de los caballeros
la llu-
via que cae con la monotonía de una tarde cálida y Leonor, un po-
co borracha, que se dejaba distraída pensando en todos sus
hijos muertos
vacías las calles y todas las ventanas rotas y
todos esos niños que miran con sus ojos profundos en el
estómago, comprensivos y sabios mientras los mayores se
entregan a la orgía de vivir con los sentidos drogados y esa
hijaputa de luz que no sé de dónde coño viene.
AAA


Rumboa...



Los versos diantres del Diantre Malaquías


03 febrero 2016

(₸) PEDAZOS DE MUNDO


PAISAJE POST-DILUVIANO

Arrasadas están las sementeras
de cadáveres saturados los parajes
en cieno hundidas arboledas
las hojas marchitas cual ropaje
fúnebre de ramas cadavéricas.

Efunde el sol con tristeza
sobre el desierto paisaje
rayos de esperanza vieja
desde que el humano yace
cuando apareció en la Tierra.

Vacías están las calles
inhóspitas las ciudades
sólo un murmullo se eleva
de los agostados valles
que fueran verdes praderas.

Es el din-don de metales
es el brillo de monedas
pesetas o petrodólares
enterrando entre sollozos
la centuria de la técnica.

( 1975 )


ESTAMPA DE UNA CIUDAD

Sobre el pavimento de la ciudad
veo miles de marionetas
danzando al son del vil metal.
PODEROSO CABALLERO.

Pobladas aceras
colocan los títeres
frente a los escaparates:
“La moda de París
a precios irrisorios”
¡Vaya exclusiva!.

Vislumbro siluetas femeninas
despampanantes en su esbeltez
introducirse en modernos deportivos
a juego.

Hombres ya exhaustos
caminan vacilantes hacia el martirio
de las ocho, las diez, las doce horas.
Otros rellenos y recién acicalados
con perfumes y sales
de la marca de las marcas
fuman larguísimos puros
en la terraza lujosa de algún lujoso café
con porte inflacionista.

Los juegos de azar, los sorteos
 las apuestas
el circo de sábados y domingos
las modas instruidas
son de mucho éxito
en cualquier ciudad de mi país.

Sólo algún privilegiado
vive el tesoro de su tiempo
en barrios exóticos dentro de la urbe.
También quiere dinero
pero sólo el justo
para poder contemplar.

PODEROSO CABALLERO
es el tiempo que puede ser vivido.

BCN, MAYO DE 1973



A UN HOMBRE DE SOCIEDAD

Siempre lo suelo ver
caminando deprisa por la calle.

Siempre ocupadas sus manos
con diversos objetos
pero no las tiene llagadas
porque sabe sonreír con simpatía
a los grandes señores de la materia.

En general, pasa desapercibido
cuando no se arropa
de caballos-vapor y de cilindros
pues sus otros vestidos son corrientes
-aunque caros, eso sí-
de hombre de sociedad.

Y como él existen no pocos
que tampoco sucumben al hambre
aliada como está el hambre
con verdades metafísicas.
“Pobre mundo y su verdad”, exclama.

Mas nada importa:
es preferible comer bien
y vestir bien
y correr mucho y más y más ...

¿Dónde está el recto camino?.
Él es hombre de sociedad.
Él fabrica bienestar.

Siempre lo suelo ver
siguiendo el rastro al dinero
y parece muy feliz
mientras con simpatía
sonríe a los grandes señores.

Siempre lo suelo ver
siempre está besando pies
de personas
que no tienen llagadas sus manos
(no vayan a llagarse las suyas)
esposadas de anillos nobles
mientras miles de obreros
siguen la creación manufacta
con la esperanza puesta
en el progreso social
-cualquiera de ellos
que los criterios son tropel-
ya sean primeras y segundas
y terceras residencias
o amarres en puertos “in
o cuentas corrientes boyantes.

La muerte cruel de la utopía
sobreviene
cuando manos antes llagadas
hoy apuntan su dedo índice
para que otras se llaguen.

BCN, MAYO DE 1973



APARIENCIAS

“Come mierda
millones de moscas
no pueden estar equivocadas”.

Así reza una ácrata sentencia
en las paredes muy doctas
de un viejo frontón rural.

¿Ha de “respetarse” a los otros
si son opresoras cadenas
que atenazan a los pocos
de criterio singular?.

