Marceliano Miguélez Castrillo, autor
Nacido en Santibáñez de
la Isla, en 1952, obtuvo el título de Maestro de Primera Enseñanza en 1973, en
la Escuela de Formación del Profesorado Sagrat Cor de Barcelona. Es
también Licenciado en Psicología en 1982 por la Universidad de Barcelona y
Perito Calígrafo titulado por la en 1988 por la ANPCE (Asociación Nacional de
Peritos Calígrafos de España.
Ejerció primero la
docencia como profesor y más tarde la Psicología clínica y médico-forense, y la
pericia caligráfica. Sin militar, colaboró un tiempo con el PSUC y fue un
importante promotor de la huelga de enseñanza en el cinturón rojo
barcelonés, en 1976. Ha escrito artículos en revistas de diversa índole, así
como textos literarios en verso o en prosa e impartido un buen número de
conferencias, y ha sido invitado, como psicólogo y/o perito, en diferentes
programas de radio y en el magazine diario "En directo", de TVE-3.
P: Nunca había leído
una autobiografía tan valiente, por lo que te felicito.
R: Gracias por la
felicitación, la cual y de hecho también os define para bien como personas y
como profesionales, pues no habéis buscado el boato sino el trasfondo y
contenido con independencia de la mayor o menor nombradía del entrevistado. Y
en cuanto a esta autobiografía, yo no la tengo tanto por “valiente”, aunque no
me arrugue, simplemente la tengo por honesta, palabra esta que quizá salga a
menudo en la entrevista porque si algo he pretendido en la vida es poder mirar
a los ojos de quien tenga enfrente y eso sólo lo da la honestidad o la
psicopatía, ya saben, los que ni sienten, ni padecen, ni empatizan con nada ni
con nadie. Como psicópata no soy, seguro, pues me tengo por honesto y así me
siento.
P: Te desnudas
interiormente por completo. ¿No temes que te hagan daño?
R: Sí, claro que me
desnudo y estoy convencido que en buena parte debido a eso no recuerdo haber
sufrido daño por mis opiniones o por mi forma de ser o por cualquier otra
característica de mi condición; lo cual no significa que no lo hayan intentado.
Pero cuando uno tiene asumido y bien digerido que nadie es más que nadie, ni
menos que nadie, ni igual a nadie y ejerce en su vida esta consideración
difícilmente puede sufrir daño por que la diferencia antes que una maldición es
un tesoro que fortalece la identidad, nuestro mayor capital, e inmuniza contra
el acoso de ataque y derribo. E ilustraré el ejercicio de esta consideración o
máxima con un simpático ejemplo. En la década de la excelencia de mi vida y durante mi periodo universitario coincidí en mi palaciego piso
estudiantil con algunos compañeros en general más dotados que yo, bien en
cuanto a medidas diversas (sobre todo con dos de ellos siempre salía
derrotado), bien en que eran mejores (o más afortunados) que yo jugando al
póker y alguna vez me dieron bien dado en las morreras, bien en competencia
mental en lo que también me crujirían
porque mi inteligencia es diesel y los reflejos mentales no son mi fuerte. Sin
embargo jamás me hundí ni dejé de competir, salvo en lo insalvable que ahí ya
me di por derrotado de por vida y hasta acabé por reponerme y mejorar mi
maltrecha autoestima. Y más sobre el daño: no ofende quien quiere sino quien es competente para hacerlo. Un buen amigo, por ejemplo.
P: A veces pareces duro
y otras sentimental. ¿Cómo te definirías?
R: Soy más sentimental
que duro. La apariencia de dureza que pueda trasmitir, por ejemplo a mis
alumnos en su momento, es la íntima convicción muy interiorizada -permítaseme
la redundancia- de morir antes que vivir arrodillado o tragarme las injusticias
sin rechistar o la de permitir en mi entorno que alguien actúe con más de una
cara. Son situaciones que me hacen reaccionar con coraje. Reaccioné contra ello
en La Salle, tanto en Les (Valle de Arán) como en Premià, casi lo hice en el
servicio militar y al final me contuve para mi fortuna, también lo practicaba
con los recios y levantiscos alumnos que me tocaron en un difícil barrio ante
los que no me doblegué nunca por algo que no tuvieran razón y hoy la gran
mayoría de ellos me lo agradecen. Así que soy más sentimental que duro y creo
que maduro en relación a esa máxima de “antes muerto que vivir arrodillado”,
la cual ha regido mi vida no ideológica sino diría incluso que
genéticamente (como dicen, lo llevo en los genes). Es quizá el ejercicio de esa
convicción el que me da esa apariencia de dureza.
