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19 octubre 2026

TAB: TISTA RUBIO NISTAL: REPE-II. Sobre "Las azarosas memorias de un expatriado en tierra propia"

Sobre "Las azarosas memorias de un expatriado en tierra propia".

Marceliano Miguélez Castrillo, autor

Nacido en Santibáñez de la Isla, en 1952, obtuvo el título de Maestro de Primera Enseñanza en 1973, en la Escuela de Formación del Profesorado Sagrat Cor de Barcelona. Es también Licenciado en Psicología en 1982 por la Universidad de Barcelona y Perito Calígrafo titulado por la en 1988 por la ANPCE (Asociación Nacional de Peritos Calígrafos de España.

Ejerció primero la docencia como profesor y más tarde la Psicología clínica y médico-forense, y la pericia caligráfica. Sin militar, colaboró un tiempo con el PSUC y fue un importante promotor de la huelga de enseñanza en el cinturón rojo barcelonés, en 1976. Ha escrito artículos en revistas de diversa índole, así como textos literarios en verso o en prosa e impartido un buen número de conferencias, y ha sido invitado, como psicólogo y/o perito, en diferentes programas de radio y en el magazine diario "En directo", de TVE-3.

P: Nunca había leído una autobiografía tan valiente, por lo que te felicito.

R: Gracias por la felicitación, la cual y de hecho también os define para bien como personas y como profesionales, pues no habéis buscado el boato sino el trasfondo y contenido con independencia de la mayor o menor nombradía del entrevistado. Y en cuanto a esta autobiografía, yo no la tengo tanto por “valiente”, aunque no me arrugue, simplemente la tengo por honesta, palabra esta que quizá salga a menudo en la entrevista porque si algo he pretendido en la vida es poder mirar a los ojos de quien tenga enfrente y eso sólo lo da la honestidad o la psicopatía, ya saben, los que ni sienten, ni padecen, ni empatizan con nada ni con nadie. Como psicópata no soy, seguro, pues me tengo por honesto y así me siento. 

P: Te desnudas interiormente por completo. ¿No temes que te hagan daño?

R: Sí, claro que me desnudo y estoy convencido que en buena parte debido a eso no recuerdo haber sufrido daño por mis opiniones o por mi forma de ser o por cualquier otra característica de mi condición; lo cual no significa que no lo hayan intentado. Pero cuando uno tiene asumido y bien digerido que nadie es más que nadie, ni menos que nadie, ni igual a nadie y ejerce en su vida esta consideración difícilmente puede sufrir daño por que la diferencia antes que una maldición es un tesoro que fortalece la identidad, nuestro mayor capital, e inmuniza contra el acoso de ataque y derribo. E ilustraré el ejercicio de esta consideración o máxima con un simpático ejemplo. En la década de la excelencia de mi vida y durante mi periodo universitario coincidí en mi palaciego piso estudiantil con algunos compañeros en general más dotados que yo, bien en cuanto a medidas diversas (sobre todo con dos de ellos siempre salía derrotado), bien en que eran mejores (o más afortunados) que yo jugando al póker y alguna vez me dieron bien dado en las morreras, bien en competencia mental en lo  que también me crujirían porque mi inteligencia es diesel y los reflejos mentales no son mi fuerte. Sin embargo jamás me hundí ni dejé de competir, salvo en lo insalvable que ahí ya me di por derrotado de por vida y hasta acabé por reponerme y mejorar mi maltrecha autoestima. Y más sobre el daño: no ofende quien quiere sino quien es competente para hacerlo. Un buen amigo, por ejemplo.

P: A veces pareces duro y otras sentimental. ¿Cómo te definirías?

R: Soy más sentimental que duro. La apariencia de dureza que pueda trasmitir, por ejemplo a mis alumnos en su momento, es la íntima convicción muy interiorizada -permítaseme la redundancia- de morir antes que vivir arrodillado o tragarme las injusticias sin rechistar o la de permitir en mi entorno que alguien actúe con más de una cara. Son situaciones que me hacen reaccionar con coraje. Reaccioné contra ello en La Salle, tanto en Les (Valle de Arán) como en Premià, casi lo hice en el servicio militar y al final me contuve para mi fortuna, también lo practicaba con los recios y levantiscos alumnos que me tocaron en un difícil barrio ante los que no me doblegué nunca por algo que no tuvieran razón y hoy la gran mayoría de ellos me lo agradecen. Así que soy más sentimental que duro y creo que maduro en relación a esa máxima de “antes muerto que vivir arrodillado”, la cual  ha regido mi  vida no ideológica sino diría incluso que genéticamente (como dicen, lo llevo en los genes). Es quizá el ejercicio de esa convicción el que me da esa apariencia de dureza. 