Unos pasan por ser luz
en un mundo -dicen- de locos
al que ellos no pertenecen.

(Dése tal pretensión por sabida).

Son los sanos y hasta santos
su vida no deja dudas.

Mas puestos como Pilatos
entre el justo y el injusto
lavan con agua sus manos
por aparentarlas puras
y sueltan a Barrabás
(o a Jesús, que da lo mismo).
Ante el grito de la turba
no se puede quedar mal.

Desecho, aborrezco, escupo
este mundo nauseabundo
ahora que sigo consciente
-digo yo-
entre los locos y pocos.

Culpo a la sociedad
de fabricarnos en serie
de haber hecho a las personas
un producto de mercado
-no a todos, porque no puede-
de maquinizar humanos
-cuanto más tienes, más eres-
de predicar libertad
sólo para apaciguar al rebaño.

Todo ha de resultar mentira.

Y no sociedad en abstracto
sino personas, personas...
su sociedad monopolio
que nos marca y que nos merca
nos desangra
con tanta productividad.

Culpo a los descerebrados
que tragan yerros y mierda
(democracia de las moscas)
que se arrastran embaucados
que engullen el vil metal
en aparente fortuna
previo lema “social y de progreso”
o el propio de los que llaman “caverna”.

Son cuerpos, masas o pieles
de vida envuelta en mentiras.

Me enciende y aún me subleva
pretender etiquetarme
en derechas o en izquierdas
si todo es una gran patraña.

Ellos son turba esencial.

BCN, JUNIO DE 1972. RETOCADA EN FEBRERO DE 1991

Los versos diantres del Diantre Malaquías

29 enero 2016

(₸) La razón frente a la angustia


      Hay en nuestra sociedad ciertos sectores y hábitats concretos especialmente propensos a estados de angustia. En términos ya tópicos pero quizá más inteligibles, diría que se trata de una especie de “angustia vital” o “angustia existencial”, aunque por razones concretas derivadas de una cruda realidad. Me refiero a la juventud y al tropel de parados (muchos millones ya) que, siendo colectivos diferentes, comparten demasiadas veces las mismas inquietudes. La relevancia sanitaria de este problema queda patente en informes difundidos con profusión por los más diversos medios de comunicación. También se habrá de hacer referencia a ciertas periferias, subdotadas por coyunturas y circunstancias siempre irracionales, al tiempo que colonizadas mayoritariamente por aquéllos (jóvenes y parados, recuerden), como no podía ser de otra forma. Por tanto, en los ámbitos donde se combinen estos preocupantes factores intervinientes, no es difícil suponer entre la población graves situaciones de zozobra e inestabilidad psíquica. Incluso entre personas que, sin estar directamente afectadas por la inestabilidad o precariedad laboral, sufren las consecuencias de un medio inseguro, con discutibles sistemas de valores, culturalmente desmotivado y, en fin, muy limitado en formación y competencias.

      Centrando más el problema, si se entiende la angustia como un estado continuado de ansiedad sin razón aparente, o por causas desproporcionadas al efecto que producen, el primer paso para su prevención y/o solución sería la racionalización y asunción de los factores que la fomentan. Un segundo paso trataría de controlar aquellos aspectos del universo próximo del sujeto que la favorecen o agravan. Respecto al primer punto debe entenderse por racionalización el proceso a través del cual se analizan y se da su justa dimensión a los problemas, tratando que éstos no perturben ni desborden el entendimiento. En este caso sería de aplicación el modelo de psicoterapia denominado “cognitivo-conductual”, en su expresión concreta conocida por la “intención paradójica”, utilizada como técnica, pero también como estrategia terapéutica. Viene todo esto a significar que el miedo a los fantasmas no lo superarás si ante ellos sales corriendo; antes bien lo superarás haciéndoles frente, plantándoles cara y tirándoles de la sábana; o, de forma más comprensible, siguiendo el modismo castellano de “si no querías sopa, pues toma dos tazas”. Respecto a los factores que fomentan y/o acrecientan la angustia el más recurrente es el de hacer de los pensamientos intrusivos temas tabú, lo que sucede al tratar de forzar el alejamiento y olvido de dichos pensamientos, con lo que se están convirtiendo en todavía más intrusivos y parásitos. Por otra parte es lógico pensar que la angustia se producirá con mayor frecuencia e intensidad, cuando las propias incapacidades personales no permitan afrontar las dificultades con inteligencia práctica. Es decir, cuanto menor sea el nivel de cultivo mental (tampoco hace falta que todos sean doctores, que también los hay muy listos con estudios primarios), mayor será la propensión a que los estados de angustia desemboquen en perturbadoras consecuencias. Pero no siempre es así, pues puede haber personas inteligentes y formadas invadidas por este tipo de pensamientos, y no es precisamente porque carezcan de competencias, sino que en cualquier caso están haciendo un uso muy inadecuado de las mismas. Sin embargo, sí parece claro que en el cultivo personal y el desarrollo intelectual (que pasa por creer en la psicología y los psicólogos) se encontrarán los adecuados instrumentos para prevenir y/o tratar la angustia hasta su extinción.