P: Lo trágico y lo
cómico se entremezclan. ¿Tienes la sensación de haber vivido en blanco y negro
la infancia y adolescencia?
R: Permítame
reconocerle el acierto en mi opinión del sintagma “haber vivido en blanco y
negro”, porque en una panorámica global de mis memorias predomina el blanco y
negro y me encanta que así sea. Es decir, si de golpe lanzo el ejército de mis
neuronas al completo a contemplar una perspectiva general de la que ha sido mi
vida la tonalidad que me viene de primeras, espontáneamente y que colorea el
conjunto del cuadro es el blanco y negro. Sí, lo más maravilloso de mi vida
(que no siempre lo fue, pero predomina lo bueno de largo) lo percibo en blanco
y negro. La policromía le resta esencia,
contenido, consistencia y presencia.
P:Veo que te marcó tu
etapa en el internado de La Salle, lejos de tus raíces.
R: Claro que me marcó y
sobre todo para bien, aunque al principio por estar tan lejos y la grave
enfermedad de mi padre que acabó falleciendo lo pasé muy, pero que muy mal. Los
frailes eran muy liberales y tolerantes,
lo que facilitó mi adaptación. Por otra parte estuve en lugares
paradisíacos, me dieron un trato excelente, en buena medida seguramente porque
mi primo César, Hermano de La Salle, tenía un muy extendido halo de santo y
carisma dentro de la congregación, en la que para mayor gloria recibí una exquisita
educación. Mi última etapa en La Salle transcurrió en Barcelona donde
estudié magisterio en la entonces
Escuela Sagrat Cor, hoy Blanquerna, centro ubicado en la antigua La Salle
Josepets ( allí estudió Joaquín Blume y en el viejo gimnasio se conservaban las
anillas donde antes que emularle destrozábamos su famoso Cristo); aunque tuve
la fortuna de hospedarme año y medio en el selecto Colegio de La Salle
Bonanova. Dada mi condición de aldeano proletario yo pintaba por estos lares lo
que un pato patizambo en medio de un coro de chicas de ballet, pero en este
internado hice amistades interesantes. Por ejemplo un chaval hijo de actores de
cine y teatro que más tarde y ya en la Universidad me dijo dos frases para mi
tan inolvidables como ciertas. Una, “contra Franco vivíamos mejor” (a él fui el
primero en oírsela); y dos, “la Universidad ya no tiene gracia porque con la
democracia se acabaron los aprobados políticos”. Ciertamente estoy orgulloso de
mi formación en esta etapa de mi vida.
P: Te aseguro que
muchos hechos que reflejas en él los vivimos otros también internos.
R: Soy consciente. De
hecho ya he dicho en algún otro medio y en más de una ocasión que buena parte de las experiencias que
relato afectan a tres generaciones, a los -a día de hoy- abuelos (mayores de 65
años), a sus hijos (entre 30 y 60 años) y los nietos de aquéllos e hijos de
éstos (menores de 30 años). Pero en mi caso con una relevante diferencia, creo.
La Salle por mis referencias era mucho más liberal y abierta que los
redentoristas, los dominicos, el seminario mismo, los maristas, los salesianos,
a los que conozco en especial muy bien pues con alumnos de esta congregación
hice el campamento de magisterio, etc. Sinceramente creo que los alumnos de
todas estas congregaciones y seminarios no recibieron una educación tan plural
en la amplitud y profundidad conceptual del currículo (Literatura francesa, por
ejemplo) como la que se impartía en La Salle. En esto hay sensibles
diferencias.
P: ¿Qué destacarías y
qué eliminarías de las enseñanzas en ese colegio?
R: Destacaría la
Música, con salas individualizadas para armonios y otras conjuntas para
instrumentos diversos, la Física y la Química con las prácticas en unos
laboratorios que ya quisiera para sí el mismísimo CSIC, las enseñanzas
prácticas en la naturaleza, como por ejemplo los fósiles y fenómenos geológicos
perceptibles en el inagotable yacimiento de L’Ametlla de Mar, todo ello en un
ambiente lúdico y de compañerismo. La Religión no es que me gustara mucho, pero
tampoco la suprimiría, entre otras razones quizá porque durante el curso en Les
(Valle de Arán) me la daba el Hno. Casiano, un fraile de Estébanez de la
Calzada que me caía muy bien. No, no suprimiría nada y me gustaría que muchos
más colegios abarcasen la amplitud del currículo al nivel que yo estudié en La
Salle.