P: Lo trágico y lo cómico se entremezclan. ¿Tienes la sensación de haber vivido en blanco y negro la infancia y adolescencia?

R: Permítame reconocerle el acierto en mi opinión del sintagma “haber vivido en blanco y negro”, porque en una panorámica global de mis memorias predomina el blanco y negro y me encanta que así sea. Es decir, si de golpe lanzo el ejército de mis neuronas al completo a contemplar una perspectiva general de la que ha sido mi vida la tonalidad que me viene de primeras, espontáneamente y que colorea el conjunto del cuadro es el blanco y negro. Sí, lo más maravilloso de mi vida (que no siempre lo fue, pero predomina lo bueno de largo) lo percibo en blanco y negro. La  policromía le resta esencia, contenido, consistencia y presencia.

P:Veo que te marcó tu etapa en el internado de La Salle, lejos de tus raíces.

R: Claro que me marcó y sobre todo para bien, aunque al principio por estar tan lejos y la grave enfermedad de mi padre que acabó falleciendo lo pasé muy, pero que muy mal. Los frailes eran muy liberales y tolerantes,  lo que facilitó mi adaptación. Por otra parte estuve en lugares paradisíacos, me dieron un trato excelente, en buena medida seguramente porque mi primo César, Hermano de La Salle, tenía un muy extendido halo de santo y carisma dentro de la congregación, en la que para mayor gloria recibí una exquisita educación. Mi última etapa en La Salle transcurrió en Barcelona donde estudié  magisterio en la entonces Escuela Sagrat Cor, hoy Blanquerna, centro ubicado en la antigua La Salle Josepets ( allí estudió Joaquín Blume y en el viejo gimnasio se conservaban las anillas donde antes que emularle destrozábamos su famoso Cristo); aunque tuve la fortuna de hospedarme año y medio en el selecto Colegio de La Salle Bonanova. Dada mi condición de aldeano proletario yo pintaba por estos lares lo que un pato patizambo en medio de un coro de chicas de ballet, pero en este internado hice amistades interesantes. Por ejemplo un chaval hijo de actores de cine y teatro que más tarde y ya en la Universidad me dijo dos frases para mi tan inolvidables como ciertas. Una, “contra Franco vivíamos mejor” (a él fui el primero en oírsela); y dos, “la Universidad ya no tiene gracia porque con la democracia se acabaron los aprobados políticos”. Ciertamente estoy orgulloso de mi formación en esta etapa de mi vida.

P: Te aseguro que muchos hechos que reflejas en él los vivimos otros también internos.

R: Soy consciente. De hecho ya he dicho en algún otro medio y en más de una ocasión  que buena parte de las experiencias que relato afectan a tres generaciones, a los -a día de hoy- abuelos (mayores de 65 años), a sus hijos (entre 30 y 60 años) y los nietos de aquéllos e hijos de éstos (menores de 30 años). Pero en mi caso con una relevante diferencia, creo. La Salle por mis referencias era mucho más liberal y abierta que los redentoristas, los dominicos, el seminario mismo, los maristas, los salesianos, a los que conozco en especial muy bien pues con alumnos de esta congregación hice el campamento de magisterio, etc. Sinceramente creo que los alumnos de todas estas congregaciones y seminarios no recibieron una educación tan plural en la amplitud y profundidad conceptual del currículo (Literatura francesa, por ejemplo) como la que se impartía en La Salle. En esto hay sensibles diferencias.

P: ¿Qué destacarías y qué eliminarías de las enseñanzas en ese colegio?

R: Destacaría la Música, con salas individualizadas para armonios y otras conjuntas para instrumentos diversos, la Física y la Química con las prácticas en unos laboratorios que ya quisiera para sí el mismísimo CSIC, las enseñanzas prácticas en la naturaleza, como por ejemplo los fósiles y fenómenos geológicos perceptibles en el inagotable yacimiento de L’Ametlla de Mar, todo ello en un ambiente lúdico y de compañerismo. La Religión no es que me gustara mucho, pero tampoco la suprimiría, entre otras razones quizá porque durante el curso en Les (Valle de Arán) me la daba el Hno. Casiano, un fraile de Estébanez de la Calzada que me caía muy bien. No, no suprimiría nada y me gustaría que muchos más colegios abarcasen la amplitud del currículo al nivel que yo estudié en La Salle.