      En cuanto al problema del paro, se deduce fácil que el objetivo casi único de la mayoría de desocupados es, con toda su crudeza, la supervivencia pura y dura en este mercantilizado mundo y, dadas las condiciones del mercado laboral, una de las pocas vías posibles que aún quedan para supervivir es la “alternativa personal”. Conviene señalar, no obstante, que para afrontar con alguna perspectiva de éxito la “alternativa personal” son necesarias unas dotes adquiridas sobre todo a través de un proceso intencionado de formación permanente, las cuales podrían concretarse en expresiones como lucidez mental, capacidad de iniciativa, sentido de la organización, seguridad en las propias posibilidades, otras y muchas ganas. Y si la experiencia directa obtenida a partir de manipulaciones y probaturas juega también un importante papel formativo, es el estudio dirigido o autodidacta el que, sin duda, más capacita. La importancia del estudio no radica exclusivamente en el cultivo del espíritu, sino también en la posibilidad de titulaciones complementarias que enriquezcan el currículum personal. Antes se hacía referencia a la supervivencia y éste es un concepto que conviene precisar. Por sobrevivir debe entenderse la utilización de un medio de vida para cubrir, al menos, las necesidades elementales (cada cual sabrá las suyas), dentro -claro está- de unas normas éticas de civilidad. Sin embargo, es difícil que la civilidad y la agudeza mental imperen en ámbitos donde la pobreza de estímulos ambientales de tipo educativo e incluso el más absoluto desprecio por la cultura cercenan toda potencialidad individual que facilitaría la “alternativa personal”. Así surgen las alternativas marginales, en algún caso con graves problemas para la convivencia. Se podrá alegar que el concepto de “alternativa personal” es vago e inconcreto. Pues no, es concluyente por cuanto, o se construye una “alternativa personal” o se enfanga uno, se enreda y ahoga en las reticuladas raíces de obsesiones y otros estériles pensamientos intrusos que angustian hasta la asfixia a los humanos cuando a una situación no se le encuentra salida. Sobre la angustia en función del universo próximo, cabría preguntarse si un medio insensibilizado y aculturado no favorece hasta extremos preocupantes la “angustia existencial”. Un medio donde campa el desarraigo, tanto el de quienes no hacen ni el más mínimo esfuerzo por una respetuosa y justa integración, como el de aquéllos que con actitudes pazguatas hasta el ridículo practican una integración “militante”, procurando de este modo enterrar su pasado y raíces de las que se avergüenzan; un medio así no es un medio equilibrado. Un medio donde se ultraja a los marginados, olvidando que son producto de una sociedad a la que los ultrajantes han contribuido de forma muy principal a sustentar y alimentar, a veces con mala fe, en no pocas otras desde el sectarismo político y las más de las veces con ignorancia e incompetencia manifiestas del común de la ciudadanía, de las que el sectarismo político saca provecho, por supuesto. O aquel otro medio que ofrece a los resentidos la posibilidad de aferrarse a radicalismos varios (“partidarios” que pegarían e incluso matarían o morirían “por la paz”), no es un medio equilibrado que favorezca el equilibrio psicológico y por tal la superación de la angustia, cuando menos la vital. Un medio donde se dan casos de anteponer los tragaperras a la excursión colegial de sus hijos, o donde las bibliotecas son adornos y componentes del mobiliario urbano -más que otra cosa- es un medio desquiciante y génesis de todo tipo de trastornos psicopatológicos. Son demasiado frecuentes las anécdotas como la del padre que vocifera a su hijo sobre lo estúpido del macramé como trabajo manual del colegio, o el de la madre con sensibilidad de esparto que “esputa” a su hijo lo inservibles que son sus manualidades. Son ejemplos donde la propia frustración personal investida de ignorancia integral frustra y limita las posibilidades de expansión de su pequeño. Entiéndase bien. No pretendo insinuar como única alternativa en estos ámbitos la droga y/o el paro, pero se habrá de convenir que el elevado número de necios ya existente, aquéllos de los que se dice “la ignorancia es atrevida” seguirá existiendo e incluso procrearán nuevos engendros (ya se sabe que los hijos vienen sin manual de instrucciones). Sin embargo, las personas conscientes de sus limitaciones, con buena voluntad, aquéllos que humildemente aceptan lo poco o mucho que saben y que, sobre todo, siempre quieren aprender cosas nuevas; aquéllos -digo- no tendrán graves dificultades para racionalizar sus preocupaciones y acabarán por sobreponerse a su particular calamidad.