P: ¿Fue tan cándida
como relatas la vida de los años 70?
R: Afortunadamente era
muy cándida, al menos por los entornos donde yo campaba y las compañías que yo
frecuentaba. Cuántas veces, afortunadamente, se pudo pensar de nosotros cuán
gilipollas éramos por no dejarnos de consideraciones y meter mano de una vez a
las chicas que parecían pedirlo para después decir que no. Y afortunadamente (sí, repito mucho este adverbio a conciencia) y
con independencia de ser tomados por pasvianes como así seguro que sucedió
muchas veces, para nosotros -decía- y por mucho que nos costara un no era un
no. Cogen los actuales ocupados en juegos de roles y avanzados en sexualidades
a aquellas tiernas criaturas de Carral, Barrientos, San Félix, Riego, Toralino
en la Ruta Gallega y el no en este caso sería un sí fijo y no sólo en este caso
sino en todos los casos. Entonces no sabíamos mucho de fantasías ocultas.
Afortunadamente, y prefiero seguir con la idea que lo hicimos muy bien como
verdaderos gilipollas.
P: Sufriste un
desencanto político. ¿Cómo ves la política actual?
R: Sí, sufrí un severo
desencanto político y hoy los hechos me están dando la razón en cuanto a los
motivos por los que eso me sucedió. Cuando viví la política con un cierto nivel
de compromiso ya veía yo que aquello no iba del todo conmigo. Debías pensar en
conjunto, lo cual se me dio mal siempre
y la individualidad tenía el riesgo de ser calibrada como revisionista, no
lógica, ni práctica, ni sensata, ni posibilista, no, revisionista. Revisionista
llamaron a Durruti cuando planteó dejar las asambleas decisorias sobre la
siesta para acabada y ganada la contienda. Y cuando el PSUC, el partido más
limpio que yo haya conocido nunca, se vino abajo empujado por una sarta de
pijiprogres me llegó la puntilla que me sacó de la política. Los hechos de los
que antes hablaba es el advenimiento a la política de una serie de elementos
inclasificables, tipos mediocres que si por algo destacan no es precisamente
por su inteligencia, ni siquiera por su cultura aunque algunos vengan de
ámbitos universitarios (pobres educandos). Si por algo destacan -decía- es por
tener un estómago a prueba de reactor nuclear averiado. Ésa es toda su
inteligencia corroborada por un cuerpo electoral sorprendente y no porque sean
más tontos que yo, no, no caeré en esa presunción, sino porque profundamente
creo que no ejercen bien la suya. En la Cienciología hay personajes muy
inteligentes, ya, pero son una secta. Me vienen ahora a la cabeza aquellas
sentencias populares que mi madre repetía con cierta frecuencia, la de “no
sirvas a quien sirvió ni pidas a quien pidió” o “quien de servilleta pasa a
mantel no hay Dios que pueda con él”.
P: Valoras enormemente
a la familia y los amigos. ¿Crees que se está perdiendo su importancia?
R: No, la familia y los
amigos siempre serán un valor imperecedero porque su impronta es imperecedera.
La huella que una y los otros nos dejan no hay nada que pueda sustituirlo y
casi ni destruirlo. Pero desde la familia y por supuesto con una `perspectiva
de familia cálida, acogedora, protectora y carismática (en todo ello radica la
tan importante autoridad moral, obligatoria para cumplir su función familiar)
deberá instaurar valores fácilmente aceptados porque provendrían de un entorno
que predica con el ejemplo. Sería bueno y como familia no como amigos de los
hijos recuperar estos valores para ejercerlos en la vida dentro de la familia,
con los amigos y con el resto de la sociedad. E insisto, los padres son padres
y no amigos de sus hijos porque eso lleva y ha llevado a destrozar toda una
generación surgida de una educación en exceso permisiva y con unos valores
ignorados o de libre elección y nunca propuestos y hasta impuestos si fuese el
caso por la vía de la razón.
P: ¿Qué intentas
transmitir a los lectores?