P: ¿Fue tan cándida como relatas la vida de los años 70?

R: Afortunadamente era muy cándida, al menos por los entornos donde yo campaba y las compañías que yo frecuentaba. Cuántas veces, afortunadamente, se pudo pensar de nosotros cuán gilipollas éramos por no dejarnos de consideraciones y meter mano de una vez a las chicas que parecían pedirlo para después decir que no.  Y afortunadamente (sí,  repito mucho este adverbio a conciencia) y con independencia de ser tomados por pasvianes como así seguro que sucedió muchas veces, para nosotros -decía- y por mucho que nos costara un no era un no. Cogen los actuales ocupados en juegos de roles y avanzados en sexualidades a aquellas tiernas criaturas de Carral, Barrientos, San Félix, Riego, Toralino en la Ruta Gallega y el no en este caso sería un sí fijo y no sólo en este caso sino en todos los casos. Entonces no sabíamos mucho de fantasías ocultas. Afortunadamente, y prefiero seguir con la idea que lo hicimos muy bien como verdaderos gilipollas.

P: Sufriste un desencanto político. ¿Cómo ves la política actual?

R: Sí, sufrí un severo desencanto político y hoy los hechos me están dando la razón en cuanto a los motivos por los que eso me sucedió. Cuando viví la política con un cierto nivel de compromiso ya veía yo que aquello no iba del todo conmigo. Debías pensar en conjunto, lo cual  se me dio mal siempre y la individualidad tenía el riesgo de ser calibrada como revisionista, no lógica, ni práctica, ni sensata, ni posibilista, no, revisionista. Revisionista llamaron a Durruti cuando planteó dejar las asambleas decisorias sobre la siesta para acabada y ganada la contienda. Y cuando el PSUC, el partido más limpio que yo haya conocido nunca, se vino abajo empujado por una sarta de pijiprogres me llegó la puntilla que me sacó de la política. Los hechos de los que antes hablaba es el advenimiento a la política de una serie de elementos inclasificables, tipos mediocres que si por algo destacan no es precisamente por su inteligencia, ni siquiera por su cultura aunque algunos vengan de ámbitos universitarios (pobres educandos). Si por algo destacan -decía- es por tener un estómago a prueba de reactor nuclear averiado. Ésa es toda su inteligencia corroborada por un cuerpo electoral sorprendente y no porque sean más tontos que yo, no, no caeré en esa presunción, sino porque profundamente creo que no ejercen bien la suya. En la Cienciología hay personajes muy inteligentes, ya, pero son una secta. Me vienen ahora a la cabeza aquellas sentencias populares que mi madre repetía con cierta frecuencia, la de “no sirvas a quien sirvió ni pidas a quien pidió” o “quien de servilleta pasa a mantel no hay Dios que pueda con él”.

P: Valoras enormemente a la familia y los amigos. ¿Crees que se está perdiendo su importancia?

R: No, la familia y los amigos siempre serán un valor imperecedero porque su impronta es imperecedera. La huella que una y los otros nos dejan no hay nada que pueda sustituirlo y casi ni destruirlo. Pero desde la familia y por supuesto con una `perspectiva de familia cálida, acogedora, protectora y carismática (en todo ello radica la tan importante autoridad moral, obligatoria para cumplir su función familiar) deberá instaurar valores fácilmente aceptados porque provendrían de un entorno que predica con el ejemplo. Sería bueno y como familia no como amigos de los hijos recuperar estos valores para ejercerlos en la vida dentro de la familia, con los amigos y con el resto de la sociedad. E insisto, los padres son padres y no amigos de sus hijos porque eso lleva y ha llevado a destrozar toda una generación surgida de una educación en exceso permisiva y con unos valores ignorados o de libre elección y nunca propuestos y hasta impuestos si fuese el caso por la vía de la razón.

P: ¿Qué intentas transmitir a los lectores?