      Hasta aquí se ha dado un enfoque preventivo al problema. Y en el caso de los hechos consumados, cuando la angustia nos supera, ¿qué hacer?. Las angustias concretas cada uno deberá tener alguien con quien compartirlas. Probablemente un buen amigo y una familia acogedora alrededor son, al menos, tan importante como un buen psicólogo. En última instancia, los recursos técnicos del especialista sobre los que ya se adelantó algo en párrafos anteriores siempre pueden aliviar y hasta suprimir el daño. 


Fin
El mundo según el Diantre Malaquías

24 enero 2016

(₸) Nieve y patria

Cuando la nieve descarga
en patrias de escaso copo
pero de Historia preñadas
con actitud reverente
en balcones y terrazas
se arremolina la gente
para secarse los mocos
mientras se aparta al de enfrente
pues su nieve no es tan blanca ...

Y eso que lo blanco hiere
sus enseñas y sus modos.

Los versos diantres del Diantre Malaquías

19 enero 2016

(₸) Sectas: comulgar con ruedas de molino


      Introducción teórica


      En general, puede decirse que las sectas tratan de ocupar el lugar de las religiones tradicionales, a las que sustituyen en su rol redentor. Se distinguen de éstas por la práctica de un culto más espontáneo e íntimo (no tanto liturgias solemnes), dándose además en sus miembros una voluntariedad ¿…? y una autoexigencia de “santidad” súbita que no es frecuente en las religiones clásicas, donde tanto la militancia como la salvación vienen, en cierta forma, impuestas. Suelen estar también más alejadas del estado, de los poderes y cultura dominantes, a los que toman como enemigos que deben ser combatidos. Históricamente surgen siempre ante supuestos grandes signos (los cambios de centuria y/o milenio vienen al pelo para sus predicciones apocalípticas con las que aterrorizar incautos), por decadencia social (real muchas veces, sí, pero no para necesitar redentores), por frustración socio-cultural, etc. Con ética paternalista y humanista promueven valores como la no violencia, la paz, la felicidad, la gracia, la recuperación de la identidad y el encuentro consigo mismo o con el semejante, y así un sinfín de ellos siempre investidos de ese carácter mesiánico. En definitiva, y de una manero u otra, aparecen para salvar el mundo.

      Cabe distinguir dos tipos de sectas. Unas, cerradas y a las que algunos llaman “destructivas” (como si todo grupo sectario no tuviese algo de destructivo y aniquilador de la personalidad), se caracterizan por la obediencia ciega a un jefe idolatrado. Otras, denominadas abiertas y “no destructivas”, están definidas por una relación horizontal (literal, con frecuencia, sobre todo si se trata del amo), donde el ideal de comunión es primordial y donde cada uno es hermano para el otro. A la postre, todas cubren necesidades de afectividad, de autoestima, de disimulo de la irracionalidad y de redención desculpabilizadora (la culpa, no se sabe muy bien de qué, es un sentimiento recurrente).