R: Pues nada más que lo
que en principio era su título, esto es “Memorias apenas corrientes de un
ciudadano corriente”, justamente esto y poco más. Ver cómo un tipo de lo más
normal le pasan cosas divertidas y que pueden llegar y hacer gracia a otras muchas
personas y hasta ser ejemplo para otros. Dentro
de lo considerado como normal, ni tengo ni soy nada que no puedan tener
o ser los demás, así que casi cualquiera podría crear o recrear relatos
interesantes,, incluso quienes no sepan escribir, que las transmitiesen
oralmente y que con su propia sintaxis fuesen transcritas. Estoy seguro que
saldrían saldría historias admirables y recuperaríamos en buena medida la tradición oral de los juglares de
contar historias. En cuanto a mí, se me
ha dicho que quién soy yo para publicar unas memorias y he contestado que
simplemente soy yo, un humilde bichín al
que si quieren conocer adéntrense en esta lectura, si no déjenme más tiempo en
su anonimato. Es lo que hay, si gusta bien, si no gustas pues bueno, cada cual
debe ser muy libre de elegir a su gusto.
P: ¿Piensas seguir
publicando?
Sí, ya tengo
prácticamente finiquitado otro proyecto que tendrá por título “Florilegio
cronológico de la memez” sobre el que no entraré en ningún detalle más porque
creo que el título ya lo dice casi todo. Espero que salga con la misma
editorial que ha publicado las memorias, Editorial Lobo Sapiens, Ediciones El Forastero; pero si no fuese
posible trataré de buscarme las habichuelas por otra parte. Por supuesto, antes
es prioritario mi editor anterior al que le reconozco su valentía apostando por
mí.
P:¿Te gusta venir a tu
tierra?
R: Ahora mismo no
saldría de ella, tanto en sentido literal como figurado, porque por gusto
pasaría ahora algún tiempo allí, pero sin embargo no me dejarían moverme
demasiado, aunque en el pueblo ya tendría gozo suficiente y ansia de silencio
santo de invierno, silencio de camposanto, que dice uno de mis versos. Pero en
Austria hay también gente que aprecio con toda mi alma y ando muy dolido porque
estas navidades no nos han permitido la
entrada (en 34 años no he dejado de vivir las navidades en Viena, salvo el año
que murió mi hermana mayor, 26 de Diciembre de 1994). Es francamente todo un
ahogo pensar que de sucederle algo malo a cualquiera de estos seres queridos
hayas de andar buscando permisos. Ahora cualquier hueco que podamos caeremos
por allá y por cuestiones familiares no es descartable que hayamos de acabar
viviendo en Viena.
P: ¿Habrá alguna
solución al problema de la despoblación?
R: Yo empezaría esta
respuesta por una triple reflexión muy acorde al tema y muy adecuada a buena
parte de nuestro país, España. Primera, sería la vuelta al pueblo pues
previstas las terribles pandemias que nos anuncia la era de la digitalización y
la pandemia de la propia digitalización, nada mejor que vivir en un pueblo
donde por lo menos puedes hablar de ventana a ventana con un vecino que
conoces. La calidad de vida que se pueda
vivir en un pueblo no tiene punto de comparación con la vivida en una ciudad.
Algunos ya estamos presos en ciudades
pero la vida en los pueblos acabará siendo muy atractiva para volver a
llenarlos y así creo que será. Segunda,
desterrar la filosofía de la subvención y el recurrir siempre al papá estado
para que nos saque de todos los embolados. El dinero no crece en los árboles y
hay que generarlo generando riqueza. Tercera, introducirse en la cultura de la
iniciativa privada y de los emprendedores que planteen soluciones creativas
y nuevas formas de producción teniendo
en cuenta los cambios irrevocables a los que estamos abocados, con inversiones
bien calculadas, quizá sin demasiado rendimiento a corto plazo, pero sí a medio
y largo plazo. Santibáñez de la Isla, un pueblín de nada, está dando un buen
ejemplo de ello. Y una evidencia, con las iniciativas que se han estado
llevando a cabo en Santibáñez de la Isla, más la última aquí citada, si tan mal
van a ir las cosas, de todos los pueblos de la contorna Santibáñez será el
último que se despueble.
P: ¿Quieres añadir
algo?
R: Pues sí, como
corporación “mass media” muchas gracias por haberos acordado de mí. Os
repito, eso también os engrandece como personas y como profesionales, razones
que ya expuse en la primera pregunta. Gracias. Ah, y estoy convencido que el
libro es en verdad atractivo.
Fin
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