R: Pues nada más que lo que en principio era su título, esto es “Memorias apenas corrientes de un ciudadano corriente”, justamente esto y poco más. Ver cómo un tipo de lo más normal le pasan cosas divertidas y que pueden llegar y hacer gracia a otras muchas personas y hasta ser ejemplo para otros. Dentro  de lo considerado como normal, ni tengo ni soy nada que no puedan tener o ser los demás, así que casi cualquiera podría crear o recrear relatos interesantes,, incluso quienes no sepan escribir, que las transmitiesen oralmente y que con su propia sintaxis fuesen transcritas. Estoy seguro que saldrían saldría historias admirables y recuperaríamos en buena  medida la tradición oral de los juglares de contar historias.  En cuanto a mí, se me ha dicho que quién soy yo para publicar unas memorias y he contestado que simplemente soy yo,  un humilde bichín al que si quieren conocer adéntrense en esta lectura, si no déjenme más tiempo en su anonimato. Es lo que hay, si gusta bien, si no gustas pues bueno, cada cual debe ser muy libre de elegir a su gusto.

P: ¿Piensas seguir publicando?

Sí, ya tengo prácticamente finiquitado otro proyecto que tendrá por título “Florilegio cronológico de la memez” sobre el que no entraré en ningún detalle más porque creo que el título ya lo dice casi todo. Espero que salga con la misma editorial que ha publicado las memorias, Editorial Lobo Sapiens,  Ediciones El Forastero; pero si no fuese posible trataré de buscarme las habichuelas por otra parte. Por supuesto, antes es prioritario mi editor anterior al que le reconozco su valentía apostando por mí.

P:¿Te gusta venir a tu tierra?

R: Ahora mismo no saldría de ella, tanto en sentido literal como figurado, porque por gusto pasaría ahora algún tiempo allí, pero sin embargo no me dejarían moverme demasiado, aunque en el pueblo ya tendría gozo suficiente y ansia de silencio santo de invierno, silencio de camposanto, que dice uno de mis versos. Pero en Austria hay también gente que aprecio con toda mi alma y ando muy dolido porque estas navidades  no nos han permitido la entrada (en 34 años no he dejado de vivir las navidades en Viena, salvo el año que murió mi hermana mayor, 26 de Diciembre de 1994). Es francamente todo un ahogo pensar que de sucederle algo malo a cualquiera de estos seres queridos hayas de andar buscando permisos. Ahora cualquier hueco que podamos caeremos por allá y por cuestiones familiares no es descartable que hayamos de acabar viviendo en Viena.

P: ¿Habrá alguna solución al problema de la despoblación?

R: Yo empezaría esta respuesta por una triple reflexión muy acorde al tema y muy adecuada a buena parte de nuestro país, España. Primera, sería la vuelta al pueblo pues previstas las terribles pandemias que nos anuncia la era de la digitalización y la pandemia de la propia digitalización, nada mejor que vivir en un pueblo donde por lo menos puedes hablar de ventana a ventana con un vecino que conoces.  La calidad de vida que se pueda vivir en un pueblo no tiene punto de comparación con la vivida en una ciudad. Algunos ya estamos presos en  ciudades pero la vida en los pueblos acabará siendo muy atractiva para volver a llenarlos y así creo que será.  Segunda, desterrar la filosofía de la subvención y el recurrir siempre al papá estado para que nos saque de todos los embolados. El dinero no crece en los árboles y hay que generarlo generando riqueza. Tercera, introducirse en la cultura de la iniciativa privada y de los emprendedores que planteen soluciones creativas y  nuevas formas de producción teniendo en cuenta los cambios irrevocables a los que estamos abocados, con inversiones bien calculadas, quizá sin demasiado rendimiento a corto plazo, pero sí a medio y largo plazo. Santibáñez de la Isla, un pueblín de nada, está dando un buen ejemplo de ello. Y una evidencia, con las iniciativas que se han estado llevando a cabo en Santibáñez de la Isla, más la última aquí citada, si tan mal van a ir las cosas, de todos los pueblos de la contorna Santibáñez será el último que se despueble.

P: ¿Quieres añadir algo?

R: Pues sí, como corporación “mass media” muchas gracias por haberos acordado de mí. Os repito, eso también os engrandece como personas y como profesionales, razones que ya expuse en la primera pregunta. Gracias. Ah, y estoy convencido que el libro es en verdad atractivo.


Fin

 

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