      Sujetos u objetos de la redención

      ¿A quiénes redimen las sectas?. Las instituciones tradicionales, quizá por agotamiento del discurso, por desfase del mensaje o simplemente por representar lo socialmente aceptado no pueden tener rango de redentoras para alguien que cree ser distinto a la masa. Ésta es una característica básica, pero se dan otras que completan el cuadro. Las sectas reclutan en medios psíquicamente frágiles (síndrome de carencia de autoridad, integrismo religioso, educación asfixiante, invalidez de modelos, etc.), los cuales favorecen la aparición de individuos de “yo” quebradizo y/o lábil, con estructura de personalidad endeble, hipersensibles muchas veces, con ínfimos niveles de autoestima que se compensan con las expectativas de ser distintos, muy culpabilizados (la culpa, otra vez), con baja tolerancia a la frustración, normalmente incapaces de establecer vínculos interpersonales firmes y seguros y, en fin, sin competencias para superar de forma autónoma los conflictos y contradicciones de la vida. Estos rasgos, junto con la necesidad de adquirir responsabilidades sociales, hacen perentoria la afiliación a un grupo poco numeroso, de corte humano, personalizado y repersonalizante que los valore, los desculpabilice y colme sus anhelos de sensualidad, de paz interior, de rebeldía y de otras muchas subjetivas carencias de mayor o menor relevancia. Obviamente, estos “acogedores” grupos son las sectas.

      Desocialización y resocialización

      Los militantes de tales grupos son sujetos que, sin tener más lacras que cualquier otro ser humano, así no lo creen y recurren a la que yo denomino “técnica del barnizado opaco”; esto es, ponerse muy bonitos por fuera para no angustiarse y enterrar -vivo, por cierto- lo que antes no les gustaba de sus adentros. En otros términos, los miembros hipotecan su “yo” (algo parecido a vender el alma) y se diluyen en el grupo hasta la pérdida, a menudo severa, de autonomía, de yoidad, de individualidad, de actitud y aptitud para el análisis, la crítica y la autocrítica. Con técnicas de persuasión más o menos sofisticadas (no siempre son tan sofisticadas como se pretende hacer ver) instruyen a los adeptos para mostrar lealtad, para formar bloques y alianzas contra el sistema “perverso”, para organizar grupos cohesionados que antepongan siempre los valores conjuntivos a la individualidad, y así definitivamente acabar con la persona como ser librepensante y autónomo. El condicionamiento continúa limitando las relaciones personales (separación de la familia, anulación de los contactos exteriores que no sean de reclutamiento organizado o de actividades para la supervivencia) y tratando de crear la sensación de “élite” , el sentimiento que sólo ellos conocen el modo de salvar el mundo, que son la vanguardia y asisten a un mesías, y otras monsergas semejantes. Se ubican en pisos donde ocurre de manera muy especial el proceso “desocializador” y “resocializador”; es decir, primero sacan al sujeto de su sociedad natural y después lo sumergen en otra que lo “regenera” y “purifica”. Se relacionan bajo excusas diversas como el amor universal (por costumbre mucho más universal para el jefe), el flujo de los sentidos, la experiencia interna, la acción válida y otras más o menos surrealistas; de forma tal que acaba estando bien lo que antes era malo. Y aquí se perfila un modo curioso de disociar que algunos denominan “síndrome disociativo atípico” y al que se llega a través de lo que el Dr. Miller (Berkeley) llama “trance inductivo”. A una verdad antes universal (por ejemplo, la promiscuidad no es buena) le sucede una muy particular (por ejemplo, ahora es buena porque supone una “experiencia interna” o el “flujo de los sentidos”). Se traducen reacciones personales a códigos sectarios (las colectas se justifican como “acciones válidas”). Como dice el Dr. Miller, cada uno se encierra de modo “quasi” esquizofrénico en experiencias particulares y pierde el contacto con el mundo real, produciéndose así una inadecuación de las relaciones del sujeto con su entorno.

      A medida que se asciende en la estructura piramidal se gana autonomía en el grupo, pero se pierde para poder salir de él. Las presiones son cada vez mayores. Hay un mejor conocimiento entre los miembros, por tanto más fácil resulta el chantaje y la manipulación con sentimientos de culpabilidad por la huída y abandono del grupo, caso que alguien estuviese tentado de hacerlo. Las amenazas de mayor o no tanta sutileza son frecuentes y fomentan el temor (terror, a veces) a la venganza. Cuando el adepto ha llegado a estos niveles en los que le produce un sacrosanto horror que le cuestionen sus concepciones y creencias personales (sería como desnudarlos en plena y concurrida calle) , el grado de incondicionalidad al grupo es ya rayano al fanatismo. La capacidad para desarrollar y ejercer mecanismos de defensa ante el mismo ha desaparecido, se restringe la atención crítica y se anula la autoocrítica (algunas sectas hablan de ellas, pero desenfocadas o tendenciosamente enfocadas), aumenta también la sugestionabilidad hasta llegar a un estado de exaltación espiritual tan delirante que altera de modo severo a la conciencia y lleva a la sumisión automática a los dirigentes. Una persona acaba siendo incapaz de irse por su cuenta de una secta, si no es con ayuda psicológica que trate la reintegración normalizada al medio natural, aún si el intento de huída ocurre respecto a sectas en principio toleradas porque sus actividades no pueden demostrarse como ilegales, cual pueda ser el caso de la Cienciología. Porque cuanto más tiempo pase, no sólo la salida del grupo se hará más difícil, sino que también la readaptación será más complicada, y ello debido a factores de carácter psicológico, unos, tales como episodios que especialistas americanos denominan de “flotación” (lo del pulpo en un garaje), el “efecto pecera” (sentirse siempre observado). Otros sin embargo son de naturaleza socio-económica como, por ejemplo, las desfavorables condiciones del mercado laboral que pueden afectar de modo muy singular al antiguo adepto, e incluso su desadaptación integral a las diversas exigencias sociales, en general (proceso de “resocialización” a su sociedad natural). Y es que, según opinaba un desprogramado informador (un “desprogramado” es alguien que ha debido recibir tratamiento psicoterapéutico para superar la “huella psíquica” o secuelas psicológicas tras el abandono de un grupo sectario), “ la libertad es muy bonita, pero da tanto trabajo…”.

FIN

El Diantre Malaquías

17 enero 2016

CHINAS EN LOS ZAPATOS -V- (Florilegio cronológico de la memez)

¡¡Publicación inédita!!

DÉCIMOTERCERA ETAPA

( Desde enero de 2016, hasta que tenga a bien)


(El pimiento pensativo)

      "SOBERBIA INTELECTUAL". Queridísimo espécimen político, militante en el partido de los "podadores" y con apellido de bolsillo: Endilgar a tu capo-jefe, el sansonete greñudo, el rasgo de "soberbia intelectual" tiene tanta consistencia argumental como si, por un milagro de la naturaleza, el bueno (supongo) de Pablo Echenique militase en un equipo de fútbol de postín, el Real Zaragoza de los cinco magníficos, por ejemplo; y dijeses de él que es muy bueno con el balón en los pies aunque demasiado individualista. Eso si entiendo lo que has querido expresar con tal calificación, que no estoy muy seguro pues "soberbia" e "intelectualidad" parecerían y deben ser términos antitéticos ("yo que lo sé todo, sólo sé ..." y tal y tal). ¿Vale, sesudo pensador de pensamiento sin duda limitado?. Y no hay ápice, ni un ápice de maldad en este comentario, me da igual se crea o no, porque apenas conozco nada o casi nada (que es de Zaragoza -creo- y para de contar) de la trayectoria vital de esta persona a la que sí nombro.

      ARTES ESCÉNICAS EN EL PARLAMENTO. Reconforta el alma y enternece ver la alegría de los diputados (y diputadas) el día de la constitución de las nuevas Cortes. Unos que con dulces ademanes se pasaban un bebé de brazo en brazo, otra diputada yacente en su silla de ruedas que a trancas y barrancas balbuceaba su juramento o promesa -se supone- con entrecortados fonemas de semántica indescifrable y unos cuantos más que hacían muecas con la boca y gestos con las manos. Deliciosa y cándida imagen, claro que sí. Para completar el círculo virtuoso de estos investidos de superioridad moral y redentores de los pobres desheredados y afligidos (uno es desheredado y pobre, pero no afligido, aunque sí tonto por no tener "conciencia de clase") les propongo un audaz paso adelante. De cara a próximas elecciones les sugeriría fichar para sus filas y nacionalizar un mendigo del Este, mudo y mutilado, con sus cuatro extremidades amputadas al que, por hacerlo más visible y ejemplar, hagan jurar su cargo con un voto en una urna oportunamente ubicada en el centro del hemiciclo, a la que accediera culeando por el pasillo del Congreso y con el voto entre los dientes. El acto culminaría cuando, en llegado el votante ante el sagrado cubículo, tomase el voto de su boca con los muñones superiores y lo depositara en el sagrario de la democracia, entre ráfagas de flashes, alaridos y claca. Albricias y malvasía pura con la que premian esos muchachos (y muchachas), incluso a los tontos que los tildan de populistas. Pues sí, dramaturgia, postureo, esperpento y populismo, para mayor gloria y regocijo de quienes les votaron. Sin duda, 
   
      VEGETALISTA. Sobrepasando por la izquierda y la derecha, por arriba y por abajo, por el centro y por los extremos a los tiernos animalistas a muerte, tan pedestres y groseros ellos (aunque se crean lo contrario), les comentaré sobre el dolor de las lechugas (y lechugos), de los pimientos (y pimientas), de las berenjenas (y berenjenos) y demás hortalizas (y hortalizos), de los que yo sí oigo sus quejumbrosos lamentos cuando son arrancados o tajados sin piedad ni compasión alguna en esos huertos patibularios. Cuán zafios e inhumanos resultáis quienes no oís esos pavorosos quejidos de los pobres frutos de la huerta. Tan vulgares y ordinarios, sólo veis sangre palpable, mas incapaces sois de sentir los afligidos sollozos de estos otros seres vivos mientras dejan la vida a borbotones de savia. Garrulos insensibles que no alcanzáis a sentir el llanto de una cebolla (o cebollo) cuando la trinchan para después además pocharla, o pasarla por la hoguera a fuego lento que es lo mismo. Bestias de espíritu embrutecido que se nos quieren colar en nuestras vidas como redentores de algo. Que no se cruce en mi camino un vegetalicida de ésos que a fe mía lo crujo, le arranco la cabeza tal cual se arranca al tomate (o tomata) de la mata y hago de él cuanto él hace con los frescos y adorables vegetales, tan cargados de vida ellos.    


      POSTUREO. Palabreja de moda, pero creo que con sentido y relación directa con cuanto aquí escribo. Es tal el nivel epidérmico y de insustancialidad del pensamiento "guay" en boga que de verdad asusta y hasta da escalofríos. ¿Por qué no vendrán los animalistas a desgraciarme la fiesta cuando aplasto con gozo y saña a ese mosquito tigre que, en una infame excepción (son los menos, os lo juro), pillo despistado?. Pobre animalito, pensarán ellos y ellas, mas es puro postureo y exhibicionismo. Yo les recomendaría ir a Siria y ponerse entre los niños y las bombas o entre los niños y los del injustamente repudiado E.I. o Daesh o como le digan. Pura cuestión de antropología cultural.

      ANTROPOLOGÍA CULTURAL. ¿Pero cómo os atrevéis a cuestionar la cultura sarracena o hasta la mismísima ablación del clítoris o la destrucción de culturas milenarias viejas y desgastadas en estatuas y otros monumentos caducos, derribados en justicia a golpe de pico y pala, martillo, mazo o bomba?. Es que no tenéis una mente abierta y cosmopolita (como los de "La civilanza de las alienaciones") y encima indirectamente defendéis a los judíos que ven un niño palestino y van por él como locos con sus tanques y ametralladoras. Cuán poco modernos y "pogresistas" sois. ¿Tan difícil resulta comprender las diferentes culturas que enriquecen nuestro plural mundo, caray?.

      PANORÁMICA DEL CINE ESPAÑOL DE LA DEMOCRACIA. Sobre un "cineasta español" (sintagma el entrecomillado que  constituye "per seun insuperable insulto, porque significa autor de bodrios en forma de película infumable y cargada de tópicos y estereotipos ideologizados, además de subvencionados), al cual conocen por Trueba (se debe escribir así, creo yo) dos cosas diría. Una: ¿a quién puede sorprender su distorsionada perspectiva de la realidad?. Dos: la pasta del premio no la devolverá ni por asomo, porque se le han hecho los ojos (o al menos alguno de ellos) chiribitas.

  
    LOS PANESPAÑOLES. Dícese de unos ciudadanos catalanes que en trance de delirio psicótico pre-disociativo querían independizarse de la opresora España sin por ello dejar de ser españoles (o quizá sí pasando a ser sólo catalanes, o quizá no y también españoles), la mayoría de los cuales formaba parte de una candidatura electoral que se hacía llamar "junts pel si" o puede que "junts pel no o sí o ambdues", o puede que "junts pel qui sap què". Ante batiburrillo tal, ¿es posible que quede alguien quien todavía se crea algo de esta gran patraña, sin por ello estar muy preocupado por su salud mental, hasta el punto de plantearse con cierta urgencia poner límites y a ser posible cura, así sea sólo parcial, a tan inefable y gigantesco desatino?.